viernes, 22 de febrero de 2019

¡Nunca más!





¡Nunca más!

Gárgamel

Lo vio llegar al quicio de la lumbrera en la torre barbacana del Castillo; plegó sus alas, mostrando  el tornasol de un plumaje negro azuloso que contrastaba con los haces plateados y fríos del plenilunio inviernal filtrándose entre los barrotes oxidados de la celda, y escobar con tenue luz, su cuerpo acurrucado. Aterida por el frío, cubierta con andrajosa vestimenta, alcanzó a verlo de reojo: No era un ave normal, era feo y viejo; su mirada fija parecía lanzar destellos que la incitaban a acercarse. El cuervo, depositó la semilla que traía en el pico y volteó hacia dónde se encontraba la hechicera, emitiendo un graznido estremecedor.

La habían apresado en su choza, se encargaba de desalojar los espíritus del mal del cuerpo de algunos aldeanos. Los Comisarios para la Doctrina de la Fe la acusaron de practicar la brujería. Era la tercera vez que la atrapaban, las dos anteriores, había escapado al amparo de la población.
Confiada en la protección de Paracelso, el hechicero rector de su actividad, imploró su ayuda, con la seguridad de que no la abandonaría.
Ante la fatalidad de ser quemada al día siguiente, pensó:
Es intentando lo imposible como se realiza lo posible*
Y, con temor, se hincó frente a la vieja ave sumergida en la intensidad del frío, y oró por su salvación.
“Mi bienhechor quiere permitirme escapar por la lumbrera, convertida en ave”, pensó.
Cobijada por la oscuridad, y con voz firme, se dirigió a la figura tornasolada, que iluminada al traluz, emulaba una deidad.

Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dijo-
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.**

Con una sonrisa de triunfo del ajado rostro, presumiendo que nunca más sería detenida, se acercó al cuervo, tomó la semilla, la llevo a la boca y la deglutió…
Los sufrimientos, estertores y convulsiones, duraron poco. El blanco haz del plenilunio invernal, cubrió el inánime cuerpo con una fría sábana mortuoria.
El cuervo, antes de partir, grajeó… ¡Nunca más!


*Henry Barbusse
** Poema El Cuervo, Edgar Allan Poe

17 de febrero de 2019




Soledad acompañada



Soledad acompañada

Gárgamel

El cielo protegía la despedida con un llanto triste; encorvado, con las manos dentro de la gabardina y el permanente sombrero cubriendo la cabeza, Eduardo escurría el dolor líquido que empapaba su vestimenta observando al pie de la fosa a dos trabajadores cubriendo cincuenta años de felicidad compartida. La angustia se reflejaba en el rostro confundido,  abrumado,  enfurecido contra el destino, y al mismo tiempo, temeroso al vislumbrar un futuro incierto, sin objetivos ni ilusiones.   
Ante la tumba, resguardado  por el lamento húmedo de la naturaleza que resbalaba por el cuerpo, rememoró pasajes de la vida con Adela: acontecimientos, emociones y pasiones que impregnadas en su ser, degustaba o sufría como si estuvieran aconteciendo en la actualidad ¾porque al final de la morada, a diferencia de los animales, el humano coexiste fundamentalmente con los recuerdos¾. “Vivimos como soñamos, solos”*, concluyó.
Horas después, sin conciencia del tiempo transcurrido abandonó el cementerio, doblado por la carga de las evocaciones y el dolor sordo en el pecho, que se había incorporado a su padecer desde el fallecimiento de Adela. Caminó sin rumbo fijo, con la inconsciencia marcada en cada paso, y obviando con torpeza transeúntes, deambuló hasta un parque de añosos árboles cercado de arbustos y flores. Sentado y, ensimismado, no notó la presencia hasta que se posó frente a él: los  ojos azules que resaltaban por la blancura del  pelo guiñaban eventualmente como si lo saludaran; parecía que la tristeza de Eduardo lo intrigara; las orejas triangulares de base rosada, seguían el movimiento oblicuo de la cabeza, como preguntando la causa de desazón. Después de un rato de observarlo caminó hacia él con la cola levantada y se restregó lentamente a su pierna antes de asentarse al lado. Sorprendido agradablemente, pasó la mano con suavidad sobre el lomo y sintió la satisfacción del en el leve ronroneo.
Agradeciendo el olvido por breves instantes de la pena, se levantó y emprendió lentamente el regreso a casa. Habría caminado un tramo largo, cuando se sintió extraño, como si alguien lo viera a la espalda para llamar su atención. Volteó, y la mirada fija de aquellos ojos azules se clavó en él. Se estremeció, al intuir que era un mensaje. Siguió andando, seguro de que el acompañante lo secundaría. Llegó al edificio, abrió el portón y subieron las escaleras. El animal se adelantó y lo esperó en la puerta del departamento ¾¿cómo intuiría el lugar exacto?¾, discurrió. Entraron al recibidor, y el felino se restregó dos veces más en sus piernas. Al colgar la gabardina, observó con excitación y sorpresa la luna del perchero…  ¡“Estoy solo!, ¡no hay nadie en el espejo!”**
 
