domingo, 18 de julio de 2021

TENTACIÓN

 Tentaciones

Herlinda Caballero

A la calle de Tajín 273, Narvarte —le indique al chofer del taxi— y me concentré en mis recuerdos:

“…celebraremos en casa de mi querido Pedro Ruvalcaba, los veinte años de haber egresado de la Facultad de Filosofía. Tantos años y aún, seguimos reuniéndonos… Bueno, nos faltan Gustavo y Etelvina, ya fallecidos. extraño el carácter alegre de él; ella era agradable pero muy creída, sentía que por ser hija de un Procurador, le debíamos consideraciones especiales; lo cierto es que sus puntos de vista siempre fueron avasallados por los de Weber, Marx, Engels, Lenin y otros espíritus socialistas, moradores permanentes en la Facultad de Filosofía de la UNAM.  Agradecí a Antonio que no quisiera acompañarme, se aburre con las pláticas sobre gente y eventos desconocidos; ciertamente sola, disfruto más a mis amistades…”

Me abre la puerta  la figura alta y deportiva de Mauricio Coral (coralillo, por su sarcasmo). Sus negros ojos resplandecen al mirarme y me recibe con una gran sonrisa:

—Hola Herlinda, ¡Qué guapa! Cómo los vinos… ¡mejoras con los años!, pasa. “Me sentí gratamente halagada. Vinieron a mi mente los paseos en “las islas de la UNAM” tomados de las manos y los encuentros amorosos arropados por los árboles…”  Sonreí al revivir emociones juveniles y me incorporé a la reunión. Recorrí el departamento saludando a los grupos que encontraba y me  planté en el de  Frida, Ana y Margarita. Conversaban sobre sus trabajos y familia.

Y, tú, Herlinda a ¿qué te dedicas?, me cuestionó Frida.

—Estoy casada, tengo dos hijos varones de dieciocho y diez y seis años. Imparto la catedra de Historia de la Filosofía, en La UNAM  y escribo cuentos. —¿Cuentos para niños? preguntó Margarita. —No, para adultos. Sobre distintos temas. Me encanta explorar en la fantasía de mi ser y estructurar ficciones que conmuevan o impresionen al lector. Es una diversión, tal vez un vicio, que se ve satisfecho con el análisis crítico de mis compañeros del taller en el que participo…

—¡Bueno, bueno!, es mucho cuento, se oyó la voz de Mauricio al acercarse. Están tocando una balada ¿Bailamos, Herlinda? “Un tinte de emoción me recorrió la piel y la lluvia de remembrantes imágenes salpicó mi mente…”  Le tendí la mano… Bailamos muy juntos durante un tiempo. La recurrencia a la añoranza se fue haciendo presionante: una parte de mi, estimulada al sentirlo, disfrutaba el momento, otra, me cargaba de culpas… Ya es muy tarde, Mauricio, me voy. —No, no, te llevo. Insistió varias veces, hasta que acepté.

—¿A dónde? —Pues, a mi casa. —Podríamos ir a un bar o… ¿al hotel? “…la emoción me desborda, el deseo me empuja a abrazarlo, la tentación es muy grande…”

Con voz grave, apenas audible, le contesto: —A mi casa…

18 de julio de 2021

  


domingo, 11 de julio de 2021

FUGAZ Y SEMPITERNA DIABLURA

 






Fugaz y sempiterna diablura


Gárgamel


Ojalá vivas todos los días de tu vida. 
Jonathan Swift


Una ancestral casa en ruinas, la curiosidad infantil y un vidrio roto del sótano, permitió la entrada a lo insondable… En la penumbra, un polvoso baúl con una leyenda desgastada: “#a v#da #fímera”, leyó el infante —sin entender—. Se acostó en el acolchonado fondo. El desvanecimiento lo inmovilizó y en un maremágnum de confusas imágenes… ¡vio transcurrir su existencia! El viejo, rengueando y lloroso, abandonó su ruinosa aventura. 

