domingo, 7 de marzo de 2021

Doble vida

 


Doble vida

Gárgamel

Era dura como un árbol de mezquite, su piel surcada por veredas en el rostro quemado por el sol dejaba huellas como el agua sobre la arcilla de los caminos. La vieja Matilde caminaba lento, auxiliada por un bastón. Llevaba sobre las espaldas el lastre de una vida de lucha y el orgullo por defender el rancho que le heredó Jacinto, su esposo. 

            Antonio, pequeño y delicado de salud, creció bajo la protección materna. Con la finalidad de fortalecer su carácter, Lo enroló en el ejército.

            La noticia de que el destacamento en que militaba su hijo había sido secuestrado, llegó al rancho. Matilde acudió a todas las autoridades que podían intervenir para la liberación, sin éxito. 

            Varios meses después, se presentó a la puerta del rancho un desconocido solicitando hablar con doña Matilde. 

            —¿Qué se le ofrece?

            —Vengo a negociar la liberación de Antonio.

             Le entregó varias fotografías para demostrar que era un representante de un grups armado. Antonio se veía delgado y en la tristeza del rostro lampiño, una súplica imploraba libertad.

En el  atardecer del séptimo día, Antonio abrió la puerta y corrió a abrazar a su madre. Platicaron toda la noche, vertiendo lágrimas estancadas en la penumbra de los años perdidos. Les amaneció con la vaciedad de las palabras dichas, y los sentimientos esclarecidos. Las dos figuras, cansadas del hablar claro, crudo y directo, se mostraban desfallecientes. Al separarse, ya no eran los mismos. 

El notario lo localizó mediante edictos en los periódicos de la ciudad. Después de aceptar la herencia de su madre, ondulando el cuerpo a cada paso, y esparciendo emanaciones seductoras en el ambiente, caminó hasta el bar donde se leía en una marquesina: “Antonia, la bella del Pacífico y su show erótico”. 

7 de marzo de 2021


domingo, 21 de febrero de 2021

Presagio

Presagio

Gárgamel


…Sentía, cuando decía: “te amo, pero no puedo vivir con la carga de tú inseguridad”, que realmente me estaba expresando su desamor, su hartazgo, el fastidio de nuestra relación; y, entre más lo aseguraba, se acrecentaban mis dudas, formando un vacío caustico, desgarrante, que laceraba mi interior produciéndome sufrimiento, desazón, desesperación, angustia. No encontraba sosiego en ningún lado, deambulaba por las calles sin destino fijo con la ofuscación constante de un sentenciado a muerte o el extravío vesánico de un alma enajenada.

La amaba, hacía todo por halagarla: la mimaba, trataba de cumplir cada uno de sus caprichos… Sus deseos, eran órdenes. Pero entre más lo intentaba, menos la complacía. Entonces, comencé a sospechar que tenía un amante. Eso me perturbó más, la idea se fue incrustando en mi mente de tal forma que, pronto, se convirtió en verdad; una angustia que comprimía permanentemente el pecho se incorporó a mi pesadumbre. 

Contraté un investigador, para desenmascarar su traición. Su dictamen fue negativo. Entonces pensé, qué si aún no lo hacía, si era susceptible de traicionarme en el futuro.

Le hablé a mi amigo Juan, sabiendo que siempre le había gustado Ana, y le propuse la cortejara. No quería, pero después de mucho insistir, aceptó como una muestra de amistad hacia mí.


Hace una hora, en el callejón cercano a la casa de Ana y al amparo de la mortecina luz del farol, los vislumbré recargados en la fachada de la casa de piedra, besándose apasionadamente.

¡Me enardecí, oficial!, saqué la pistola y no importándome sus súplicas, les disparé a quemarropa. Se desplomaron y en un último movimiento, fallecieron tomados de la mano… 

¡Tenía razón, oficial!... ¡Me engañaban!

