“Un viajero de distancias largas”… recordaba lo dicho por su compañero de asiento en el avión de regreso a Londres. La historia había sido tan inverosímil que al relatarla a su familia, fue considerada como un sueño típico de su espíritu científico, negándole todo viso de credibilidad. “Sin embargo, estoy seguro de haber viajado al pasado y convivido con mis padres y mi amada Sandra, en la juventud…”, pensó.
Mientras su esposa cocinaba, Ramón se sirvió un whiskey, seleccionó en el reproductor música barroca de Arcangello Corelli, y se dispuso a oír una sonata para violín. Recostó la cabeza en el sillón, y cuando escuchaba los primeros compases, escucho en su interior:
— “Hola doctor, ¿disfrutó su viaje al pasado reciente?”
Levantó la vista y frente a él, la imagen del hombre maduro, moreno, de rasgos finos, pelo cano y vestir elegante, con un overol de color azul claro, ajustado al cuerpo, le sonreía. Sus ojos azules de mirada profunda e inquisitiva, abarcaban todo.
— “No hable, doctor, no es necesario, comprendo sus pensamientos y emociones, estoy en su interior, prácticamente podría ser usted…
Llámeme Ix. Como le expliqué anteriormente, soy un científico de Ukron, situado en la galaxia llamada por ustedes, Cygnus, a ochocientos años luz de este planeta, en un Sistema solar similar al suyo, constituido por cuatro astros: Pollon, fixtum, Ukrom, y mandram, y un sol rojo. Ukron y su satélite son los únicos con condiciones para la vida. En el centro de nuestra galaxia, existe un agujero negro que con su poder gravitatorio ha ido arrastrando a su interior la materia circundante, y desgraciadamente, ese será el fin de nuestro pequeño Sistema Solar. Estamos investigando las posibilidades de vida en otras galaxias.
Doctor Esteva, ¿Quiere conocer Ukron?”
— Me encantaría, expresó en voz alta Ramón, a una sala vacía animada sutilmente por la música de Corelli, y un vaso de whiskey a medio tomar.
—“Fije sus ojos en los míos, tome mis manos y no las suelte…”
Al obedecer, sintió un pequeño cosquilleo en todo el cuerpo, observó que se iba difuminando, confundiéndose lentamente con la decoración del cuarto, al mismo tiempo que la imagen de Ix; se le aceleró el pulso, la respiración, y finalmente, se desvaneció.
Bienvenido a Ukron, doctor, nos tomamos la libertad de vestirlo con el equipo que le permitirá convivir con nosotros. Está usted en el “Centro del Proyecto Alborada”, que estudia los requisitos y necesidades de emigración a un nuevo mundo. El grupo de científicos ukronianos lo miraban con curiosidad al verlo materializado nuevamente.
Tras los grandes ventanales de la sala, alcanzó a distinguir edificios gigantescos, e infinidad de vehículos aéreos surcando el espacio. Al salir del Instituto en un aerotransporte, Ix le mostró la ciudad. Las inmensas construcciones parecían hechas de cerámica de suaves líneas, y múltiples diseños, con colores desconocidos que se mezclaban en tonalidades diferentes, conforme transcurría el día.
Al final de la jornada, Ix le señaló que tendría que permanecer varios años en el planeta para estudiar su organismo físico, síquico y, su comportamiento social. Le comunicó que, en el satélite habían establecido una colonia de terrícolas, llegados de la misma forma que él. El astro contaba con recursos naturales extensos. Los colonos estaban obligados a vivir cinco años ahí, formar familia, y desarrollar una vida normal…
Ramón, ¿ya te acabaste tu Whiskey?... la comida está servida, no te tardes porque se enfría.
Al dar el último trago a su bebida, recordó con extrañeza, las caras sonrientes de una niña de ojos verdes y pelo ensortijado, y de un pequeño, que desnudo, ensayaba sus primeros pasos…
—Ya voy, querida, sólo apago el reproductor.