viernes, 22 de enero de 2021
El cuaderno marrón
viernes, 11 de diciembre de 2020
Mar de nostalgia
Mar de nostalgia
Gárgamel
La enfermedad lo fue deteriorando paulatinamente hasta apoderarse de su cuerpo, una barca a la deriva en el mar indolente de la circunstancia, al cuidado solícito y tierno de la amada Maria. Había perdido el control del cuerpo, mas no el de la jovialidad e interés por vivir. En permanente espíritu de lucha, intentaba comunicarse con el entorno; la susurrante voz era brisa que acariciaba con la afabilidad de sus palabras. El proceso duró meses… El término llegó una tórrida noche de verano, con la luz pálida de la luna filtrándose por la ventana y el sopor somnoliento enmarcando el ambiente. Al sentir el estertor, se despidió de María con una mueca que deseaba ser sonrisa, en un vaho de amor y agradecimiento.
Meses duró ella en ese departamento abrumada de soledad y tristeza, cada objeto un recuerdo, anécdota u olor de aquél ser inigualable que había sido su pareja, la razón de vida, el complemento perfecto de una relación de amor y comprensión. Se negaba a dejarlo partir, a olvidarlo; el rechazo no era un duelo, era un reclamo permanente y egoísta al Dios supremo al que había entregado su devoción. Se sentía traicionada…
Decidió cambiar su residencia: Vendió su departamento de Barcelona y adquirió uno en Madrid. El trajín de la mudanza la mantenía ocupada durante el día, pero al llegar la noche la añoranza la abrigaba con un manto de dolor y soledad. Para distraerse, visitó museos. Así fue cómo llegó al de la Reina Sofía. Recorrió varias salas y ya cansada, creyó sentir una suave caricia sobre su hombro, se detuvo frente a un pequeño cuadro de la época realista de Salvador Dalí: Muchacha en la ventana —estudio que le hizo a su hermana en 1920—. “Una joven se asoma al puerto desde su ventana abierta, se vierte una luz azul y apacible, como una promesa surrealista. Pareciera que el mar se infiltra a través de las cortinas, que vuelan con la caricia suave de la brisa salada…”* Un aura meditativa circundaba la figura de la chica recargada en la ventana, llamando su atención; le sedujo la serenidad, placidez y frescura de la obra.
¿Qué estaría pensando?, se preguntó…
—Tal vez está vertiendo en las olas del mar su nostalgia y recibiendo respuesta con las caricias de la brisa, oyó en su interior.
—¿¡Pepe!?, pronunció en voz alta… Algunas gentes a su alrededor, voltearon a verla, extrañadas y siseando el respeto al protocolo de silencio del museo.
—No tienes que hablar, exprésalo en tu mente, escuchó...
Mi querido Pepe, en los recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se han ido los días, semanas y meses…✪ y así bogo hacia mi destino, sin renunciar a tú inefable memoria, en este oleaje taciturno y permanente de añoranza…
—Hola Roberto, ¿cómo va la ronda?
—Igual de aburrida, Juan. Las mismas esculturas y cuadros de los que me voy a jubilar pronto, y la vieja que diariamente se sienta a contemplar la pintura de Dalí: Muchacha en la ventana, desde hace varios años, sonriendo, asintiendo o negando y envolviendo suavemente a la figura frente a la ventana, en suspiros de sal* que resbalan sobre su rostro.
*Andrea Fisher
✪Mi escritura en tiempos del COVID
11 de diciembre de 202
lunes, 7 de diciembre de 2020
La habitación
La habitación
Gárgamel
…el terror me invade, paraliza y exprime hasta mojar la ropa. Grito e imploro la muerte cada noche, padre, cuando aparece la imagen de mi amada Carla bañada en sangre, con el rostro desfigurado por la agresión, señalándome amenazante. Me repliego a la húmeda pared y escondo mi cara entre las piernas, hasta que desfalleciente suplico que dejen de golpearme en esta jaula compartida…
jueves, 19 de noviembre de 2020
El cristal con que se mira
El cristal con que se mira
Gárgamel
Merendó el tradicional chocolate y el pan de dulce, entre las pláticas insulsas y repetitivas de su madre y abuela; con cierto apuro, se desprendió de la malqueriente crítica al vecindario, apuró el último sorbo de la aromática bebida y se despidió con una sonrisa enmarcada aún por las delicias de los sabores degustados. Levantó de la silla la torpeza de sus treinta y cinco años, e irguió su famélica figura; ajustó los pesados lentes en el aguileño soporte, y con paso presuroso se dirigió a su habitación.