21 de febrero de 2021


martes, 2 de febrero de 2021

Creatividad independiente

 Creatividad independiente 

Gárgamel


La luna, embozada tras hipócritas nubes, penetraba fría por la pequeña ventana, sus rayos se esparcían en un abanico entrecano sobre el piso oscuro. Horacio, con una taza de café en la mano, recorría el escaso espacio cavilando en esas primeras horas del día sobre la temática de su próximo relato. La pantalla de la computadora parpadeó llamando su atención. Se dirigió  hacia ella y observó la imagen de su blog en el que tenía registrados sus cuentos: 313. “En  siete años de escritura ese número de relatos, no está mal”, pensó.Y, cambió al programa de edición.

Tomó un trago de su café y  se cuestionó  sobre cuáles eran los factores que le habían permitido escribir tal cantidad de historias en ese tiempo. Determinó que, en principio, los retos impuestos por las condiciones establecidas para el desarrollo del ejercicio semanal, habían estimulado la imaginación para producir sus relatos. En ese momento, la pantalla lanzó un destello. “Estamos de acuerdo”, comentó, sonriendo. Bueno, dijo en voz alta: “Y… mi creatividad”. La pantalla parpadeó dos veces. ¡Cómo que no!, respondió con desdén; y dirigiéndose directamente al computador, le reclamó: ¿¡Acaso tú, maldita máquina y los programas de edición, diccionario y el internet, hacen el trabajo por mi?! La pantalla titiló una vez. ¡Ha-ha!, exclamó. Y a mi imaginación, ¿dónde la dejas? ¡Tú sólo eres una máquina bajo mi mandato!...

Escucho, con estupefacción el sonido de interrupción y apagado del ordenador. Trató de reiniciarlo, sin éxito. Malhumorado, tomó papel y lápiz. Antes de comenzar a escribir, volteó hacia la computadora y le espetó: ¡Para que veas que soy independiente!


31 de enero de 2021





viernes, 22 de enero de 2021

El cuaderno marrón


El cuaderno soterradamente sugerente al escritor solitario


Cada libro, cada volumen que ves aquí, tiene un alma.
El alma de la persona que lo escribió y de aquellos
 que lo leyeron, vivieron y soñaron con él…
(La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Zafón)


El invierno lo acompañó por el viejo parque. Cubierto con un abrigo largo, bufanda, sombrero y el periódico bajo el brazo, Eleuterio Campos caminó lento sobre la terrosa superficie del sendero cubierto de hojas muertas, pensaba en la serie de cuentos y relatos que quería editar. La brisa suave le acarició el rostro con la sensualidad sedosa, volátil y efímera de una tenue frialdad; su aterida nariz… sollozaba. 

Atisbó los dos añejos arboles resguardando la banca verde en la que día a día, fingía informarse con el diario, escapándose horas enteras en la añoranza. Al desplegar el informativo, miró bajo la banca un ajado cuaderno marrón meciendo sus hojas al manso capricho del viento. Dejó el periódico y lo levantó. Comenzó a hojearlo y se dio cuenta de que estaba lleno de citas e ideas para posibles relatos. Leyó algunas que le interesaron por estar cercanas a su vida:

Estar solo no tiene nada que ver con cuantas personas hay alrededor.* 

Sí, vivía sólo, pensó. Su esposa, muerta; y sus dos hijos en el extranjero; y pocos amigos, que no frecuentaba. Sin embargo, sonrió, disfrutaba su soledad. Su vida estaba repleta de libros y escritura. 

Siguió hojeando:

El buen escritor no sabe nunca si sabe escribir.**

Meditó la frase y pensó: ¿Quién lo determina? Si es arte, la calificación es subjetiva ¿no?, porque está sujeta a la apreciación personal...  Por otra parte, ¿para qué, o quién, escribes?... Yo lo hago por placer, porque me siento a gusto al plasmar pensamientos en una hoja de papel y leer lo escrito tiempo después. Eso me lleva a revivir el momento y la circunstancia, volver al pasado. Pero también, es una forma de que mis cavilaciones trasciendan al encontrar algún despistado lector que explore mis fantasías… Sonrió y pasó la página.

Por el sendero veo a un perro amarillo, viejo y derrengado, que en su andar zizagueante se detiene de vez en vez en los arboles, los orina para marcar su territorio,  fijar su ruta,  comunicar a sus congéneres que por ahí pasó él. Marca su individualidad y presencia en la vida (tema para cuento). 

