Oasis
ATRAYENTE LLAMADA
Gárgamel
La muerte nos sonríe a todos…
Marco Aurelio
La madre de Alberto llegó presurosa al colegio, habían llamado porque tenía dolor de cabeza, estaba mareado y había vomitado sobre el pupitre. Llegando a casa lo bañaron y metieron a la cama. Inquieto por la fiebre que lo hacía sudar, se revolvía en la cama. Con desesperación se quitaba las sábanas que lo cubrían; murmuraba espaciados quejidos indicando que le retumbaba la cabeza como si lo martillearan por dentro. A sus siete años, Alberto no entendía lo que le sucedía, sólo sollozaba y pedía que terminara el dolor.
En un intranquilo entresueño abrió los ojos y con la visión nublada vio a sus padres moverse lentamente, como si flotaran, hablando y gesticulando ante el médico.
Una incesante sed le resecaba la lengua y garganta. Dormitaba, agitados y perturbadores sueños de seres fantásticos que lo acosaban y perseguían… ¡Despertó sobresaltado, al ver tras la ventana, una esfera amarillenta y brillante del tamaño de un gran globo, que giraba y giraba, acercándose! Distinguió, en medio de ella, la figura de un conejo que se paraba de cabeza y enderezaba —sonrió a pesar del malestar. El cansancio lo venció, aunque el dolor no le permitió dormir tranquilamente. El sudor lagrimeó las sábanas y un frío húmedo impregnó su cuerpo. Comenzó a temblar sin contenerse y a castañetear los dientes sin parar… La madre le puso otro cobertor, comentándole que lo envolvería como tortilla. Alberto sonrió y al quedarse solo, trató de reposar.
Abrió los ojos y frente a él, ocupando toda la ventana, vio la faz de la luna; sus ojos y boca cubriendo el espacio. Sonriendo lo llamó por su nombre e invitó a ir con ella; explorar el espacio, conocer estrellas; a volar, dejarse ir impelido con liviandad en el aire como gaviota sobre el mar. Le cautivó la propuesta, el sonido leve y tranquilizante de la llamada, la fascinante calidez de la voz que lo emplazaba y la dulzura al expresarlo.
se sintió liviano y libre surcando el espacio. Durante el vuelo, miró hacia abajo y distinguió su cuerpo en reposo sobre la cama. Siguió a la atractiva palabra y atravesó la ventana, confiado en la sutil melodía y la paz que le inspiraba el sentirse bien y sin dolor… feliz.
12 de septiembre de 2021
EL LIBRO PRESTADO
Herlinda Caballero
La encontré leyendo un libro en la vieja banca de hierro custodiada por árboles y arbustos de coloridas flores que remarcaban la vera del sendero; el petricor veraniego y los aromas de las flores mezclados en la brisa matinal favorecían el ambiente de tranquilidad.
—Hola, Melissa, llegaste temprano. —Sí, me adelanté para terminar el libro que estoy leyendo: “Confrontación íntima,” de Steven Pinker. Es la primera novela del sicólogo, famoso por su libro “La tabla rasa”. Recorriéndose en la banca, me invitó a sentarme.
—Y ¿Qué te pareció?, ¿Cuál es el tema?, le pregunté.
—Es intrigante, Herlinda. La trama gira en torno a una joven que se interioriza, conducida por su sicólogo, en su superego. Va descubriendo cómo una educación restrictiva, religiosa y conservadora ha cercado su vida y la mantiene en un matrimonio fracasado, un trabajo que detesta y una existencia infeliz, que la ha llevado a la depresión; y la lucha por vencer los condicionamientos interiores, e intentar cambiar su destino. Es un libro que me ha llevado a hurgar en mis limitaciones morales y en el comportamiento social.
—¿Me lo prestas?, suena interesante.