* Joseph Conrad
**Jorge Luis Borges

22 de Febrero de 2019

viernes, 7 de diciembre de 2018

Amor controversial


Amor controversial



Gárgamel



El erotismo es cuando la imaginación

 hace el amor con el cuerpo.

Emmanuel Boundzéki Dongala



Querido, disculpa que utilice este medio para comunicarme. No me atrevo a servirme de los programas electrónicos por temor a que puedan ser interceptadas nuestras conversaciones, no quiero perturbar tu vida familiar. Sé que la presente llegará a ti, porque la dirijo a la oficina donde laboras. Espero que la destruyas en cuanto la leas.

            Anoche estuve viendo varios de los videos que nos hemos tomado en los moteles recorridos a lo largo de estos dos años. Creerás que no me acordaba de alguno de ellos. Fue emocionante: hay uno del mes de mayo en aquella habitación con paredes de espejos que especialmente apartaste con anticipación. En la grabación se observan nuestras imágenes en varios planos. ¿Te acuerdas?  

            La vi varias veces para disfrutar cómo fuiste quitándome la ropa y excitando mi ser, con la delicadeza sutil del orfebre tallando una joya. Tus anheladas caricias se iniciaron desde que cerraste la puerta de la habitación, me acercaste, y con pequeños besos, recorriste mi cuello hasta llegar a la boca, lamiste lentamente los labios rozándolos superficialmente, y con una ligera presión de la lengua tibia, abriste el manantial ardiente del deseo. Desabrochaste los distintos botones de mis prendas, y con brusquedad, me despojaste de ellas. Desnudos, recorrimos la geografía de los cuerpos, explorando humedales que las marismas de la intimidad liberaban al mimar nuestras turgencias, que respondieron fluyendo humores que degustamos con deleite, en un rito a Onan. Parados, y confundidos en un abrazo, nos balanceábamos, cuando hincaste tú pierna entre mis muslos y, descansé el cuerpo en ella, restregándola con fruición. La fogosidad nos hizo navegar en un mar de sudor, exhalar vahos calientes, quemantes, producto de una respiración agitada.  Me pusiste contra la pared, y al sentir tu miembro erecto entre mis nalgas,  las levanté y abrí las piernas para facilitar la penetración, que se dio con brusquedad pasional; el intenso dolor me provocó un fuerte gemido, que fue disminuyendo al acoplarse los organismos y comenzar a sentir el calor y el placer de tú cuerpo moverse dentro del mío; tratando de mantenerte atrapado, apreté aún más mis glúteos y aceleré el movimiento de entrada y salida, hasta que una descarga de energía subió precipitadamente al cerebro y estalló intempestivamente en un arrebato de emociones.

            No resistí ver el video sin alterarme, seguí la secuencia como si estuviera viviendo el momento, me acaricié y terminé en el mismo instante en que ambos llegábamos al éxtasis.

            Ansío que sea jueves por la tarde para volver a verte, cuento los minutos para estar contigo…

Tuyo





5 de diciembre de 2018         

domingo, 2 de diciembre de 2018

Ultima esperanza (mini ficción)


Ultima esperanza

Gárgamel



Soraya se dejaba llevar por el ritmo de los timbales, su cuerpo ondulante se acercaba con movimientos provocativos al Emir que contemplaba el rubí desplazarse de una mano a la otra, en complicados arabescos. La joya era la promesa para lograr la excitación sexual del anciano caudillo, que con abotagados ojos reflejaba su lujuria, mientras balanceaba su obeso cuerpo al ritmo de la música. Terminó la canción y el mandatario soltó un sonoro: ¡No!... ¡mátenla!