Eleuterio, cerró el cuaderno, lo depositó sobre la banca y se retiró meditando sobre las diferentes formas en que el humano, similarmente a los perros, va marcando en la vida su territorio, forjando su destino y estableciendo su individualidad dentro de una sociedad competitiva.


*Revolutionary Road, Richard Yates

**Ramón Gómez de la Serna

22 de enero de 2021



viernes, 11 de diciembre de 2020

Mar de nostalgia

Mar de nostalgia


 Gárgamel


La enfermedad lo fue deteriorando paulatinamente hasta apoderarse de su cuerpo, una barca a la deriva en el mar indolente de la circunstancia, al cuidado solícito y tierno de la amada Maria. Había perdido el control del cuerpo, mas no el de la jovialidad e interés por vivir. En permanente espíritu de lucha, intentaba  comunicarse con el entorno; la susurrante voz era brisa que acariciaba con la afabilidad de sus palabras. El proceso duró meses… El término llegó una tórrida noche de verano, con la luz pálida de la luna filtrándose por la ventana y el sopor somnoliento enmarcando el ambiente. Al sentir el estertor, se  despidió de María con una mueca que deseaba ser sonrisa, en un vaho de amor y agradecimiento.

Meses duró ella en ese departamento abrumada de soledad y tristeza, cada objeto un recuerdo, anécdota u olor de aquél ser inigualable que había sido su pareja, la razón de vida, el complemento perfecto de una relación de amor y comprensión. Se negaba a dejarlo partir, a olvidarlo; el rechazo no era un duelo, era un reclamo permanente y egoísta al Dios supremo al que había entregado su devoción. Se sentía traicionada…

Decidió cambiar su residencia: Vendió su departamento de Barcelona y adquirió uno en Madrid. El trajín de la mudanza la mantenía ocupada durante el día, pero al llegar la noche la añoranza la abrigaba con un manto de dolor y soledad. Para distraerse, visitó museos. Así fue cómo llegó al de la Reina Sofía. Recorrió varias salas y ya cansada, creyó sentir una suave caricia sobre su hombro, se detuvo frente a un pequeño cuadro de la época realista de Salvador Dalí: Muchacha en la ventana —estudio que le hizo a su hermana en 1920—. “Una joven se asoma al puerto desde su ventana abierta, se vierte una luz azul y apacible, como una promesa surrealista. Pareciera que el mar se infiltra a través de las cortinas, que vuelan con la caricia suave de la brisa salada…”* Un aura meditativa circundaba la figura de la chica recargada en la ventana, llamando su atención; le  sedujo la serenidad, placidez y frescura de la obra.

¿Qué estaría pensando?, se preguntó…

—Tal vez está vertiendo en las olas del mar su nostalgia y recibiendo respuesta con las caricias de la brisa, oyó en su interior.

—¿¡Pepe!?, pronunció en voz alta… Algunas gentes a su alrededor, voltearon a verla, extrañadas y siseando el respeto al protocolo de silencio del museo.

—No tienes que hablar, exprésalo en tu mente, escuchó...

Mi querido Pepe, en los recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se han ido los días, semanas y  meses…✪  y así bogo hacia mi destino, sin renunciar a tú inefable memoria, en este oleaje taciturno y permanente de añoranza…


—Hola Roberto, ¿cómo va la ronda?

—Igual de aburrida, Juan. Las mismas esculturas y cuadros de los que me voy a jubilar pronto, y la vieja que diariamente se sienta a contemplar la pintura de Dalí: Muchacha en la ventana, desde hace varios años, sonriendo, asintiendo o negando y envolviendo suavemente a la figura frente a la ventana, en suspiros de sal* que resbalan sobre su rostro.


