martes, 17 de febrero de 2026

Huellas

 Huellas


 La muerte sólo tiene importancia 

en la medida que nos hace reflexionar

 sobre el valor de la vida.

André Malraux


El sol de la mañana reposaba afectuosamente en la silla de ruedas. El anciano, protegido por una manta y un sombrero de paja, se arrullaba con la ligera brisa del ambiente primaveral. Su rostro pálido, cubierto por una barba hirsuta que disputaba la superficie de la cara con las arrugas sinuosas de la piel, esbozaba una permanente sonrisa; los entrecerrados párpados ocultaban la luz interior de las imágenes que su cerebro le proporcionaba —recuerdos expresivos de una vida disfrutada con prodigalidad— que recreaba y revivía a cada instante con la misma intensidad con la que había vivido.

Sintió la mano de Luz, la enfermera, sobre sus hombros y escuchó lejanamente la indicación:

⏤Juanito, ya vamos a comer, lo conduzco…

Despertando de su letargo, contestó:

⏤Dame un minuto, voy a parar el penalty…

Esa era su vida en la muy próxima etapa final: rememorar largos momentos, instantes críticos, circunstancias trágicas, grandes emociones, amores y desamores…  En ocasiones, los surcos de su rostro, humedecidos por el recuerdo de su compañera que lo había precedido, transportaban añoranzas, dichas y desdichas de una vida en común.

Era amable con los internos, las compañeras y el personal de servicio, pero poco participativo en actividades generales.

Luz le preguntó un día: 

⏤Don Juan ¿quiere unirse al juego de cartas?

⏤No, hija, estoy reviviendo los acontecimientos de mi primer matrimonio. Son interesantes las reacciones y emociones que tuve en esos años: crisis, penurias, alegrías y decepciones en una etapa de inmadurez. Las leo y releo como a una buena novela. Me queda poco tiempo y esta novela ansío terminarla.

⏤Y, ¿la muerte, Don Juan?

⏤El fin de un instante en el Universo.

⏤¿Otra vida…? ¿La trascendencia…? ¿El alma…?

⏤Todo es un ciclo de vida y muerte, de transformación de la materia. Lo único que trasciende en el humano es su obra, y en la medida en que impacte a la sociedad, su recuerdo, será más o menos perdurable.


Juan murió con la sonrisa en la boca, quizá reviviendo a su gran amor, que se había adelantado en la partida. Sus hijos, que vivían en el extranjero, fueron notificados. Sólo mandaron el costo de los servicios funerarios.

JLLM 17/02/26