jueves, 14 de noviembre de 2024

El reflejo de dos miradas

 El reflejo de dos miradas

JLlM

El calor húmedo del verano y el cuerpo sofocante de su esposa, lo hacían sudar. Divagaba, en un duermevela de inquietud, sobre la vieja casona que habitaban: un inmueble de dos pisos, fracturados en diversas zonas, cuyas oquedades se prolongaban por las habitaciones. Utilizaban solo una recámara, la cocina y un pequeño antecomedor para vivir. ¡Ellas, ellas…, toda la casa!

Al llegar, encendían las luces y al hacerlo, escuchaban el repiqueteo presuroso de una lluvia interior sobre la duela y la mirada inquisitiva de pequeños ojos rojos y brillosos. 


El arañar ininterrumpido dentro del closet despertó a Arturo. Una aprensión temorosa lo invadió, le erizó la piel y provocó  un sabor amargo que saturó su boca reseca. Fue por la escoba y con el sudor perlando su cuerpo, se acercó al closet. Muy despacio, abrió la puerta: un haz de luz iluminó la penumbra y cuatro destellos la reflejaron al voltear hacia él, se pasearon lentamente por la habitación, permanecieron unos segundos observándolo, e intempestivamente saltaron hacia la puerta; sintió sus cuerpos deslizarse entre las piernas y el roce de las colas al rebasarlo: ¡eran enormes! ⏤y en su percepción… fieras salvajes⏤. De pelaje pardo y mirada vivaz, lo vigilaban retadoramente, abrían el hocico mostrando su afilada dentadura y emitían chillidos intimidatorios, que lo hostigaban. Persiguió a una, la prensó contra el suelo; el animal se revolcó y emitiendo chillidos estridentes, se escabulló;  parándose en vertical, lo enfrentó con su hocico abierto. 

Su esposa,  asustada, y ovillada en la cama, lo alertó:

            —¡Cuidado, Arturo! 

Volvió la cabeza y alcanzó a ver a la otra rata que se acercaba sigilosamente. Fue tras de ella, y a escobazos la hizo correr. El roedor subió a la cama, provocando el de terror de la esposa,  arrinconada en la cabecera:

                    —¡Quítamela¡, ¡quítamela!...,  le gritó con desesperación.

Con un escobazo la bajó, haciendo que cayera al centro de la habitación. Las fue orillando a base de golpes hacia la escalera. No corrían… lo enfrentaban. Las  cercó poco a poco. Con cada empujón de la escoba, se volteaban, y paradas verticalmente, lo amenazaban. Así, las bajó, peldaño tras peldaño y agresión, tras agresión, logrando llevarlas a la calle. En la madrugada, con el nerviosismo y aprensión a cuestas, conciliaron el sueño. El relajamiento después de la tensión, hizo que la somnolencia llegara lentamente…

 

Sintió cosquillas en la mejilla, como si lo acariciaran con un pincel, e inconscientemente se rascó. Ese ligero movimiento lo alertó: abrió con pesadez sus párpados y… el fulgor de dos miradas frente a su cara… ¡lo paralizó de terror!



martes, 15 de octubre de 2024

Sorpresa

 Sorpresa

JLLM

Una pálida luna nueva sonreía sobre el mar con los ojos húmedos, reflejando  lágrimas argentas sobre el balandro "Queen Anne’s Revenge" que hinchado en su velamen y  con vientos favorables, avanzaba  rasgando con su quilla el oleaje, salpicando perlas líquidas sobre los costados de la embarcación. 

”Barba negra” escuchó el grito del grumete desde el carajo: 

—¡Barco a babor!... ¡Barco a babor!... 

—Perico, ¿Es mercante o de guerra?

⏤Parece mercante, capitán.

Tomó su catalejo y lo enfocó en el sentido indicado: 

Un pesado galeón, enarbolando la bandera con los colores de la marina mercante española, navegaba con el viento en popa y velamen desplegado. 

El filibustero gritó: 

—¡Vamos por el tesoro!... ¡Tensen la Estay, el Bauprés y los Foques! 

¡Perico¡… a mi lado! 

Acercándose apresuradamente, le gritó:

⏤Otra embarcación fácil de capturar, Capitán.

⏤Espero que sí, Perico. Con el motín, tal vez hasta mujer consigas…

⏤Me gustan las españolas, más si son de alcurnia, dijo, soltando una sonora carcajada.

El rostro de la calavera con dos tibias empalmadas sobre un fondo negro se desplegó en el mástil mayor, y la nave emprendió el veloz alcance al pesado buque. Cuando estaban por lograr su objetivo, el galeón arrió su bandera y desplegó una blanca. Lo emparejaron por el costado.

 ¨Barbanegra”⏤con sus imponentes dos metros de altura, aspecto y mirada demoníacos, espadas y pistolas⏤ dio la orden de disparar un cañonazo amedrentador; al mismo tiempo que los piratas trataban de acercar la nave para lanzar sus ganchos de abordaje.