*Andrea Fisher

 ✪Mi escritura en tiempos del COVID

11 de diciembre de 202


 

 

 



    


lunes, 7 de diciembre de 2020

La habitación

 La habitación

 

 

Gárgamel

 

…el  terror me invade, paraliza y exprime hasta mojar la ropa. Grito e imploro la muerte cada noche, padre, cuando  aparece la imagen de mi amada Carla bañada en sangre, con el rostro desfigurado por la agresión, señalándome amenazante. Me repliego a la húmeda pared y escondo mi cara entre las piernas, hasta que desfalleciente suplico que dejen de golpearme en esta jaula compartida…

jueves, 19 de noviembre de 2020

El cristal con que se mira

 


El cristal con que se mira

Gárgamel

En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, 
todo es según el color del cristal con que se mira”.
Ramón de Campoamor y Campoosorio 

(1817-19019

Merendó el tradicional chocolate y el pan de dulce, entre las pláticas insulsas y repetitivas de su madre y abuela; con cierto apuro, se desprendió de la malqueriente crítica al vecindario, apuró el último sorbo de la aromática bebida y se despidió con una sonrisa enmarcada aún por las delicias de los sabores degustados. Levantó de la silla la torpeza de sus treinta y cinco años, e irguió su famélica figura; ajustó los pesados lentes en el aguileño soporte, y con paso presuroso se dirigió a su habitación. 


Encendió el computador y su perfil emergió con impetuoso orgullo. La imagen bella y varonil que se había creado, lo deleitó: Cabello largo, trigueño, descansando en una orla desparpajada sobre los hombros y el rostro de profusa varonilidad; la sonrisa cálida y atrayente revelaba ternura y sus verdes ojos tranquilidad y seguridad. El torso musculoso enfundado en un suéter con cuello de tortuga denotaba el buen gusto en el vestir. Había seleccionado el personaje que lo caracterizaría después de escudriñar largo tiempo perfiles de actores en agencias de publicidad. “Valió la pena haberle rogado a mi madre que pagara el costo de la contratación de las imágenes. Y es que, en mi marea creciente de obsesión por un ser perfecto, fabrico espejismos —fuertes, esbeltos, bellos—, quizá porque solo sé amar cuando soy irreconocible”, pensó.

La encorvada figura, seleccionó uno de los diez nombres del archivo novias: Felícitas. Se conectó a su correo electrónico y escribió:

Hola amor, he estado pensando mucho en ti, reviso constantemente el correo y si no veo mensajes, me angustio, entristezco. Ayer por la noche, después de un día pleno de juntas en la empresa y de tomar decisiones que involucraron millones de pesos, fui al Club de Industriales a una cena con el embajador de Austria. Estaba distraído, porque cuando él me hablaba de importaciones y exportaciones, yo estaba pensando en ti. Llegando a casa proyecté en una pantalla las imágenes y videos que me has enviado, me excité disfrutando tu belleza y las originales posiciones de las tomas. Ansío conocerte físicamente. En cuanto mis actividades profesionales lo permitan, lo haré. Sígueme enviando tus eróticos videos, ya que son la motivación para apresurar nuestro esperado encuentro.

Con mi amor

 Arnulfo


Envió el escrito y remitió el mismo mensaje a los correos de Gladys, Esperanza, Rutilia, Ausencia, Isidra, Apolonia, Gracia, Angustias y… Amanda. Pasó varias horas editando los videos e incorporándolos a su sitio porno: “Supremas”.


—¡El timbre no deja de sonar! y nadie abre. ¡Mamá, abuela, atiendan!… Ante el mutismo, se descobijó, calzó las pantuflas y se encaminó a la puerta del departamento. Al abrirla, emitió el nombre con un quejido: 

—¡Felícitaaas¡…

—¡Sí!, y tú ¿Quién eres?, busco a Arnulfo, mi novio… La policía cibernética me dio esta dirección…

Con la cara demudada por el nerviosismo, responde:

—Ya no vive aquí.

—Y tú, ¿Cómo me conoces?...


