miércoles, 19 de septiembre de 2012

Arte abstracto




Arte abstracto
Jorge Llera

Al deambular por el centro de la ciudad me llamó la atención el anuncio de una exposición de arte contemporáneo abstracto en una galería. Entré e inicié mi recorrido tratando de entender el mundo de las ideas convertidas en formas y colores que se presentaban a mi vista. Algunas obras me seducían con sus coloridas caricias y los reflejos de la luz en un arcoiris armónico envolvían mi mirada; otras, me agredían por la colisión de contraste, matices y texturas alterando mi estado anímico. Así, navegando en un mar de diversas propuestas, mis emociones variaban de un cuadro a otro, pasando de la admiración a la náusea, del sarcasmo a la incredulidad.
Cuando observaba un lienzo amarillo con un punto negro en el centro y dos líneas verticales color naranja que lo bordeaban, volteé y vi a un individuo delgado, vestido elegantemente con un saco deportivo azul, bien parecido, de nariz recta y ojos negros enmarcados en la sombra de grandes pestañas que, con modales delicados y voz impostada me dijo:
- ¡¿No es maravilloso?! se llama “Entrada al microcosmos espiritual” y es de la afamada pintora rusa Olga Krushtinova. Es el cuadro más caro de la galería y saldrá a subasta mañana con un precio base de ochocientos mil dólares.
En mi interior me dije: “¿Pagarán esa cantidad por la estupidez que tengo enfrente de mí? No lo puedo creer…Yo podría vivir toda mi vida con ese dinero”. Pero, con aire de conocedor contesté:
- Sí, realmente es una obra con mucha profundidad, destaca por su ambicioso colorido y los contrastes de tonalidades al reflejar la luz en diferentes momentos. Al interiorizárme en el cuadro me he transportado a los confines de lo pequeño, disfrutando de la compañía de protones y neutrones en un borbotón cromático que ilumina el mundo infinitesimal.
-¡Caray! veo que es usted un conocedor de arte abstracto contemporáneo. Pocas personas me han impresionado por sus conocimientos en el tema. Me acerqué a usted porque creo reconocerlo. ¿Estudió la preparatoria en el Colegio Americano?
-sí. Y fijándome en él, lo identifiqué: ¡Rolito, que gusto en verte de nuevo!
- Ahora soy el arquitecto Rodolfo Candiani - enfatizando la distancia económica y cultural entre los dos - y soy el dueño de la galería y ¿tú Chava?
Aprovechando la oportunidad – que pocas veces se le presenta a un proletario – le dije que era ingeniero, pero que desde hace tiempo me dedicaba a la pintura abstracta.
Me invitó a comer a un lugar muy elegante y en la plática insistió en ver mi obra. Quedamos que en una semana le llevaría dos o tres cuadros a su departamento en Polanco. En mi vida había pintado, pero pensé que lo que vi en la galería lo podría imitar fácilmente. De camino a casa, pasé a comprar pinturas, varios lienzos, pinceles, aguarrás y acepté la sugerencias del vendedor sobre la adquisición de algunas espátulas. Me encerré en mi departamento de la Portales a piedra y lodo. Casi sin dormir y comer, terminé tres cuadros en el lapso comprometido.
Me recibió con un beso en la mejilla y una bata de seda guinda estampada con dragones amarillos. No me alteré porque supuse que así se estilaba saludar en el medio cultural.
Admiramos mis obras recostados sobre el diván de la sala y con una copa de vino en las manos. Mientras me decía que podíamos pedir veinte mil pesos por dos de ellas y treinta mil por otra, sentí que una delicada mano se introducía bajo mi camisa y ¡salté hacia atrás desconcertado! Con una sonrisa me indicó "…una cosa por otra". Salí molesto inmediatamente con mis cuadros.
Me llamó en varias ocasiones para invitarme a cenar y me negué pretextando algunos compromisos. La necesidad me motivó a instalar mi obra en el camellón situado frente a mi casa. A la fecha, he vendido dos cuadros, uno en quinientos pesos y otro en doscientos. Estoy pensando que lo mío no es el arte abstracto. Algo tendré que hacer para cambiar mi situación.
- ¿Ya viste Juana que carro tan bonito trae el ingeniero?
- Sí, le ha de estar yendo bien, porque pagó las rentas atrasadas y dice que se va a cambiar a Polanco.