    ¡Con terror, vieron cómo se abrían las troneras de la pesada embarcación! ¡El estruendoso tronar de la artillería enemiga nubló la visión en el ambiente. El daño estaba hecho: El palo mayor había sido derribado y la pequeña embarcación escorada y herida de muerte, comenzó a hacer agua, dejándose engullir por el hambriento y profundo piélago…

Sobre el galeón la lucha era encarnizada: heridos, destripados  derramando sangre,  y piratas que saltando al mar, preferían la muerte ahogados o masacrados por los tiburones, que ensartados por una espada.

Arrinconados en la parte más extrema de la quilla, Perico y el Capitán se batían en retirada:

⏤¡Salte, capitán¡ ¡salte!, dijo el Perico, antes de lanzarse al vacío…

Cuando era atravesado por un sable, Barbanegra alcanzó a gritar: 

⏤¡no sé nadar!...

15/10724


martes, 24 de septiembre de 2024

Luz de vida y muerte

Luz de vida y muerte

JLLM

La tía Magdalena vivía en el Oro, poblado rural y minero del Estado de México en una vieja hacienda rodeada de reliquias ⏤aunque lo merecía, no se consideraba entre ellas⏤. Para conmemorar a los seres que habían partido, organizaba una verbena anual la noche del día primero de noviembre, a la que invitaba a la comunidad. La conmemoración se había hecho costumbre por la abundancia de comida y la original ofrenda, que  incorporaba espléndidos arcos de flores de cempasúchil en honor a Cihuacóatl  ⏤la recolectora de almas⏤,  el papel picado, cuyo afán por volar ayudaba al tránsito entre la vida y la muerte; y la luz de las velas, en su bamboleo, atraían a las almas al altar sahumado de copal que alejaba a los malos espíritus; la comida y bebida abundaban; esparcidas entre ellas, la múltiples fotografías de personajes muertos que incitaban a los espíritus a rememorar olores y sabores de su paso por la humanidad.

Ese día, a sus diez años de edad, Ana observaba  desde un balcón el patio de la hacienda desbordante de vida, personas ávidas de contemplar el exhorto a los espíritus de sus seres queridos. Los mariachis animaban la reunión, los fuegos artificiales, tintaban el espacio de múltiples colores. Los adultos comían, bebían y comentaban vidas ausentes, anécdotas, alegrías y fatalidades…

En el balcón, Ana, vislumbró la distinguida figura de la tía Magdalena hablando sola, moviendo sus brazos y señalando hacia los invitados. Le entró la curiosidad y atravesó el pasillo para llegar a la habitación de la tía. Desde la oscuridad del cuarto, la observó resplandeciente por la contraluz; la rodeaban cuerpos translúcidos, evanescentes, en una gran charla animada. Trató de identificarlos y ¡con sorpresa y pavor, reconoció las fotografías de la ofrenda!... Quiso huir, pero su cuerpo no respondió. Paralizada, escuchó:

—Esta será mi última transferencia, amigos,  he sido avisada qué, cuando el almendro estéril dé fruto y una niña deje correr su llanto,  me uniré con ustedes. 

Ana corrió hacía el  jardín con una lámpara en la mano, atravesando la maleza llegó al viejo árbol, recorrió con su luz el tronco y  ramas del anciano plenas de hojas y frutos, y lloró al pensar en la próxima muerte de su querida tía. Con orgullo, el longevo vegetal la consoló mostrándole su renacimiento, y con un estremecimiento de su ser, le regaló algunos frutos.



viernes, 19 de julio de 2024

Ventura

El inmenso coloso descargaba su ira contra la escollera excitando lamentos de las oscuras y desesperadas volutas que surcando presurosas la parda y colérica bóveda impactaban, con su llanto, la peñascosa muralla. Los restos del velero destrozado por el vendaval se prendían de las rocas y el casco prensado entre ellas, se deshacía con cada golpe de agua…

Cuando Agustín, exhausto y desfalleciente, abrazado a un madero llegó a la playa, el mar era manso y pródigo en luces y reflejos iridiscentes esparcidos sobre el tranquilo oleaje. El rollizo marinero pensó ser el único sobreviviente del “Ventura”. Estaba por averiguarlo cuando a la distancia vislumbró multitud de canoas acercarse al lugar del naufragio rescatando cuerpos, mercancías y utensilios, para transportarlos seguramente a su aldea. Advirtió, desde la playa a un grupo de nativos armados que presurosamente se acercaron, lo apresaron y lo desvistieron. Sorprendidos por la blancura de la piel y lo robusto de su complexión, lo picoteaban con sus lanzas y reían. Lo llevaron en vilo a su aldea y encerraron en una choza. 

El chirriar de la puerta y el resplandor agresivo del mediodía empujaron la figura de un anciano pequeño al interior; con su bastón despertó a Agustín y haciendo dibujos sobre el piso de tierra, le informó sería parte de las ofrendas al rey, que llegaría en treinta lunas. Le explicó, con ademanes grandilocuentes, que era importante y sería tratado como alguien especial: con abundancia de comida, higiene y cuidados; le indicó que le mandaría una esclava cada noche, hasta la llegada del mandatario.