La bailarina se enfrentó al monarca y le gritó: "¡Hoy, no!... será mañana", al momento de tragarse la joya.


domingo, 25 de noviembre de 2018

Pasión tardía



Pasión tardía

Gárgamel



Toma tu copa y bebe,

 que mañana no habrá vino ni en tu copa ,

 ni en la mía.

Alberto Ángel Montoya

Una bofetada de aire caliente nos recibió al bajar del avión, el ambiente húmedo del trópico cercó nuestros cuerpos abochornándolos, y la ardiente tarde entretenida en reflejar las superficies metálicas, vaporizó el pavimento con esfumada calima, resguardando el caminar hasta el edificio central del aeropuerto. El clima artificial nos  refrescó, y mientras esperábamos el taxi para ir al hotel, agradecí mentalmente la sorpresa del viaje a la playa preparado con esmero por Adelina. También, el esfuerzo por mantener boyante nuestro matrimonio a través de los años a pesar de las vicisitudes. ¡Sí, todo perfecto, sólo que en la relación faltaba emotividad, erotismo, y tal vez algo de impudicia! ¾pensé ¾.  La pasión la habíamos olvidado en algún lugar oscuro, difícil de encontrar; al mismo sitio, se  envió el cortejo sexual y la respuesta seductora estimulante de la libido e impulsora del arte amatorio. Las circunstancias las habían reemplazado por la comodidad y costumbre. Una noche, recostados en la cama, descansamos los libros y con cierta circunspección, abordamos el tema. Después de largo diagnóstico, incluidas culpas, equivocaciones y torpezas, comentamos: 

“¡El sexo es importante en nuestra relación, no importa la edad!... La diferencia no está en el qué,  sino en el cómo…”



Los reflejos dorados del sol se extendían sobre el mar calmo, confundidos en el horizonte naranja en plena despedida; la reverberación dejaba en nuestro caminar, efímeras sombras largas en las huellas que el agua en poco tiempo, borraría.

              Nos vestimos elegantemente para la cena, y antes de salir, tomé mi vigorizante pastilla azul.

Entramos al restaurante elegante, cuyo ambiente a media luz, invitaba a la intimidad y dónde un conjunto tocaba música lenta y cadenciosa, un jazz pegajoso que se untaba a los cuerpos. Mientras bailaba muy cercano a Adelina, casi sin movernos, sentí la parte baja de su cuerpo rozarme, y reaccioné firmemente. Al terminar la pieza, regresamos a la mesa, y agradecí a la oscuridad del lugar ocultar mi excitación. Mientras cenábamos, Adelina llamó al mesero y le entregó un papel. Cuando destaparon la segunda botella de vino, escuché de la voz del cantante:

              …Perfume de gardenias tiene tu boca,

 bellísimos destellos de luz en tu mirar…”

La tomé de la mano y la llevé a la pista a disfrutar la remembranza de la canción que habíamos echo nuestra cuando nos conocimos.

En una comunión de sentimientos a flor de piel, nos deslizamos escuchando:

…Tu risa es una rima de alegres notas,

se mueven tus cabellos cual ondas en el mar…”

Las copas de vino tinto agilizaron nuestra conversación y las risas por recuerdos, amenizaron el momento.

Estaba erotizado y, cuando trajeron el postre, mis pensamientos acariciaron las partes íntimas de Adelina en esa porción de mamey, rojo y dulce que se fundió al comprimirlo lentamente con mi lengua en el paladar. Ya no podía más, mi agitación no me permitía seguir ahí. Firmé la cuenta y salimos abrazados y canturreando:

“…Perfume de gardenias tiene tu boca,

perfume de gardenias, perfume del amor…”

              Llegamos al cuarto y ella me pidió un momento para irse a cambiar, entró al baño y yo, mientras, me puse mi pijama y reposé en el lecho, tratando de atemperar la desesperación por tomar a mi esposa a la brevedad, y hacerle el amor con el ánimo juvenil proporcionado por mi energizante. Tardó… tardó… tardó… Por fin, entre la bruma, la vi salir como en la noche de bodas: con el negligé blanco escasamente ocultando sus hermosas formas. Caminó balanceando los senos en cada paso y mostrando sutilmente el triángulo oscuro del pubis tras de las bragas. ¡No lo podía creer, era igual que hace treinta años! Yo estaba más firme que un soldado saludando a la bandera… Se acercó y me besó tiernamente en la boca.

              Cuando desperté, Adelina aún estaba ahí… con su negligé negro y el hermoso cuerpo que he acariciado y besado durante tantos años.

25 de noviembre de 2018