Después de una larga plática, me despedí, quedándome de ver con ella en la Facultad de Filosofía, dónde somos profesoras. La novela me capturó desde un principio, los sentimientos de Adelaida y sus restricciones morales increparon alguna de las falsedades que había sostenido siempre. Reflexioné, reflexioné y volví a reflexionar las falsedades adheridas a mi ser. Una, dos y hasta tres noches seguidas medité para retomar los principios que estructurarían la consecuencia de vida…
Cité formalmente a Joel, Adrián y Antonio a una cena. Preparé un banquete para los cuatro. Los tres acompañantes, intrigados y expectantes, esperaban el discurso. Tomé la copa de vino tinto, la levante para brindar y comencé a hablar:
Hago constar queridos míos que, a partir de hoy, ¡me declaro atea!, no creo en Dios, creo en la Humanidad; por lo qué no volveré asistir a ninguna ceremonia religiosa. ¡Me declaro de pensamiento socialista!, no volveré a callar ante nuestras amistades conservadoras mi posición ante el mundo. Y, por último: Quiero decirles, que ¡soy tan libre como ustedes! y definiré todas y cada una de las acciones de mi vida.
Escuche un gran aplauso y las palabras de aceptación de la hermosa familia que tengo. Les correspondí con un beso cariñoso a cada uno y en secreto, una promesa íntima para Antonio.
8 de agosto de 2021
Tentaciones
Herlinda Caballero
A la calle de Tajín 273, Narvarte —le indique al chofer del taxi— y me concentré en mis recuerdos:
“…celebraremos en casa de mi querido Pedro Ruvalcaba, los veinte años de haber egresado de la Facultad de Filosofía. Tantos años y aún, seguimos reuniéndonos… Bueno, nos faltan Gustavo y Etelvina, ya fallecidos. extraño el carácter alegre de él; ella era agradable pero muy creída, sentía que por ser hija de un Procurador, le debíamos consideraciones especiales; lo cierto es que sus puntos de vista siempre fueron avasallados por los de Weber, Marx, Engels, Lenin y otros espíritus socialistas, moradores permanentes en la Facultad de Filosofía de la UNAM. Agradecí a Antonio que no quisiera acompañarme, se aburre con las pláticas sobre gente y eventos desconocidos; ciertamente sola, disfruto más a mis amistades…”
Me abre la puerta la figura alta y deportiva de Mauricio Coral (coralillo, por su sarcasmo). Sus negros ojos resplandecen al mirarme y me recibe con una gran sonrisa:
—Hola Herlinda, ¡Qué guapa! Cómo los vinos… ¡mejoras con los años!, pasa. “Me sentí gratamente halagada. Vinieron a mi mente los paseos en “las islas de la UNAM” tomados de las manos y los encuentros amorosos arropados por los árboles…” Sonreí al revivir emociones juveniles y me incorporé a la reunión. Recorrí el departamento saludando a los grupos que encontraba y me planté en el de Frida, Ana y Margarita. Conversaban sobre sus trabajos y familia.
Y, tú, Herlinda a ¿qué te dedicas?, me cuestionó Frida.
—Estoy casada, tengo dos hijos varones de dieciocho y diez y seis años. Imparto la catedra de Historia de la Filosofía, en La UNAM y escribo cuentos. —¿Cuentos para niños? preguntó Margarita. —No, para adultos. Sobre distintos temas. Me encanta explorar en la fantasía de mi ser y estructurar ficciones que conmuevan o impresionen al lector. Es una diversión, tal vez un vicio, que se ve satisfecho con el análisis crítico de mis compañeros del taller en el que participo…
—¡Bueno, bueno!, es mucho cuento, se oyó la voz de Mauricio al acercarse. Están tocando una balada ¿Bailamos, Herlinda? “Un tinte de emoción me recorrió la piel y la lluvia de remembrantes imágenes salpicó mi mente…” Le tendí la mano… Bailamos muy juntos durante un tiempo. La recurrencia a la añoranza se fue haciendo presionante: una parte de mi, estimulada al sentirlo, disfrutaba el momento, otra, me cargaba de culpas… Ya es muy tarde, Mauricio, me voy. —No, no, te llevo. Insistió varias veces, hasta que acepté.