19 de noviembre de 2020.


viernes, 6 de noviembre de 2020

Quimera


Quimera 
Gárgamel 
Flotaba en el ambiente la amarillenta luminiscencia de una lámpara junto al sillón donde fumaba y leía; el humo del cigarro partía del cenicero y se elevaba en espiral entreverándose con el sonido de la música suave, lenta y pegajosa que emitía el reproductor, estableciendo una armónica sinergia que impregnaba el lugar de placidez. 
    La lectura de la novela fantástica, me llevó a las andanzas de una hermosa golem˙morena de cabellera negra y abundante, que caía sobre la descubierta espalda entornando parte de su escultural cuerpo; los ojos negros, resguardados por largas pestañas, fulguraban alegría y se reflejaba en su bello rostro; y un djinn˙˙ alto, fornido, de facciones toscas y pelo ensortijado, que no ocultaba en su antigua vestimenta, su origen.        La obra, situada en las postrimerías del Siglo XIX en Nueva York, me envolvió. Me imbuí en sus aventuras, seguí a los protagonistas en el deambular nocturno en la ciudad: del barrio judío al sirio, del latino al irlandés… Ninguno de los dos, dormía. Después de observar los dos, que fueran donde fueran, los seguía de cerca, los vigilaba, los acosaba, se acostumbraron a mi presencia como si fuera parte de la trama... 
     Beatriz, la golem, estaba diseñada para hacer hasta lo imposible por complacer a los humanos, su inventor, un sabio alemán, la llevó a Nueva York para vivir sus últimos días con ella; fueron pocos, la lujuria pronto lo acabó. 
      Con el tiempo, Beatriz notó que había una falla en su diseño: “Un hombre, borracho y trastabillando le sonrió y le acercó sus pensamientos nublados por la lujuria. Para su sorpresa, se dio cuenta de que este era un deseo que no deseaba cumplir”* 
      Debido a mi sociabilidad y programación de ella, me fue sencillo entablar amistad. Ahmmad, el Djinn, un pillo redomado, difícil, taimado y mentiroso, era simpático y charlatán, tardó en aceptarme. El tipo tenía poderes mágicos que utilizaba con frecuencia, satisfaciendo caprichos y aligerando nuestras vidas.   
    Una madrugada, después de vagabundear por la ciudad, platicábamos en un arbolado parque, iluminados tenuemente por un farol que salpicaba claridad sobre la alfombra umbrosa y fría del otoño. Fuera del contexto de la plática, Ahmed, nos invitó a conocer su casa. Con la rapidez de un rayo, llegamos a una montaña cubierta de maleza, y entre ella, se abría un tajo. Nos introdujimos, alumbrados por luces que el djinn iba prendiendo con indolentes ademanes. Al fondo, sobre unas piedras, una rara y oscura botella. Ahmed se paró frente a ella, le quitó el tapón y extendiendo el brazo nos señaló: —¡Mi casa! Pronunció palabras ininteligibles y en un suspiro, nos encontramos en el fondo: un palacio árabe, de amplios espacios, columnas, arcos, cúpulas, pisos bellamente adoquinados y alfombras… 
    Recostados en cómodos cojines, escuchamos su historia: 
    —Hace mil quinientos años mi tribu combatió contra los Ifrits, espíritus paganos, que con la ayuda de Iblis˙˙˙, nos derrotaron. Me condenaron a vivir en esa botella hasta que alguien la encontrara y la abriera. Una vez hecho esto, la obligación es estar dentro durante el día hasta encontrar un inquilino permanente. Hace unas semanas, un pastor abrió la botella y salí convertido en demonio, el campesino huyó desaforadamente… 
    Pero, dejémonos de historias tristes y bebamos vino realmente añejado. A la tercera botella, nos dimos cuenta de que Ahmed se tardaba mucho en regresar del baño… 
    Calculo que llevamos Beatriz y yo doscientos años en la botella. Yo no sé de que se quejaba Ahmed: vivimos como reyes, no envejezco, ella no se ha descompuesto, sigue bella y satisface cada uno de mis caprichos. Esto es el paraíso… 

6 de noviembre de 2020 

 . golem, ser animado fabricado a partir de materia inanimada 
.. djinn, espíritu de la mitología árabe preislámica. 
˙˙˙ Iblis, diablo 
*La Golem y el género (Helene Wecker)

viernes, 23 de octubre de 2020

La última Bernarda Alba

La última Bernarda Alba

Gárgamel

En la bandera de la libertad
bordé el amor más grande de mi vida.
Federico García Lorca
(1898-1936)