Y sucedió tal cual estaba ordenado: fue bañado, aceitado y perfumado todas las mañanas; desayunaba, comía y cenaba alimentos suculentos de extraños y diferentes olores y sabores y por la noche, lo atendían jóvenes esclavas, satisfaciendo sus caprichos. Dormía en un lecho de hierbas que lo envolvían en su frescura y lo impregnaban de finos aromas. En fin, se sentía en el paraíso, con la sola excepción de su reclusión.

Escuchó los tambores y el bullicio del pueblo que reía entre bailes y aplausos. Se asomó por una rendija y vio la gran comitiva, plena de Fausto y colorido, de plumajes y ocarinas. Pasaron las horas y en la intensidad del caluroso atardecer, las esclavas lo cubrieron con un atuendo de hierbas y lo llevaron al centro de la aldea frente al estrado dónde se encontraba el rey y sus dignatarios.  

Aterrorizado, Agustín se percató del otro prisionero a su lado: de piel muy oscura, vestido similarmente. Observó también que se había encendido una gran fogata en la cocina. Al ser anunciado por los tambores, el anciano del bastón se acomodó entre ambos prisioneros y señalando alternativamente con su báculo a cada uno, solicitó al rey escoger. El mandatario, con amplia sonrisa, seleccionó a Agustín.



Sintió fuertes apretones en el tórax antes de expectorar y evacuar un torrente líquido, aspirar en forma desesperada el ansiado aire libertario y, al despertar, oír a la distancia el sonido del ulular de una sirena. 

19/07/24





sábado, 22 de junio de 2024

El vigilante


 El vigilante

JLLM

El miedo a la oscuridad nocturna escondió los más diversos temores en mi infantil espíritu. Al ir a dormir, el closet ligeramente abierto, encubría la sombra de un espectro buscando robarme el alma o,  las esqueléticas manos ocultas bajo la cama, esperaban que me durmiera y reptar sigilosamente en el cobertor para llegar al cuello con la finalidad de estrangularme, en venganza por haber moqueteado al insoportable mantecas en el callejón donde se dirimían los conflictos escolares. Cuando sentía sed, a mitad de la noche, el temor de bajar a la cocina para tomar agua se atemperaba al encender las luces de los sitios a transitar. Pero se acrecentaba de regreso, al apagarlas apresuradamente y subir corriendo la escalera hacia mi cuarto, porque sentía que presencias extrañas me perseguían.
En la desesperación de una inquieta noche, perseguido por extraños seres ¡salté al vacío!... Me levanté del suelo, sudoroso, lagrimoso y muerto de miedo. Abrí la ventana para dar paso a la refrescante brisa nocturna y permitir al fulgor albo,  proyectar la imagen de un majestuosos buho ululando sobre la rama del vetusto árbol, que con su sonido me  transmitió en ese momento, certeza de protección, seguridad y paz, sentimientos que angustiosamente  necesitaba. Al sensibilizar mi ser con su tranquilizante modo, me reconforté. A partir de esa noche, confié mis temores a ese “vigilante” nocturno que, con asiduidad, cumplió su cometido; me dio la serenidad suficiente para evitar las angustiosas noches de oscuridad nubosa y terribles presagios.
Varios años después de la muerte de mis padres regreso a la casa abandonada, envejecida, plagada de recuerdos engastados en los sitios más oscuros y en  rincones lúgubres de añoranzas, que entreveradas por pinceladas de humor y dicha familiares, arroparon mi niñez y juventud.
“Es de mala suerte ser supersticioso”, pensé y sonreí al  recordar la imagen del buho sobre la rama del viejo roble. Sin embargo, agradecí que la afirmación de mi ser juvenil se inició con el blindaje emocional que me proporcionó ese evento.  
Abrí la ventana de mi antigua habitación y observé por un rato al anciano roble e imaginé, prendido de la rama, al “vigilante” moviendo su plumosa testa y ululando, para advertir a las presencias extrañas de su presencia protectora. Concluyo que soy un ser rebosante de recuerdos y tal vez por eso, reconozco que hay algo triste en la vida. Es difícil definir lo que es, pero supongo que, al final, el cúmulo de añoranzas es tan grande y pesado, que el tiempo romperá la talega  en el Universo Infinito.                                                      
22/06/2024



jueves, 6 de junio de 2024

Desesperación

 Desesperación

Jorge

En el hermético verdor  interior de la selva alta ecuatorial, el  “Proyecto  Mercurio”: una planta generadora de biomasa,  ⏤materia orgánica que se usa como fuente de energía renovable, económica y limpia⏤ requería la localización de áreas específicas.   

  Con la bruma húmeda y gris de la madrugada permeándo sibilante la espesura, partieron del poblado: Lorenzo, el topógrafo, y Ramiro, el guía, con provisiones para dos días.