19 de septiembre de 2012

Fe



Fe

La fe engaña a los hombres,
pero da brillo a la mirada.
Rabindranath Tagore

Llegaron temprano para el examen de admisión que iniciaría a las diez de la mañana. Les dio tiempo de charlar un rato. Ambos venían de la misma preparatoria y habían seleccionado estudiar Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.
            ⏤ ¿Cómo ves nuestras posibilidades de entrar, Pedro? ¿Te preparaste para el examen?
            ⏤ Creo que sí, he estudiado la guía durante tres meses y traigo buen promedio; aunque las plazas son pocas, tengo confianza en ser aceptado. Y, ¿tú?
            Santiago sonrió y pasando su brazo por los hombros de su amigo, estrechándole  afectuosamente le respondió:
            ⏤ Sí, le di una leída a la guía y aunque mis calificaciones no son altas, creo no tener problemas para pasar el examen. 
Tengo un arma secreta... ¡Se llama: fe! 
He estado orando a Santo Tomás de Aquino, santo de los estudiantes y repito con frecuencia durante el día una oración que dice:
            ¡Oh Tomás, fuente de sabiduría, principio de la ciencia y la cultura, intercede ante el Supremo para que dé luz a mi inteligencia y haga que pase mi examen de la UNAM con excelencia! 
Además,  fui en la mañana al templo y dialogué con él. Durante la conversación, sentí una corriente de aire tibio que me abrazaba y me daba la seguridad de que todo iba a estar bien.
            Los jóvenes se separaron al entrar al recinto dónde se  practicaría la prueba. El lugar, un hormiguero en plena actividad, derramaba estudiantes por sus entradas y concentraba sus humores en un ambiente de tensión y nerviosismo. Todos se dirigían a los lugares establecidos en sus fichas, conducidos por edecanes que también les proporcionaban el cuestionario.
            Ubicado en su asiento y con el cuestionario frente a él, Santiago comenzó a leer y analizar las preguntas para encontrar las respuestas acertadas. Con el nerviosismo que producía su desconocimiento y el apremio del tiempo que se consumía velozmente, pensaba con desesperación: “Santo Tomás, dirige mi mano a la  opción correcta y te juro que te rezaré más seguido y seré tú más fiel creyente”. Cuando sentía que su mano se detenía en una opción, la tachaba porque esa era la respuesta correcta. 
Tuvo el  tiempo suficiente para levantar la cara y observar a muchos iluminados que como él, la levantaban, oteando como perros de la pradera, el horizonte.
Terminó el examen entre los primeros y satisfecho por el esfuerzo realizado  con ayuda divina, se dirigió al billar cercano a su barrio a realizar actividades más satisfactorias.
            Dos semanas después, se publicaron los resultados. En la cafetería frente a la iglesia, desayunó y esperó hasta terminar con su bebida para corroborar la  aceptación y  fecha de inscripción. Buscó en un listado interminable su nombre y clave.
            Pagó, cruzó la calle y entró en el templo. Se dirigió hacia el lugar dónde se encontraba su santo y encarándolo, con lagrimas en sus ojos, le reclamó:
            ⏤ ¡Traidor, me haz convertido en un Nini! *

*Nini, dícese del jóven que ni estudia, ni trabaja.


domingo, 9 de septiembre de 2012

¿Conflicto generacional?

¿Conflicto generacional?

“Todos tienen que aprender tarde o temprano
 que hay más que sólo Oscuridad y Luz”. 
Sergei Lukyanenko.

Desolado, triste y molesto, a Conrado se le escurrían las lágrimas mientras caminaba con rumbo desconocido para tranquilizarse y pensar un poco mejor en el lío en que se había metido. Tenía que definir sus próximas acciones y hacerse cargo de la decisión tomada. Ciertamente había sido muy impulsivo al decirlo. Tal vez  era mejor conciliar y aceptar que sus padres tenían razón y respetar las normas de conducta establecidas en su casa.
¡Pero no!...¡Él ya no era un niño! y deberían tratarlo diferente que a sus hermanos menores.
Le parecía una intromisión en su vida privada que cada vez que salía tenía que decir a dónde iba y cuánto se tardaría. 
“¡Qué! ¿No les bastaba con el ya vengo? ¿Por qué tenía que llegar antes de las diez de la noche si ya tenía quince años y era capaz de cuidarse solo? ¡Era la burla de sus amigos! Con eso de: buenas noches, hasta mañana, que Juan pestañas ya va a dormir  Eso lo denigraba y lo hacía ver como hijo de mamita".
Las calificaciones en la escuela era otro sufrir: seis, siete, nueve o diez “¿Que importaba? Solo eran números. En balde todos los pleitos y aventuras que le habían dado una jerarquía dentro del grupo. Bastaba una llamada a su celular para que ese prestigio se derrumbara: 
⏤ ¡Regresa a casa inmediatamente, son las once! “Como si yo no trajera reloj.”
“La decisión de irse de su casa era la adecuada. Eso les enseñaría a sus padres que su libertad debía ser respetada”.
Vivió dos días en la casa de Juan, tres en la de Ernesto y... Así fue girando de casa en casa hasta que le fueron vetados cada uno de los albergues. Sin trabajo, dinero, comida y hospedaje, no tuvo más remedio que regresar.
⏤ Bienvenido, hijo, recuerda qué el que vive en esta casa, debe de respetar las normas de conducta establecidas y los valores morales que aquí se practican.
Ante la contundencia del discurso, se hizo el propósito de no tener más conflictos y ajustar su vida a lo establecido. 
⏤  “Y ¡Qué caray! tenía un magnífico medio de vida, con su padre como gerente de una casa de bolsa y su madre presidenta de la congregación de Santa Teresita del niño Jesús, todo era rectitud y buenas costumbres.    
Conrado salió temprano de la escuela, Rodrigo se ofreció a llevarlo a su casa. Cuando doblaban por la avenida cinco, Rodrigo, señalando el carro de adelante le preguntó: ⏤ ¿No es tú mamá la que va en en ese carro?
⏤ Sí, parece ser ella y el auto parece ser el de Toño, mi vecino. Ya no pudieron corroborarlo porque fueron atrapados por un embotellamiento en el crucero siguiente.
Durante la cena, con toda la familia presente, Conrado le comentó a su mamá: 
⏤ Te vi en la mañana  en el carro de Toño, por la avenida cinco.
⏤ No hijo, te has de haber confundido, estuve todo el día en la congregación.
 Por prudencia no insistió, aún cuando estaba seguro que había sido ella la del carro.
Sonó el celular del padre y disculpándose contestó: 
⏤ Si... hola Jefe, a sus órdenes.
¿Un millón a las Caimán y otro a Ginebra? ¿Mañana? ¿En efectivo? Sí, espero al "Piolo", como de costumbre. ¿jefe, descuento mi comisión?, gracias. No se preocupe, yo le confirmo en cuanto se haga.
No terminó de cenar, subió a su cuarto y acostado en su lecho… confrontó su realidad.