La permanente penumbra se enseñoreaba en la añosa vivienda, mientras una tenue claridad entrecana bregaba palmo a palmo por invadir los intersticios de las puertas y ventanas clausuradas. El luto jurado por Bernarda a su esposo y respetado por las cinco hijas, tras ocho años de vigencia, actuaba bajo la represión del bastón emblemático que encarnaba la añoranza del patriarca. 
Esa noche, marcaría la rebeldía e independencia de Adela, la hija menor. Bajó a cenar vestida con un ropaje verde oliva, largo vestido escotado, que se deslizaba con fruición hasta llegar al piso. Al descender la escalera con lentitud, tratando de dominar el temor a la insubordinación, su resplandeciente imagen ondulaba con elegancia e iluminaba el entorno oscuro de sus cuatro hermanas en la mesa. La estupefacción y envidia irrumpió el recinto con el  clamor oscuro del respeto al juramento inducido. Las recriminaciones fraternas estaban plagadas de contradicción: por un lado, la observancia del designio materno, por el otro, la necesidad de una vida libre…
En el sombrío ambiente de la fría noche, se escuchó el trabajoso caminar de la anciana remarcado por el sonido duro y admonitorio del órgano rector. Escalón por escalón, la cacofonía aumentó el nerviosismo de las espectantes hermanas. La matriarcal figura, perforó con lentitud la penumbra impulsada por el halo débil que la rodeaba…
Un grito estentóreo rompió la tensión:
—¡Adela, has roto el juramento!, ¡manchaste el honor de la familia!. ¡Te vas de la casa y no vuelves!
Cabizbaja y rezumando lágrimas de miseria, alcanzó a balbucear… también, estoy embarazada.
Ante la respuesta iracunda y furiosa de una cachava blandida con intención de lastimar, las cuatro hermanas formaron un muro oscuro de protección, abrazaron a su madre y tras, un tiempo de violencia verbal, volvió la momentánea calma. 
Largos días de argumentaciones, reflexiones y explicaciones, fueron derrumbando la tozudez del carácter férreo de la rústica Bernarda. En un desbastamiento ligero y constante, las abrasivas palabra desgastaron la tosca madera de la intolerancia. 
La  tranquilidad en el ámbito familiar se reveló exiguamente al permitir la entrada de luz por las ventanas, el paulatino cambio de colorido en las vestimentas y el estallido jubiloso, con el nacimiento del primer nieto en la familia Alba.
 23 de octubre de 2020




domingo, 18 de octubre de 2020

El último deseo de Dorian

 

El último deseo de Dorian

 Gárgamel


La mejor manera de librarse

 de una tentación, es caer en ella.

Oscar Wilde

 

 

A los veinte años, Dorian se sabía hermoso, viril y atractivo. Hijo único de comerciantes prósperos, vivía un mundo de diversión, despilfarro, y vagabundeo.  Al regreso de un viaje a África sintió fuertes dolores corporales y fiebre incontrolable. A pesar de la atención médica y hospitalaria, los facultativos no lograban su curación. Una noche, postrado en cama, con temperatura alta, sudoración excesiva y dolor de cabeza, escuchó una susurrante voz pronunciar palabras que llegaron a su oído en un vaho tibio y carente de emoción:

            ­—“¿Ya vez qué frágil es la vida?... vives alimentando un enorme ego y la superficialidad existencial, no respetas normas y conductas de la sociedad; solo el hedonismo en el que subsistes, te alimenta… En el filo ondulante por el que caminas tendrás que definir tu destino, buscarás cual equilibrista que pendula bajo el cobijo de su pértiga, la estabilidad física y emocional con la que enfrentarás el futuro.

Sé que vivirás la transformación hacia la verdadera imagen que tu ser interior desea; las pasiones y disociaciones se irán reflejando conforme emerja la esencia oculta que te habita…”

Se restableció pronto ante la incredulidad de médicos y familiares. Consideró solo una pesadilla, el sueño pasado y siguió viviendo su inexorable forma de vida, aunque el espejo de su habitación le manifestaba día a día los cambios que sufría su aspecto físico.