—¿A dónde? —Pues, a mi casa. —Podríamos ir a un bar o… ¿al hotel? “…la emoción me desborda, el deseo me empuja a abrazarlo, la tentación es muy grande…”
Con voz grave, apenas audible, le contesto: —A mi casa…
18 de julio de 2021
Gárgamel
Una ancestral casa en ruinas, la curiosidad infantil y un vidrio roto del sótano, permitió la entrada a lo insondable… En la penumbra, un polvoso baúl con una leyenda desgastada: “#a v#da #fímera”, leyó el infante —sin entender—. Se acostó en el acolchonado fondo. El desvanecimiento lo inmovilizó y en un maremágnum de confusas imágenes… ¡vio transcurrir su existencia! El viejo, rengueando y lloroso, abandonó su ruinosa aventura.
CRÍTICA LITERARIA
Herlinda Caballero
En una mesa al costado del restaurante, al abrigo de frondosos y ancestrales testigos Jorge levantó el brazo, con amplia sonrisa, me dirigí a su mesa. Hola Gárgamel, le dije con entusiasmo —recordando que Antonio, mi marido, le puso el mote—.
El aroma del café exprés acariciaba el ambiente cuando abordamos el tema;
—Herlinda, leí los relatos e hice mis comentarios en el texto, espero hayan sido acertados. Creo que, en general, tu prosa es literaria, amena.
Exultante, con una sonrisa que comencé a desdibujar lentamente conforme encontré notas y señalamientos, hojeé el escrito… El rubor me avasalló y con turbación, agradecí la lectura al amigo escritor, mientras la ebullición interna me consumía:
“¡Pendejo, creído!... se siente un buen crítico literario, más certero en cuanto mayor es el número de observaciones… ¡Pero la estúpida soy yo, al dejarle mi trabajo para su análisis!...”
Me despedí con la cordialidad que merece nuestra entrañable amistad, aunque la visceralidad contenida desgastara mi rostro de alegría.
Llegué a casa por la noche después de regresar de trabajo en la Facultad de Filosofía, saludé a mis dos hijos, entretenidos en un videojuego y fui al estudio. Relajada, después de un día ajetreado, y con una copa de vino en la mano, grité a Joel y Adrián: ¡ordenen una pizza para cenar!, y me enfrasqué en la lectura:
“¿A ver qué me corrigió éste pendejo?... Hmmm, puede ser válida esta anotación… sí, lo cambio. Sigo leyendo: a ver, ésta nota… ¡vaya, podría ser una salida, no lo había pensado así… Otra página… ¡Nooo, Gárgamel, estás jodido! eso no es lo que quería decir… ¿Sugieres un sinónimo? ¡claro que sí, puedo encontrar uno!... ¡¿Mi sintaxis?! ¡No, Así quiero decirlo! aunque no te guste!… “
—¡Mamá, ya llegó mi papá y la pizza, vente a cenar.
—Hola cariño ¿Cómo te fue con Gárgamel?
—¡Bien!, es lindo. Se tomó la molestia de leer todos mis cuentos y me hizo acertados comentarios. Es un buen amigo, Te manda saludos.
CUESTIÓN DE DEMOCRACIA
Gárgamel
La puerta abatible de la cantina se abrió permitiendo la entrada de Francisco. Divisó a su amigo en una mesa del fondo y se dirigió hacia allá oyendo a su espalda el rechinido del repetido y degradado retorno del batiente. Saludó de mesa en mesa a los amigos que ahí se encontraban y llegó con Carlos.
―Hola, ¿ya votaste en la Consulta para proponer que sean juzgados los mandatarios anteriores por las decisiones políticas tomadas que hayan perjudicado al país?
―No, no voy a votar. Para detener a los delincuentes está la Fiscalía General de la Nación. Si existen evidencias y pruebas, que los enjuicien. Soy un demócrata, pero creo que este asunto no debe someterse a la Consulta Popular.
―Carlos, esto tiene mucho más fondo que fijar responsabilidades y procesar culpables. Se trata de qué por primera vez, el pueblo participe involucrándose en las decisiones políticas del país. Estamos transitando de una democracia simulada, con abundancia de tejemanejes ―en qué la única participación ciudadana era ir a votar― a utilizar los diferentes instrumentos que nos permite una Democracia Participativa: la Consulta Popular, el Referéndum, el Plebiscito y la revocación de mandato. No es cosa menor, el país está entrando a un mundo diferente: la transparencia de las acciones del Gobierno, la información pronta y verídica, el involucramiento real de la ciudadanía en la toma de decisiones y el pronunciamiento sobre ellas. Entre copa y copa, se estiró el tiempo con controversias y risas; al anochecer, el ánimo, languideció. Al despedirse, Francisco cuestionó nuevamente a Carlos: —¡Así que eres un demócrata!