En la  pequeña oficina del “Proyecto Mercurio” de la aldea, un  bochorno gélido se adhirió untuoso a las personas que laboraban en el recinto, cuando la sofocada mujer, atribulada, y nerviosa, abrió la puerta y  con la angustia reflejada en el rostro informó que después de cuatro días, Lorenzo, su esposo, no había llegado. Preocupado, el funcionario encargado de la oficina se comunicó con el guía. Este Le informó qué, por la tarde del primer día habían localizado el lugar, pernoctaron ahí y el segundo día hicieron los trabajos correspondientes.  Partieron de regreso el tercer día, por la mañana. Después de caminar un largo trecho, discutieron sobre el rumbo a tomar y él, siguió por el que consideró correcto, llegando por la noche a su casa.

Se organizaron cuadrillas de búsqueda, avionetas y helicópteros rastrearon el espacio aéreo, sin éxito.

María, la esposa de Lorenzo, ante los resultados adversos, y desesperada, acudió con el chamán del poblado, un anciano de saberes primigenios. Enterado del problema, pidió ropa y objetos personales del topógrafo;  se encerró varias horas en una habitación y al salir, les señaló: 

—He logrado conectarme con el pensamiento de Lorenzo...  He sentido su desesperación y angustia; el miedo, la sed y el hambre que lo tiene derrotado. Exasperado, ha tratado de extraer agua de las hojas y tallos de las plantas, se ha alimentado con ellas, irritándo boca e intestinos. Ha caminado sin rumbo fijo, abriéndose paso en lo intrincado de la selva,  escuchando con desesperación el pasar de las aeronaves, sin ser avistado. Trae una revólver y le queda sólo una bala, cuatro las usó tratando de cazar animales para sus sustento. Está dispuesto a suicidarse si no logra salir de la selva, mañana… Voy a tratar de inducirlo a que camine en círculo, para que no se aleje más.

 

Llorando de desesperación, con la garganta seca y el paladar inflamado por la sed intensa que lo enloquecía, se dió cuenta que había llegado al mismo lugar de donde había partido. Era media mañana y el fatalismo se aferró a su ser, sacó el revólver de la cintura, dispuesto a cumplir la decisión tomada sobre su límite de lucha. Introdujo una bala en el cilindro, preparó el percutor, y con el brazo temblando acercó el cañón a la sien con el dedo puesto en el gatillo. Esperó un instante y respiró profundo antes de apretarlo... 

Al exhalar lentamente, creyó escuchar a lo lejos voces gritando su nombre...



miércoles, 15 de mayo de 2024

Un viaje en el momento preciso

 Un viaje en el momento preciso       

Jorge Llera

Viajó Rutilio para sus vacaciones a su lugar de origen, san Marcos del Monte, pequeño poblado de la Sierra Madre, colindante con la presa El Triunfo. Llevaba varios días disfrutando de la familia y amistades, cuando oyó el ruido ensordecedor de motocicletas entrando por la calle principal: una avalancha de gran estruendo que presagiaba  torbellinos de violencia. Cuál aves de rapiña cercando a su presa, decenas de máquinas coparon las entradas y salidas del poblado. Las personas, amedrentadas, se refugiaron en sus hogares. Individuos con cascos de extraños adornos, chamarras o chalecos de cuero con el símbolo de la suástica en la espalda, botas altas, pañoletas rodeando el cuello, cabezas rasuradas o melenudos con espesas barbas, comenzaron a apearse de sus vehículos. Con megáfono en mano el líder del grupo se plantó al centro de la plaza principal:

⏤ ¡El día de hoy, tomamos este pueblo como nuestro, para fundar la Nueva Alemania! Será el inicio de una nación de pureza étnica nacional. Desde ahora seré su Führer, su dirigente, que los llevará a alcanzar niveles altos de desarrollo. A corto plazo, conquistaremos más territorios. El tenso silencio se infiltró en una bruma pesada por las casas y comercios, impregnando de un viscoso temor a las familias. 

El toc, toc, de un llamado, fijó la atención del jefe de los rufianes. Con lenguaje pausado y tono cauteloso, Rutilio le expresó: Mi Führer, como dirigente del pueblo y, ante la incapacidad de dar respuesta bélica, aceptamos su liderazgo y nos someternos a su mandato. Sólo le pedimos que nos permita celebrar una misa en la ermita de la montaña para rezar por la nueva era.

El párroco del pueblo, con la capilla llena, leyó del Génesis 7, el Diluvio… 

¡Las esclusas de la presa se abrieron de golpe vomitando olas gigantescas que arrasaron a la Nueva Alemania y a su raza superior¡

22/04/24


Tres versiones y una sola corrupción



Tres versiones y una sola corrupción 


“¡Cayó hacia abajo como un bulto, moviendo los brazos tratando de agarrarse del aire!” ⏤dijo a los reporteros el trabajador de limpieza⏤.

El cuerpo del ejecutivo de la empresa petrolera se había desplomado del doceavo piso. Una masa sanguinolenta cubierta de ropa exclusiva, abrazaba el candente pavimento, como el enjuiciado hacia las llamas del averno. 