 

Frente al revelador cristal admiraba su perfil rectilíneo, levantando la barbilla mientras cepillaba el terso cabello oscuro, refocilándose con las caricias suaves del cerdamen. La luz de la habitación proyectó la imagen del cuerpo moreno, de torso largo y glúteos firmes. Fijó satisfecho su mirada zarca en la figura mostrada, giró lentamente, admirándose y  pensando: “…sigo viéndome bien”,  sonrió. Terminó de vestirse, alineó las medias, ajustó la falda, se calzó las zapatillas de tacón alto  y salió al mundo a disfrutar una noche más de lujuria, concupiscencia y libertinaje…

 

17 de octubre de 2020

sábado, 10 de octubre de 2020

AGUA DE VIDA Y MUERTE



AGUA DE VIDA Y MUERTE

Gárgamel

El bramido sordo de la turbulenta  Iguazú lo sentía en su interior como fluido de energía que aún la mantenía viva. Con tristeza veía desde el mirador en que se encontraba, a la nebulosa brisa ascender por la columna de agua desde el himen rocoso e impoluto de la virginal y selvática montaña, hasta sus pies. Un haz multicolor iluminó la nubosidad y penetró la catarata formando un pentagrama natural donde una parvada de garzas, en sincrónico vuelo de notas musicales, puntillaron de blanco el horizonte verdoso de la selva tropical. La última radiación del día iluminó el demacrado rostro y la liberó de la angustia y desesperación acumulada en años de sufrimiento. Con el temor supurando el cuerpo, dio el paso final para incorporarse a la partitura de luz…








jueves, 1 de octubre de 2020

Sombra de rencor

 



Sombra de rencor

JLLM
El ocaso de un día de verano mostraba la dejadez del viejo astro cansado de deslumbrar la vida en el transcurrir diario; su tímido fulgor penetraba por  la terraza, coloreando el marco de madera de la frágil mampara que protegía la sala. La sutil luz, reptó hacia el centro de la estancia y cubrió paulatinamente el cuerpo en posición de Sukhasana. El anciano meditaba, como lo había hecho la mayor parte de su vida, en los atardeceres del poblado de Kakunodate que vislumbraba a la distancia matizado por un nimbo de cerezos en flor. En el horizonte, los colores se confundían con los reflejos moribundos de aquel sol en agonía. 
    Al sentirse tibiamente acariciado por lo gratificante del entorno, abrió los ojos y descansó su vista en el avance lento de la luz y las sombras proyectadas en los diferentes objetos de la habitación:     “Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. Sin embargo, cuando avanza la luz, se producen movimientos fugaces de vida etérea. Los orientales creamos belleza, haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes”, pensó.
El avance de la luz en la penumbra de la sala y su proyección sobre los objetos lo rebasó; comenzó entonces a imaginar la progresión de ésta a su espalda, la creación fantasiosa de sombras que al deslizarse topaban con los objetos, distorsionando sus figuras. La claridad imaginada llegó a  la mesa esquinera que soportaba la estatuilla del guerrero Honda Tadakatsu, con su famosa espada Nakatsukasa Masamune, en actitud de ataque; su ficción impelió la sombra alargada del arma hasta el retrato de su finada esposa Akira, iluminado aún por los postreros rayos del atardecer. La sombra del acero avanzó hasta situarse justo en el cuello de la mujer amada. La pasión invadió el cuerpo del anciano, los músculos se tensaron, y el dolor visceral de odio, angustia y desesperación, volvió a sentirlo como en el momento que había vengado la traición… 
La penumbra, encubrió el amor y el odio que escurrieron por su rostro, como lo ha hecho a través de los años.
7/09/24






miércoles, 23 de septiembre de 2020

Daruma

Daruma

Gárgamel

Conseguir una diputación, era mi meta. Estaba dispuesto a utilizar cualquier recurso, viniera de

 dónde viniera… Y confiaba en la magia de mi Daruma, un poderoso talismán nipón. De 

estructura ovoide, una figura humana sin brazos, ni piernas, y ojos carentes de pupila, me

 miraba fijamente en su sarcástica nebulosidad. Con la fé puesta en el fetiche, pinté un iris en su

 ojo izquierdo, e hice mi petición. Al cumplirse el propósito, debería colorearse la pupila derecha. 