—¡Sí!...
—Y ¿Vas a aceptar la decisión de la mayoría?
—¡Sí!
Se levantó Francisco de la mesa y dirigiéndose en voz alta a los parroquianos, les dijo: ¡Esta es una Consulta Popular! ¿Quién creen que deba pagar la cuenta él o yo!
Se escuchó un rugido abrumador: ¡éééllll! Se volvió diciéndole: Ni modo, amigo, el pueblo ha hablado. Nos vemos la próxima semana.
26 de junio de 2021
HETERÓNIMA
Herlinda Caballero
Estoy frente al escritorio y el ordenador tiembla de impaciencia por llenar la albura de una etérea página de ideas que mutarán en escritura: ¿historia o ficción? Esa es la incognita… Un aroma de añoranza roza con sutileza mi mente y define el sentido del relato; en un halo de añejos recuerdos me remite a la pubertad, después de aquel suceso que pudo ser bochornoso sin la ayuda de las compañeras del salón de clase: El paso de la cándida niñéz a la arriscada adolescencia que transformó mi cuerpo y pensamiento trastornando el divertido mundo infantil en una violenta fuga hacia una identidad propia; el tratar de entender la caterva provocativa y atemorizante de sensaciones y emociones recién descubiertas. Pronto encontré el método para retener momentos y volver a disfrutarlos en la intimidad de la habitación: mi diario. Qué a los cuarenta y cinco años de vida, aún conservo. Siguiendo a la esencia hedonista de esas reminiscencias, hojeo las primeras páginas y me detengo en la celebración de los quince años de Aurelia:
“Hoy fue el primer ensayo del vals. Las cinco amigas platicábamos en la parte alta de la casa y veíamos abajo a Francisco y a sus compañeros que había invitado, para ser chambelanes. Me acerqué a Aurelia y al oído le dije, ponme de pareja de Antonio…”
Sonreí por mí atrevimiento de aquél día y me deleité rememorando sus consecuencias. Volvieron a la mente imágenes lacradas por los años y decidí escribir un relato sobre las circunstancias, sensaciones y emociones en la fiesta de quince años de Aurelia:
…después del vals estaba agitada por el trajín de pasos y figuras del baile; también por sentir los fuertes brazos de Antonio al levantarme, suspenderme y bajarme, rozando su cuerpo. Cuando estábamos en la mesa, la orquesta comenzó a tocar una balada romántica y la bailamos muy juntos, mejilla con mejilla… Sentí su pecho sobre el mío y mis pezones reaccionaron al contacto; sus muslos acariciaron los míos con ritmo lento y una sensación de intenso calor, me invadió. Torpemente me separé, pedí disculpas y corrí al baño a refrescar la cara y recuperar el aliento…
—Hola, amor ¿Qué haces? —Hola, Toñito, los muchachos ya se durmieron y estoy degustando una historia. —Deja eso, te invito a hacer otra bonita historia, en nuestra recámara…
17 de junio de 2021
PERSISTENTE NOSTALGIA
Gárgamel
Pablo se había había alejado de amigos y familiares, refugiándose en su pequeño departamento, desde la muerte de Ana. A partir de esa fecha, fincó una fortaleza inexpugnable de irrealidad. Se envolvió en un manto de fantasía que le permitió transitar por el dolor que lo desgarraba y generó un gran mundo de evocaciones, añoranzas y nostalgias en las que comenzó a navegar a partir del doloroso acontecimiento.
Recorría a contracorriente el espeso fluido de la existencia, en una profusa barca de melancolía que lo llevaba a navegar la diaria jornada transvestido en la antítesis de Caronte: en lugar de muerte, anhelaba transportar vida. Su ser respiraba el tráfago diario de añoranzas en continua ocurrencia: un anecdotario de eventos e imágenes, emociones y desgracias vividas con ella, la mujer amada, con la que convivió más de cuarenta años. Por eso:
¡no estaba dispuesto a dejarla partir!