El área, resguardada por las bandas amarillas impedía el acercamiento de periodistas y curiosos. Llegó el detective Godínez, con el saco al hombro, sudoroso y acompañado del agente del Ministerio Público y del médico forense. Tomaron fotografías, recopilaron muestras, medidas, y subieron a la Asesoría de la Dirección General de la empresa, situada en el piso doce. Los recibió una sobria oficina alfombrada, con mobiliario de madera color nogal y libreros cubiertos de obras extensas. En la entrada, el director general y los principales funcionarios, con caras sombrías, dieron su declaración de hechos. Como si hubiera un concierto de acuerdos, todos opinaron que había sido un desventurado accidente. Desalojaron la oficina y los equipos de investigación, procedieron a realizar su trabajo. El detective Godínez, prestó especial atención a la ventana que daba al exterior, resguardada por un gabinete lindante con su borde inferior. Tomó impresiones en el pestillo, vidrios, al mueble, la alfombra y recogió un objeto…


El dictamen del suceso por parte de la empresa fue: accidente. Por lo cual, procedió al pago del seguro y pensión a la viuda, en el lapso de una semana.

La oficina forense, dictaminó, un mes después: suicidio. Lo que invalidaría los pagos anteriormente efectuados. Sin embargo, nunca fue acreditado, por favores a la viuda.

El detective Godínez opinó diferente: asesinato. El autor es dueño de un Traje Armani azul, que perdió un botón en el evento. Se cuenta con una muestra de su ADN, rescatada de las uñas del occiso y huellas dactilares impresas en el pestillo. Su informe se archivó… por órdenes superiores.

15/05/24



jueves, 26 de octubre de 2023

Una raza superior

 Una raza superior

Gárgamel

El ruido ensordecedor de las máquinas entrando por la calle principal, anunció la avalancha de odio irracional, que en torbellino de violencia, llegaba intempestivamente al pueblo de San Marcos, colindante con la presa El Triunfo, en la oscuridad verdosa de las altas montañas de la Sierra Madre. 

Cuál aves de rapiña cercando a su presa, decenas de motocicletas coparon las entradas y salidas del poblado, impidiendo la movilidad de las personas, que amedrentadas, se refugiaron en sus hogares cerrando puertas y ventanas. Individuos con cascos de extraños adornos, chamarras o chalecos de cuero con el símbolo de la suástica en la espalda, botas altas y pañoletas rodeando el cuello e individuos de cabezas rasuradas o melenudos con espesas barbas comenzaron a apearse de sus vehículos.

Con megáfono en mano el líder del grupo se plantó al centro de la plaza principal. El pecho al descubierto mostraba un gran tatuaje del águila Nazi y los dos rayos, característicos de la Gestapo. Anunció:

⏤ ¡El día de hoy, tomamos este pueblo para fundar la Nueva Alemania! Será el inicio de una nación de pureza étnica nacional. Fortaleceremos la creación de una nueva raza, Desde ahora, seré su Führer, su dirigente, que los llevará a alcanzar niveles altos de desarrollo y ampliar, a corto plazo, nuevos territorios.

El tenso silencio se infiltró en una bruma pesada por las casas y comercios, impegnando de un viscoso temor a las familias. Se abrió una puerta y con paso lento la figura delgada de una mujer de mediana edad avanzó hacia el autoelegido líder. Con lenguaje pausado y tono cauteloso, le expresó: ⏤Mi Führer, el consenso de la población es aceptar su liderazgo y someternos al mandato. Sólo le pedimos que nos permita celebrar una misa en la ermita de la montaña para rezar por la nueva era.

⏤Adelante, acudan con su dios, mientras designamos a las nuevas autoridades.

El párroco del pueblo, con la capilla llena, al llegar a la eucaristía, leyó del Génesis 7, el Diluvio: …⏤El señor dijo: “¡yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches!”… 

Las esclusas de la presa se abrieron de golpe vomitando olas gigantescas que arrasaron a la Nueva Alemania y a su raza superior.


 





jueves, 12 de octubre de 2023

Decisión

 Decisión

Gárgamel

En el  comedor, con el pastel de la celebración de dieciocho años sobre la mesa, el matrimonio observaba  la escalera por la que bajaban, con risas y comentarios chuscos, los hermanos. Adela y María, las mayores y Oscar, el celebrado. Las mini faldas estampadas y cortas, continuadas por unas medias oscuras delineaban las delgadas figuras juveniles. Los  peinados de las tres cubrían con tersura el cuello y resaltaban el sutil maquillaje.

El rostro del padre se ruborizó y en un estallido de cólera, avanzó hacia la escalera; con los ojos inyectados de sangre y espumando saliva por las comisuras de la boca, le espetó a Oscar a centímetros de su cara:

¡Jotos en mi casa, no! ¡Jamás lo aceptaré!

Lo cacheteó con brusquedad hasta hacerlo trastabillar. La segunda cachetada explotó los sollozos del jóven mientras sus mejillas coloreaban el dolor y los gemidos entrecortados, recibían la incomprensión y el desprecio. 