domingo, 12 de agosto de 2012

El lector crítico




El lector crítico

Jorge Llera

Al club de mujeres escritoras y poetisas “La pluma literaria A.C.” llegó una carta en un elegante   sobre  color crema, lacrado con las iniciales LC dirigida a la Presidencia de la Asociación. La licenciada Margarita del Campo Souberville quién leyó:

Estimada licenciada:

Me dirijo a usted, después de meditar durante varios meses sobre mi forma de contrarrestar  la actuación de varias de sus agremiadas en la producción literaria.
Veo con tristeza que sus obras, tanto en prosa como en verso, tratan asuntos de una  intrascendencia total y caen frecuentemente en una cursilería amelcochada de la literatura más barata del del siglo XlX. Me deprime su lectura y por más que trato de alejarme de tan  banales escritos, me los encuentro en todas las publicaciones que llegan a mis ojos. 
Le informo que he iniciado una cruzada en contra de la estulticia literaria a la que sus asociadas contribuyen abundantemente, por lo que he decidido impedir la difusión de sus  nefastos textos y para ello utilizaré los recursos más extremos de disuasión que lleguen a mi mente.

Sabrán de mis acciones próximamente.
   
Legere Criticus



Espantada y temblorosa la licenciada Ocampo, leyó varias veces la misiva. ¡No lo podía creer!, era una amenaza a la libertad de expresión de  escritoras reconocidas en los círculos literarios. De inmediato, citó a una reunión de asociadas para tratar el caso.
A la mañana siguiente, se inició la asamblea contando con las cinco socias que conformaban la organización. La presidenta las conminó a tomar muy en serio las amenazas del "Lector Crítico" que firmaba  en latín la comunicación. El hecho asustó a Mariquita y a Angustias, las sexagenarias poetisas del grupo, que nerviosas repasaban entre sus artríticos dedos las cuentas de sus rosarios. Sin embargo, las tres afamadas escritoras restantes, con la valentía propia de amazonas griegas, se negaron rotundamente a quitar sus obras de los anaqueles de las papelerías de la colonia y decidieron dar la batalla al ignorante y desfachatado Legere Criticus. Levantaron un acta ante el Ministerio Público más cercano y les asignaron dos agentes judiciales para iniciar la investigación del caso.
Las amenazas se hicieron realidad dos días después, cuando en la papelería "El lápiz tricolor" estalló un artefacto que llenó de humo el establecimiento y que se originó en el sitio donde se exhibían los ejemplares de "Palabras de amor para una quinceañera triste" de Amanda Lascurain, una de las asociadas; y posteriormente en "El clip del ahorro" con una piedra se rompieron los cristales del aparador y quemaron los dos libros en existencia del "Amor puro en la juventud" de Rosarito Domínguez.
A la semana siguiente, se hizo evidente la eficiencia de los agentes judiciales al presentar al sobrino de Doña Margarita del Campo ante el Ministerio Público, acusándolo de ser el autor de los atentados y de la misiva.
En su defensa, el acusado sólo arguyó que era una broma a las viejitas presumidas y estiradas que se reunían todos las semanas en casa de su tía.


28 de agosto de 2012