Encendió el computador y su perfil emergió con impetuoso orgullo. La imagen bella y varonil que se había creado, lo deleitó: Cabello largo, trigueño, descansando en una orla desparpajada sobre los hombros y el rostro de profusa varonilidad; la sonrisa cálida y atrayente revelaba ternura y sus verdes ojos tranquilidad y seguridad. El torso musculoso enfundado en un suéter con cuello de tortuga denotaba el buen gusto en el vestir. Había seleccionado el personaje que lo caracterizaría después de escudriñar largo tiempo perfiles de actores en agencias de publicidad. “Valió la pena haberle rogado a mi madre que pagara el costo de la contratación de las imágenes. Y es que, en mi marea creciente de obsesión por un ser perfecto, fabrico espejismos —fuertes, esbeltos, bellos—, quizá porque solo sé amar cuando soy irreconocible”, pensó.
La encorvada figura, seleccionó uno de los diez nombres del archivo novias: Felícitas. Se conectó a su correo electrónico y escribió:
Hola amor, he estado pensando mucho en ti, reviso constantemente el correo y si no veo mensajes, me angustio, entristezco. Ayer por la noche, después de un día pleno de juntas en la empresa y de tomar decisiones que involucraron millones de pesos, fui al Club de Industriales a una cena con el embajador de Austria. Estaba distraído, porque cuando él me hablaba de importaciones y exportaciones, yo estaba pensando en ti. Llegando a casa proyecté en una pantalla las imágenes y videos que me has enviado, me excité disfrutando tu belleza y las originales posiciones de las tomas. Ansío conocerte físicamente. En cuanto mis actividades profesionales lo permitan, lo haré. Sígueme enviando tus eróticos videos, ya que son la motivación para apresurar nuestro esperado encuentro.
Con mi amor
Arnulfo
Envió el escrito y remitió el mismo mensaje a los correos de Gladys, Esperanza, Rutilia, Ausencia, Isidra, Apolonia, Gracia, Angustias y… Amanda. Pasó varias horas editando los videos e incorporándolos a su sitio porno: “Supremas”.
—¡El timbre no deja de sonar! y nadie abre. ¡Mamá, abuela, atiendan!… Ante el mutismo, se descobijó, calzó las pantuflas y se encaminó a la puerta del departamento. Al abrirla, emitió el nombre con un quejido:
—¡Felícitaaas¡…
—¡Sí!, y tú ¿Quién eres?, busco a Arnulfo, mi novio… La policía cibernética me dio esta dirección…
Con la cara demudada por el nerviosismo, responde:
—Ya no vive aquí.
—Y tú, ¿Cómo me conoces?...
19 de noviembre de 2020.
viernes, 6 de noviembre de 2020
Quimera
viernes, 23 de octubre de 2020
La última Bernarda Alba
domingo, 18 de octubre de 2020
El último deseo de Dorian
El último deseo de Dorian
Gárgamel
La mejor manera de librarse
de una tentación, es caer en ella.
Oscar Wilde
A los veinte años, Dorian se sabía hermoso, viril y atractivo. Hijo único de comerciantes prósperos, vivía un mundo de diversión, despilfarro, y vagabundeo. Al regreso de un viaje a África sintió fuertes dolores corporales y fiebre incontrolable. A pesar de la atención médica y hospitalaria, los facultativos no lograban su curación. Una noche, postrado en cama, con temperatura alta, sudoración excesiva y dolor de cabeza, escuchó una susurrante voz pronunciar palabras que llegaron a su oído en un vaho tibio y carente de emoción:
—“¿Ya vez qué frágil es la vida?... vives alimentando un enorme ego y la superficialidad existencial, no respetas normas y conductas de la sociedad; solo el hedonismo en el que subsistes, te alimenta… En el filo ondulante por el que caminas tendrás que definir tu destino, buscarás cual equilibrista que pendula bajo el cobijo de su pértiga, la estabilidad física y emocional con la que enfrentarás el futuro.
Sé que vivirás la transformación hacia la verdadera imagen que tu ser interior desea; las pasiones y disociaciones se irán reflejando conforme emerja la esencia oculta que te habita…”
Se restableció pronto ante la incredulidad de médicos y familiares. Consideró solo una pesadilla, el sueño pasado y siguió viviendo su inexorable forma de vida, aunque el espejo de su habitación le manifestaba día a día los cambios que sufría su aspecto físico.