La madre y las hermanas, gritándo con desesperación, se abalanzaron sobre el agresor para impedir el castigo. 

Oscar se levantó y con la firmeza que le proporcionaba su convicción, se dirigió a su padre y con femenina voz, lo enfrentó:

—Padre, siempre has sabido que soy diferente, quisiste que me endureciera obligándome a practicar deportes bruscos. Te respeté y traté de practicarlos, pero fui la burla de todos mis compañeros, como lo he sido en la escuela y en la vida: acosado, degradado, anulado, despreciado…

¡Entiende, soy mujer, en el cuerpo de un hombre!

¡Y a partir de hoy, afrontaré mi realidad al precio que sea! Voy a iniciar una nueva vida… 

Tomás abrió la puerta y al abandonar Oscar el hogar, las velas del pastel  apagaron su luz con el aire frío de la noche.

Los callejones estrechos albergaron su húmeda soledad  y cuando los rayos de una sutil claridad iluminaron las tejas rojas de los techados, deslizándose por los muros cuál culebras doradas,“le sorprendió ver que la Ciudad dormitaba todavía”* 

Caminaba sin saber adonde ir derramando su angustia sobre el pecho, cuando las hermanas la alcanzaron:

—¡Regresa, hermosura, mamá te espera! Te hemos buscado por todas partes, papá nos abandonó.

*Oh, Ciudad de los sueños rotos

John Cheever


miércoles, 4 de octubre de 2023

Reconciliación

Reconciliación

Gárgamel


El viento frío de la madrugada filtraba la triste figura de Inocencio recargado en el añoso árbol frente al balcón de su amada Obdulia, esperaba que el día amaneciera, con una rosa roja entre las manos y la esperanza de recuperar la relación rota. 

Había vagado por la ciudad en una confusión angustiante que le oprimía el corazón y le impedía razonar con coherencia. Obdulia  con sus negros ojos plenos de cólera le había dicho tajantemente:

— ¡Ya no te quiero..., contigo no hay futuro…, eres el peor error de mi vida... No quiero saber más de ti!

A pesar de todo, estaba dispuesto a recuperar al amor de su vida y para lograrlo, “tenía que tener presencia”, se dijo.

Cuando la belleza de los ojos negros salió  por la mañana rumbo al trabajo, se apartó del  viejo árbol de la calle de Francisco Sosa y  la enfrentó, ofreciéndole su amor en una flor. Obdulia la tomó, la tiró al suelo, la pisoteó y siguió caminando con  la soberbia de una diva y el desprecio de su altivez en el horizonte, hasta abordar el autobús.

La esperó al salir del restaurante a la hora del almuerzo. Caminaba desparpajada y sonriente, escoltada por dos compañeros de trabajo. Se econtró a Inocencio, que con una caja de chocolates y una sonrisa, le ofrecía el postre. El rostro se tornó áspero, desagradable, colérico. Tomó el regalo, repartió el contenido a los amigos y siguió su camino, sin dirigirle siquiera la mirada…

Por la tarde, al salir del trabajo, Obdulia se dirigía a la parada de autobuses en Avenida Universidad, cuando fue interceptada por dos individuos con intención de subirla a un automóvil estacionado frente a ellos. Se defendió a patadas, arañazos, forcejeando con desesperación y angustia, pero la sometieron. Cuando la introducían al automóvil, sintieron una andanada de puñetazos y patadas en el cuerpo, de tal manera que , para defenderse, abandonaron a Obdulia. Sacaron sus cuchillos y contraatacaron apuñalándolo, dejando el cuerpo sangrante de Inocencio sobre la acera, al emprender la huída.


En el hospital, antes de fallecer por las heridas, Inocencio recibió de Obdulia un beso de agradecimiento… Él pensó que fue de reconciliación.


Octubre 4 de 2023


jueves, 28 de septiembre de 2023

La taquería homeopática

 La taqueria homeopática

Jorge Llera

Su trabajo en la Secretaría de Salud era el de sellar las recetas médicas para evitar que  fueran adulteradas, hasta que un día llegó la máquina que hacía lo mismo, más eficiente y rápidamente y... lo mandaron a descansar. Tras su jubilación los compañeros comentaban que la oficina se veía distinta desde que se fue el Chava, como que faltaba algo: faltaban sus camisas de cuadros y el termo del café en el escritorio.

Pronto se dio cuenta de que la pensión  jubilatoria no le alcanzaba para mantener a la familia y que tendría que poner un negocio. Estuvo meditando durante largas horas en su sofá preferido, acompañado de cervezas y botanas para estimular su creatividad. La estimuló hora tras hora hasta que llegó la gran idea: 

¡Una taquería homeopática!

Había leído en algún lugar, que la homeopatía utiliza para curar las mismas sustancias que dañan al organismo, pero en dosis reducidas. Por lo que ideó administrar los medicamentos dentro de los tacos y bebidas preparadas. Así, alimentaba y curaba al mismo tiempo. ¡La gran solución! ¡La integración de los servicios de salud y alimentación!