        Con la esperanza prendida al deseo lo empujaba diariamente y después de un bamboleo,

 regresaba a su posición original.


El día de la elección, a la que llevamos acarreados, repartimos despensas, rellenamos 

urnas, e hicimos todo para ganar, revisé la repisa y…       ¡alarmado!, observé que se había 

despintado el ojo del Daruma. Lo empujé con el dedo y… no se reincorporó… 






 






domingo, 13 de septiembre de 2020

Sputnik V

 Sputnik V

 

Gárgamel

 

Fastidiado de estar encerrado por temor a la epidemia del atroz virus, encendí el ordenador para escribir mis sentimientos y temores de los seis meses de enclaustramiento obligado. Comencé a navegar por las redes, buscando artículos que me sirvieran para fundamentar el relato. Con sorpresa vi que apareció un mensaje dónde solicitaban voluntarios para probar la vacuna rusa Sputnik V.  Yo llenaba los requisitos: mayor de sesenta años, con hipertensión, diabetes, exceso de peso, y fumador consuetudinario… Me armé de valor, y pensando acabar de una vez por todas con la lapidaria carga que la naturaleza vengativa había mandado, llamé a la Embajada y solicité cita. La otorgaron a la 5:00 p.m.

Con tiempo suficiente, acoracé el rostro con careta y cubre bocas; cubrí las manos con guantes, y los pies, con botas de hule; el cuerpo, con una bata y gorra de enfermero; me rocié con desinfectante y partí caminando a la embajada rusa, procurando mantener en mi andar la distancia con los transeúntes. Las circunstancias —obstáculos diseñados por un ente malévolo— trataron de impedir mi avance: no había caminado ni tres cuadras, cuándo un ruido estrepitoso de tambores y gritos cubrió el entorno. Un grupo de feministas, embozadas, al grito de ¡Ni una más!, acompañadas de feroces activistas cuya cubierta impedía la entrada del virus, pero no la salida de invectivas procaces que sonrojaban hasta a los perros callejeros que las contemplaban con miradas de ausencia, me envolvió. Grité a todo pulmón, desde el interior de la cobertura:

            —¡La sana distancia!... ¡la sana distancia, por favor!... Prediqué en el desierto, porque grafitearon mi bata: ¡violador!... ¡inútil!

            La angustia engullía a tarascadas el tiempo restante para la cita, por lo que decidí tomar un taxi.

            Con una sonrisa enarbolando un abundante bigote, me preguntó el conductor:

—¿A dónde?,

            —A la Embajada Rusa, contesté. Con horror escuché un estruendoso estornudo, como contestación a mi indicación. Me hundí en el asiento y embadurné de gel desinfectante las manos y ropa.

            Bajé corriendo del automóvil y enseñé la cita al empleado de recepción. La revisó con displicencia y devolvió el papel con un estentóreo: я опоздал (llegáste tarde).

            Decepcionado regresé en el Metro, entre apretujones y hedores de usuarios con cubrebocas sosteniendo la papada. Nuevamente volví a cubrirme de gel desinfectante; al llegar a casa tomé un baño, y encendí el televisor para ver el informe del doctor Gatell. Me angustió el pensar que podría contribuir a incrementar la estadística.

           

Cinco días despúes de mi aventura… tengo fiebre…

11 de septiembre de 2020

Mi escritura en el tiempo del Corona virus

 MI escritura en el tiempo del COVID

 

Gárgamel

 

En recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se fueron los días, semanas y meses, con el sentimiento de impotencia cargado sobre mis espaldas; el miedo, la desesperación y el hartazgo por un sorpresivo ataque a la humanidad de parte del enemigo invisible que no necesitó de armas para diezmarla, solo su presencia aniquiladora, invasiva y mortal. Enclaustrado en un entorno insustancial y apático, describí mi desesperanza…