Las condolencias de los vecinos las recibió con agradecimiento, pero negó la muerte, sólo les manifestó su delicado estado de salud.
La comunidad aceptó la disgregación del comportamiento de Pablo como una muestra desesperada de amor y dependencia de Ana. La gente, al cruzarse en su camino, preguntaban atentamente por el estado de salud de Anita y él siempre contestaba: “delicada, pero mejorando”.
El cotilleo se extendió en el vecindario y se tejieron historias… Se hablaba de haberla visto en la noche, a contraluz, pasar rauda por las ventanas emitiendo quejidos; los más tremendistas señalaban que su espíritu, proyectado en una gran sombra reptante, se deslizaba en las noches por las paredes de los edificios…
Dejó de verse a don Pablo ir al mercado por las mañanas. Después de una semana, los vecinos llamaron a la policía…
La pestilencia que emanaba el departamento advertía muerte y descomposición. Al violentar la puerta, el hedor forzó a los agentes a cubrirse el rostro. Llegaron a la recámara y encontraron el cuerpo de Pablo carcomido por las ratas y conservando aún puesta, la vestimenta de Ana.
11 de junio de 2021
UN AMIGO DE LA INFANCIA
Gárgamel
Cada vez su memoria fallaba más. En un mar de confusiones y espacios vacíos, los eventos se filtraban en la turba oscura de una inconsciencia desmayada, laxa, endeble, que eludía constantemente los desesperados esfuerzos de la escrutación razonada de sucesos recientes.Trataba de minimizar ante la familia las lagunas mentales, con la finalidad de que no se preocuparan o se le ocurriera mandarlo a una institución especializada que se encargara de su atención.
Se asombró: “¡Estoy en el parque Hidalgo en Coyoacán!, sentado frente a la fuente de los coyotes, rociado por el relente matinal e iluminado por los rayos amarillentos que asoman desde el costado lateral del templo de San Juan Bautista, más, no sé cómo salí de casa y llegué aquí”. Con la mirada recorrió floresta y senderos que parten de la fuente y distinguió el lugar dónde se colocaba Don Pepe, el fotógrafo del parque, lo vió con su cámara de tripié cuadrada capturando miles de imágenes de los visitantes del jardín y recordó cuando acudía a revisar su catálogo, para encontrar amigas y solicitar copias de sus fotografías. Frente a él vislumbró, dónde ahora está un restaurante, la fachada Art déco del cine Centenario y comenzó a rememorar las aventuras que pasó en la niñez y adolescencia en ese lugar por las tardes-noches, con funciones de tres películas por un peso y cincuenta centavos.
En el caminar ondulante y desmadejado de una persona que se acercaba, identificó a Francisco —el “Patotas”— que con su sempiterna sonrisa lo saludó:
—Hola “Orejón”, tanto tiempo sin verte, He cruzado océanos de tiempo para encontrarte*, pero aquí estás…
—Sí, vine a reposar un rato y recordar viejos tiempos. Me extraña encontrarte ahora, te perdí de vista hace tiempo.
—Sí, fui a otro lugar… pero ahora, despleguemos añoranzas. ¡Me da gusto volver a estar contigo, ¡qué venga la nostalgia!...
La conversación se prolongó por horas, recorriendo lugares, sucesos, amoríos, hazañas, correrías e infortunios hasta que un manto de lobreguez y viento frío arrinconó la desvaída luz que aún luchaba por algunos minutos de claridad.
—Bueno “Orejón”, creo que nos vamos. Acompáñame.