Puso su puesto enfrente de una clínica del Seguro Social —amparándose de inmediato para que no lo desalojaran las autoridades— con un vistoso anuncio en la parte alta y a todo lo largo del negocio, que decía en color rojo bermellón: 

Tacos homeopáticos de El Salvador 

Y en letras más pequeñas de color amarillo contundente: 

bebidas curativas y energizantes a base de hierbas, frutas y sales minerales"

No tardó en tener éxito, pues los pacientes de la clínica —después de cinco horas de espera y quince minutos de consulta— desesperados porque no les daban los medicamentos, caían bajo las garras de El Salvador.

— ¡Pásale güero...pásale! ¿Qué te duele? ¿ Que te aqueja?... para tú mal del corazón ¡Aquí tengo tú molleja!

Se acercaba la clientela y después de diagnosticarlos en menor tiempo que lo hacía el médico, les surtía la receta.

—para tú diarrea: tres tacos de tripa y un licuado de epazote con perejil y limón. El tratamiento dura tres días, así que mañana te espero a la misma hora. Pasa a la caja, son cincuenta de los tacos y el licuado; y treinta de la consulta.

¿Que tienes flebitis? ¡No, lo que pasa es  que la sangre se te está amorongando! Necesitas 2 tacos de moronga en chile verde y un atole de membrillo. Venme a ver cada tercer día, pero vente caminando, porque necesitamos que circule la medicina. 

—¡Don Chava, dos tacos de carnitas!

—¡Espérate, que estoy dando consulta¡ Y no te auto mediques, deja que yo te recete.

Tenía tres meses funcionando exitosamente la taquería-consultorio, cuando se presentaron los inspectores sanitarios acompañados de policías y clausuraron el changarro, no sin antes haberle gorreado un "menudo" y unos tacos de chorizo.  

Lo llevaron con el Ministerio Público y le imputaron al menos siete delitos que implicaban penas por más de diez años, por lo que no alcanzó fianza. Lo recluyeron en prisión hasta ser enjuiciado. 

El Salvador  lleva tres años en prisión y aun no le dictan sentencia porque, por extraño que parezca, nadie ha confirmado los cargos. Los incriminantes, murieron de fuertes dolores intestinales y convulsiones. En el acta de defunción el forense asentó: Deceso por accidente de trabajo

Don Chava sigue practicando su ciencia en la crujía cuatrocientos quince del Reclusorio Central. Las autoridades se lo permiten —yo diría que fomentan su ejercicio profesional— porque ha contribuido a reducir el hacinamiento y los gastos de mantenimiento del lugar, logrando, en poco tiempo, que cada recluso cuente con su propia celda.




Águila o sol

 Águila o sol…


Gárgamel



"Se llama sueño americano porque 

hay que estar dormido para creerlo." 

George Carlin.



El movimiento lento y ruidosamente mecánico, acompasaba el traqueteo constante,  monótono, adormecedor, eterno, que lo llevaba a imaginar el latir del corazón de aquel gigante animal que con su potente rugido avisa a los desamparados que los llevará a alcanzar un mundo de riquezas materiales (el regreso del humano a un paraíso perdido por la ambición, consustancial a la especie). Un mundo de abundancia en alimentos, lujos, comodidades, vida placentera, como lo había visto en infinidad de películas  en el televisor de  Don Gervasio, dueño de la tienda del pueblo, que por unas cuantas monedas, los acercaba a un mundo diferente y envidiable. 

Había dejado a la Toñita y a sus cuatro hijos con sus padres, prometiéndole que, en menos de un año, iba a mandar por ellos: “Seremos gabachos, tendremos coche, casa con jardín, un bonito perro y todos hablaremos inglés”, les dijo.

No podía dormir de contínuo por miedo a rodar y caer del lomo de la bestia y ser masacrado en las vías, o que sus pertenencias fueran robadas, especialmente el teléfono celular, que era el medio de comunicación con sus seres queridos. El atroz cansancio lo consumía, era el décimo tren que abordaba desde su salida de Ixtepec. El lugar en la línea central del vagón, era un privilegio que implicaba cierta seguridad. Cuando la fisiología de su organismo le demandaba atención, solicitaba ayuda para que lo sostuviesen, esa era la única solidaridad que recibía de los acompañantes.

Faltaba poco para llegar a Nogales, Sonora, última parada para la entrada al ensueño americano. Su organismo le exigió una liberación y solicitó ayuda a dos vecinos para que lo sostuvieran: se bajó los pantalones, trusa y tomando ambas manos de los apoyos, se acuclilló…

Las manos se abrieron… El sentimiento de vacío se acompañó de un alarido amortiguado por el rugido de la bestia avisando su llegada al poblado.