Frente al revelador cristal admiraba su perfil rectilíneo, levantando la barbilla mientras cepillaba el terso cabello oscuro, refocilándose con las caricias suaves del cerdamen. La luz de la habitación proyectó la imagen del cuerpo moreno, de torso largo y glúteos firmes. Fijó satisfecho su mirada zarca en la figura mostrada, giró lentamente, admirándose y pensando: “…sigo viéndome bien”, sonrió. Terminó de vestirse, alineó las medias, ajustó la falda, se calzó las zapatillas de tacón alto y salió al mundo a disfrutar una noche más de lujuria, concupiscencia y libertinaje…
17 de octubre de 2020
sábado, 10 de octubre de 2020
AGUA DE VIDA Y MUERTE
jueves, 1 de octubre de 2020
Sombra de rencor
miércoles, 23 de septiembre de 2020
Daruma
Conseguir una diputación, era mi meta. Estaba dispuesto a utilizar cualquier recurso, viniera de
dónde viniera… Y confiaba en la magia de mi Daruma, un poderoso talismán nipón. De
estructura ovoide, una figura humana sin brazos, ni piernas, y ojos carentes de pupila, me
miraba fijamente en su sarcástica nebulosidad. Con la fé puesta en el fetiche, pinté un iris en su
ojo izquierdo, e hice mi petición. Al cumplirse el propósito, debería colorearse la pupila derecha.
Con la esperanza prendida al deseo lo empujaba diariamente y después de un bamboleo,
regresaba a su posición original.
El día de la elección, a la que llevamos acarreados, repartimos despensas, rellenamos
urnas, e hicimos todo para ganar, revisé la repisa y… ¡alarmado!, observé que se había
despintado el ojo del Daruma. Lo empujé con el dedo y… no se reincorporó…
domingo, 13 de septiembre de 2020
Sputnik V
Sputnik V
Gárgamel
Fastidiado de estar encerrado por temor a la epidemia del atroz virus, encendí el ordenador para escribir mis sentimientos y temores de los seis meses de enclaustramiento obligado. Comencé a navegar por las redes, buscando artículos que me sirvieran para fundamentar el relato. Con sorpresa vi que apareció un mensaje dónde solicitaban voluntarios para probar la vacuna rusa Sputnik V. Yo llenaba los requisitos: mayor de sesenta años, con hipertensión, diabetes, exceso de peso, y fumador consuetudinario… Me armé de valor, y pensando acabar de una vez por todas con la lapidaria carga que la naturaleza vengativa había mandado, llamé a la Embajada y solicité cita. La otorgaron a la 5:00 p.m.
Con tiempo suficiente, acoracé el rostro con careta y cubre bocas; cubrí las manos con guantes, y los pies, con botas de hule; el cuerpo, con una bata y gorra de enfermero; me rocié con desinfectante y partí caminando a la embajada rusa, procurando mantener en mi andar la distancia con los transeúntes. Las circunstancias —obstáculos diseñados por un ente malévolo— trataron de impedir mi avance: no había caminado ni tres cuadras, cuándo un ruido estrepitoso de tambores y gritos cubrió el entorno. Un grupo de feministas, embozadas, al grito de ¡Ni una más!, acompañadas de feroces activistas cuya cubierta impedía la entrada del virus, pero no la salida de invectivas procaces que sonrojaban hasta a los perros callejeros que las contemplaban con miradas de ausencia, me envolvió. Grité a todo pulmón, desde el interior de la cobertura:
—¡La sana distancia!... ¡la sana distancia, por favor!... Prediqué en el desierto, porque grafitearon mi bata: ¡violador!... ¡inútil!
La angustia engullía a tarascadas el tiempo restante para la cita, por lo que decidí tomar un taxi.
Con una sonrisa enarbolando un abundante bigote, me preguntó el conductor:
—¿A dónde?,
—A la Embajada Rusa, contesté. Con horror escuché un estruendoso estornudo, como contestación a mi indicación. Me hundí en el asiento y embadurné de gel desinfectante las manos y ropa.
Bajé corriendo del automóvil y enseñé la cita al empleado de recepción. La revisó con displicencia y devolvió el papel con un estentóreo: я опоздал (llegáste tarde).
Decepcionado regresé en el Metro, entre apretujones y hedores de usuarios con cubrebocas sosteniendo la papada. Nuevamente volví a cubrirme de gel desinfectante; al llegar a casa tomé un baño, y encendí el televisor para ver el informe del doctor Gatell. Me angustió el pensar que podría contribuir a incrementar la estadística.
Cinco días despúes de mi aventura… tengo fiebre…
11 de septiembre de 2020
Mi escritura en el tiempo del Corona virus
MI escritura en el tiempo del COVID
Gárgamel
En recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se fueron los días, semanas y meses, con el sentimiento de impotencia cargado sobre mis espaldas; el miedo, la desesperación y el hartazgo por un sorpresivo ataque a la humanidad de parte del enemigo invisible que no necesitó de armas para diezmarla, solo su presencia aniquiladora, invasiva y mortal. Enclaustrado en un entorno insustancial y apático, describí mi desesperanza…