Lo tomó del brazo y al hacerlo, Rodrigo se vio en el velatorio, dentro del féretro…
6 de junio de 2021
SECUESTRO
Gárgamel
Desfallecía después de haber recorrido a tientas el estrecho corredor; la ansiedad mantenía su cuerpo en una tensión permanentemente opresiva y el sudor de su rostro se confundía en el llanto, escurriendo angustia. Salió corriendo de la construcción, a su espalda, los pasos arrastrantes la perseguían cada vez más cercanos. En su desesperada carrera, llegó al filo del acantilado…
Había sido secuestrada por el chofer de un taxi cuando se dirigía a su hogar. Inmovilizada, con un esparadapro en la boca y el rostro cubierto, la introdujo a una inmunda habitación en la que la palidez amarillenta de una lámpara mostraba la ruindad y bajeza en la que vivía el morador. Liberó sus ataduras, la tiró de los cabellos y dándole dos fuertes cachetadas, le ordenó se desnudara y le advirtió que iba a ser su amante por un tiempo. Adriana, llorando a gritos y con el rostro demudado por el terror, le suplicó que la liberará, que pidiera recompensa a su familia. La sonrisa sardónica del hombre, desfiguró el rostro descuidado, mostrando su dentadura amarillenta, manchada e incompleta. Escupió en el suelo y se desvistió, exhibiendo la podredumbre de su obeso cuerpo y la delgadez esquelética de sus extremidades. Se acercó a Adriana para terminarle de quitarle las prendas íntimas y al hacerlo, el hedor de su aliento provocó espasmos en la mujer. El repugnante individuo empujó el cuerpo desnudo de Adriana sobre el estrecho catre y tomando un fuete del buró la golpeó en la cadera al tiempo que le espetaba: ¡abre las piernas!...
Encerrada en un cuarto oscuro, húmedo y hediondo; encadenada a la pared, pasaba el día espantando ratas con el mango de una escoba que le proporcionó el raptor. Le llevaba alimento por la noche y tenía que consumirlo rápidamente ante el asedio de las rojas miradas y chillidos estridentes exigiendo comida.
Una noche, después de que el viejo gozara con la obligada visita, le llevó sus alimentos. Al agacharse y estirar el brazo para dejar la bandeja, Adriana, impulsada por el odio y la desesperación, enterró con todas sus fuerzas el mango de escoba afilado por días, en el vientre del nauseabundo individuo. Con un aullido de dolor, se dobló hacia adelante, cayendo sobre ella, lo que aprovechó Adriana para hurgar en sus pantalones y buscar la llave del candado. Huyó cuando el individuo se recuperaba y comenzaba a perseguirla.
—Comandante, ya tenemos la localización del celular de Adriana y hemos mandado patrullas a la zona…
23 de mayo de 2021.
El TÉ HELADO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Gárgamel
En la redacción del periódico, Gabriel recibió un cable del corresponsal en Quibdó*, Primo Guerrero, en el que se daba cuenta de una manifestación cívica sin precedentes. Al otro día, y al siguiente, se volvieron a recibir mensajes similares y entonces, la empresa lo envió para ver cómo era una ciudad anodina en pie de lucha por la defensa de los derechos civiles.
Al llegar al sitio donde nadie viajaba, el sol masacraba el ambiente, alimentando con su incandescencia la promesa del infierno a los probables pecadores. Quibdó era un pueblo desierto y amodorrado en cuyas calles polvorientas el calor se retorcía en imágenes contrahechas alterando las figuras de los adormilados habitantes. Logró determinar el paradero de Primo Guerrero y, al llegar, lo encontró echado en la hamaca en plena siesta bajo el bochorno de las tres de la tarde. Un hombre negro, enorme y semidesnudo que explicó que no, que en Quibdó nada estaba pasando, que envió los cables de protesta, para no perder la subvención del periodico. Pero como Gabriel se había gastado dos días en llegar hasta allí, y el fotógrafo no estaba decidido a regresar con el rollo virgen, resolvieron organizar, de mutuo acuerdo con Primo Guerrero, algunos concurrentes de la cantina y su dueño, Venancio —que disfrutaba el tener clientela— una manifestación portátil que se convocó con tambores y sirenas. El pueblo, aburrido de una vida rutinaria, acudió a la representación. A los dos días salió la información, y a los cuatro llegó un ejército de reporteros y fotógrafos de la capital en busca de los ríos de gente sublevada. En la cantina, atiborrada de periodistas y con la gran satisfacción de Venancio, Gabriel, con un té helado en la mano, les explicó lo sucedido y la estrategia…
Con imágenes gráficas del nuevo levantamiento y abundantes artículos periodísticos, Colombia se enteró de la gran revuelta en un pueblo que clamaba justicia, pedía la indemnización para los familiares de los muertos y la remoción de las autoridades.