La mochila abierta descubrió el celular. El sonido persistente, como una angustiosa premonición, fue acallado por el ganador del volado… 


28 de septiembre de 2023


jueves, 21 de septiembre de 2023

Mutismo sórdido

 Mutismo sórdido

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Era su segundo café, el sabor ácido en la boca le indicaba una halitosis molesta causada por las emociones negativas en el transcurso del día y la tensión de la espera para definir el transcurso de vida; tomaba agua para disminuir la incomodidad que le causaba una resequedad en la garganta y la pastosidad chiclosa de su lengua. Las manos nerviosas, apoyadas sobre la mesa, entrelazaban los dedos y acariciaban el delicado anillo de compromiso, con impaciencia. La poca clientela del pequeño restaurante poco a poco abandonaba el lugar cubriéndose con sus abrigos, sombreros y embozados en abrigadoras bufandas. Al exterior el invierno crudo fustigaba con violentos vientos helados la ciudad de New York. Las temperaturas alcanzadas en ese invierno eran las más bajas en muchos años. 

Casi la medianoche y no llegaba… 

Los meseros se preparaban para cerrar el lugar, era la última cliente y, decidió salir.

Con lentitud se incorporó, acomodó el sombrero flapper de modo que la cabellera quedara cubierta por las alas caídas de la prenda en la parte posterior y las laterales. La mirada triste y cansada confirmaba la desilusión del sueño que la inclemencia de una realidad infausta le azotaba la cara en el vendaval gris de su historia. Se cubrió el cuello con las solapas de pelo de marta del grueso abrigo y salió a enfrentar la crudeza de la intemperie.

Caminaba lentamente entre fárragos húmedos que le rebasaban las botas, sin rumbo fijo, sin interés en nada que le rodeara, con solo un pensamiento rondando en su mente: 

“Se perdió el saber que ha engendrado una nueva vida…”


Abrió los ojos deslumbrándose con la claridad de una mañana fría, la comodidad de un lecho tibio, el adormecimiento de las piernas, manos y un dolor sordo en el bajo vientre…

Al llamado del timbre entró la enfermera, le explicó que la ambulancia la había recogido en la calle, en atención al aviso de un automovilista que la vio inconsciente en la banqueta. La llevaron a urgencias y debido a la hipotermia tan intensa con la que llegó, el feto no había resistido. El dolor que sentía era consecuencia de un legrado…

La enfermera, compungida y con cierto nerviosismo, le entregó el anillo de compromiso que habían recuperado al amputar el dedo congelado…

El gemido de un corazón palpitante vociferando la negación de la información provocó un alarido sordo que, desbordando sus párpados, resbaló a través de las mejillas y empapó el ambiente de tristeza y soledad. 

El mutismo fue la respuesta, el llanto interior consumió su escasa energía, cerró los ojos y desfalleció…


21 de septiembre de 2023


miércoles, 13 de septiembre de 2023

Concierto de justicia

 Concierto de justicia

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La imaginación imagina de noche

 aquello que no haya de día.

Ramón Llull


La bruma oscura fría y húmeda, enmarcaba la habitación acobardando al albo haz, qué con timidez se deslizaba en la entreabierta ventana y reptaba sigilosamente por la pared posterior. En el suelo, el escritor, reclinado sobre el muro y abrazando las rodillas, fijaba la vista en el contorno alargado de aquella colorida máscara africana que colgaba en la pared de enfrente, adquirida en su último viaje a Senegal en un bazar de la aldea de Tambacounda. Representaba el rostro de un ser mítico de grandes poderes. Su boca plana, alargada y los párpados abultados semiabiertos, le impresionaban por su frialdad y crudeza.

Estaba angustiado, desesperado y pesimista. Le habían detectado cáncer hepático y metástasis en órganos adyacentes, con pronóstico terminal. Seis meses, dijo el médico…

En ese trance, después de horas de victimización, compilación de recuerdos y análisis de vida, un rumor leve en el interior de su organismo, como un quejido lastimero en un principio se fue acrecentando al percutir las paredes internas y desbordar en su garganta en un grito: ¡Permanencia!... ¡trascendencia!... No quería morir, ¡aún no! No había terminado de transmitir sus pensamientos, conceptos, creencias, pasiones, visiones…

           ¡Trascender!, necesitaba trascender y la narrativa era su única manera de hacerlo.

“¡Pensamientos y sentimientos, es lo que vaga en el etéreo, la herencia de la humanidad que ha dejado el lastre físico!”, oyó en su interior. Instintivamente, miró a la máscara, los ojos entreabiertos, de un brillo amarillento, se fijaban en él.

“Tienes poco tiempo de vida física y una necesidad enorme de trascendencia. Te haré un favor con un pago recíproco. Abriré el acervo etéreo del pensamiento universal para alimentarte de las ideas para tú obra, con la condición de que en los relatos describas la historia de sufrimiento y maldad que han sufrido los pueblos africanos…”

Con fervor luminoso la claridad de la tibia mañana desplazó a la oscuridad arrumbándola en las comisuras de las paredes y en su transitar, le dio calor al entumido cuerpo del escritor e iluminó el escritorio donde permanecía el inconcluso relato.


Septiembre 13 de 20