La caballería motorizada y tres batallones del ejército arribaron tres días después a un pueblo marchito, apagado y triste, dónde los lugareños los saludaban con un amplia sonrisa.
*Quibdó es un municipio colombiano, capital del departamento del Chocó
Derivación de una anécdota de GGM
La rueca continuó girando…
Gárgamel
El tiempo continuó girando la estrujante rueca* con la satisfacción infinita de trascendencia, incrementando minuto a minuto el fragor interno del sufrimiento y desesperación que él sentía.
En el oscuro bar, la humedad enquistada y el olor ácido del ambiente contribuían a aumentar la depresión por la muerte de Aurora. Con la última copa de tequila en la mano, deshebraba culpas del revoltijo angustiante de recuerdos. En la barra, el barman y un hombre con gabardina y sombrero junto a él, reflejaban en el espejo frontal, la decadente simpleza de una existencia rutinaria.
—¿Te puedo invitar una copa?, el perfil rectilíneo del vecino lo observaba con bondad, como si conociera su trascendencia y circunstancia. Asintió, con triste sonrisa.
Si me permites la intromisión, conozco tú problemática: segundo a segundo te he acompañado en el recorrido, quisiera que entendieras la vida: no se puede luchar contra lo inevitable… ¡el pasado! Registro cada momento. Te quedan algunos años por delante, no los desperdicies.
Cerró lo ojos al escuchar las palabras del vecino y La humedad resbaló por sus mejillas. Cuando volvió a abrirlos, ¡estaba sólo!... El dependiente se acercó y preguntó: ¿la cuenta?
—¿Y, el señor que estaba al lado?...
—¿cuál?…
Deambuló por calles intemporales, oscuras y vacías, con la sombra del tiempo al resguardo. Llegó a casa, abrió la puerta y escuchó la voz infantil:
—¡Papi, papi, ¡qué bueno que llegaste! ¡Mamá, papá, está aquí!...
*Daniel González Dueñas.
25 de abril 2021
La venganza del dragón
Gárgamel
—Puedes despedirla, Juan, nada más dame una semana. No se lo digas a nadie.
Era el viernes prometido Flavio, hijo del dueño de la empresa, la esperaba a una cuadra de distancia. La invitó a comer y después de algunos tragos… al hotel. La había asediado durante varios meses, sin resultado. Le sorprendió que ahora hubiera aceptado.
Judith, con la seguridad del animal de presa, se desvistió lentamente, mientras Flavio observaba su excelente figura; al desvelar la espalda y quedar desnuda, él observó el magnifico tatuaje que decoraba la región lumbar: un dragón, cuya cola lindaba con los glúteos. Intrigado, preguntó por el significado. Es la imagen del guardián de la familia a través de generaciones, se le atribuye ser sabio, poderoso y vengativo, dijo ella. Sin prestarle mayor atención al asunto, Flavio comenzó con las caricias…
El sabor salado del sudor al recorrer lentamente con la lengua el dibujo del dragón que extendía sus alas en la espalda de Judith, excitó sus papilas gustativas; el tatuaje cobró vida con las contorsiones de placer que con lentitud descendieron hacia las caderas. Cuando la vehemente sensación de éxtasis alcanzó la cola del reptil, las manos de Flavio prensaron los turgentes glúteos con brusca suavidad y la sensualidad exacerbada, abrió las piernas…
Judith pasó a la oficina del gerente administrativo de la empresa. El funcionario le explicó que debido a que la compañía estaba sufriendo pérdidas por la falta de ventas, se veía en la necesidad de reducir personal, le agradeció sus servicios a lo largo de diez años; con un guiño y una sonrisa, le entregó un sobre con su liquidación.
Flavio abrió la correspondencia. Las fotografías del sobre mostraban la cola del dragón acariciada por la ágil lengua del junior. En el mensaje anexo: “Recontratación o confirmación en familia, tengo la grabación”.
17 de marzo de 2021