 


domingo, 4 de julio de 2021

CRÍTICA LITERARIA

 CRÍTICA LITERARIA

Herlinda Caballero

En una mesa al costado del restaurante, al abrigo de frondosos y  ancestrales testigos Jorge levantó el brazo, con amplia sonrisa, me dirigí a su mesa. Hola Gárgamel, le dije con entusiasmo —recordando que Antonio, mi marido, le puso el mote—. 

El aroma del café exprés acariciaba el ambiente cuando abordamos el tema; 

—Herlinda, leí los relatos e hice mis comentarios en el texto, espero hayan sido acertados. Creo que, en general, tu prosa es literaria, amena. 

Exultante, con una sonrisa que comencé a desdibujar lentamente conforme encontré notas y señalamientos, hojeé el escrito… El rubor me avasalló y con turbación, agradecí la lectura al amigo escritor, mientras la ebullición interna me consumía:

“¡Pendejo, creído!... se siente un buen crítico literario, más certero en cuanto mayor es el número de observaciones… ¡Pero la estúpida soy yo, al dejarle mi trabajo para su análisis!...”

Me despedí con la cordialidad que merece nuestra entrañable amistad, aunque la visceralidad contenida desgastara mi rostro de alegría.

Llegué a casa por la noche después de regresar de trabajo en la Facultad de Filosofía, saludé a mis dos hijos, entretenidos en un videojuego y fui al estudio. Relajada, después de un día ajetreado, y con una copa de vino en la mano, grité a Joel y Adrián: ¡ordenen una pizza para cenar!, y me enfrasqué en la lectura:

“¿A ver qué me corrigió éste pendejo?... Hmmm, puede ser válida esta anotación… sí, lo cambio. Sigo leyendo: a ver, ésta nota… ¡vaya, podría ser una salida, no lo había pensado así… Otra página… ¡Nooo, Gárgamel, estás jodido! eso no es lo que quería decir… ¿Sugieres un sinónimo? ¡claro que sí, puedo encontrar uno!... ¡¿Mi sintaxis?! ¡No, Así quiero decirlo! aunque no te guste!… “ 

—¡Mamá, ya llegó mi papá y la pizza, vente a cenar.

—Hola cariño ¿Cómo te fue con Gárgamel?

—¡Bien!, es lindo. Se tomó la molestia de leer todos mis cuentos y me hizo acertados comentarios. Es un buen amigo, Te manda saludos.

 



sábado, 26 de junio de 2021

CUESTIÓN DE DEMOCRACIA

 CUESTIÓN DE DEMOCRACIA

Gárgamel

La puerta abatible de la cantina se abrió permitiendo la entrada de Francisco. Divisó a su amigo en una mesa del fondo y se dirigió hacia allá oyendo a su espalda el rechinido del repetido y degradado retorno del batiente. Saludó de mesa en mesa a los amigos que ahí se encontraban y llegó con Carlos.

―Hola, ¿ya votaste en la Consulta para proponer que sean juzgados los mandatarios anteriores por las decisiones políticas tomadas que hayan perjudicado al país?

―No, no voy a votar. Para detener a los delincuentes está la Fiscalía General de la Nación. Si existen evidencias y pruebas, que los enjuicien. Soy un demócrata, pero creo que este asunto no debe someterse a la Consulta Popular. 

―Carlos, esto tiene mucho más fondo que fijar responsabilidades y procesar culpables. Se trata de qué por primera vez, el pueblo participe involucrándose en las decisiones políticas del país. Estamos transitando de una democracia simulada, con abundancia de tejemanejes ―en qué la única participación ciudadana era ir a votar― a utilizar los diferentes instrumentos que nos permite una Democracia Participativa: la Consulta Popular, el Referéndum, el Plebiscito y la revocación de mandato. No es cosa menor, el país está entrando a un mundo diferente: la transparencia de las acciones del Gobierno, la información pronta y verídica, el involucramiento real de la ciudadanía en la toma de decisiones y el pronunciamiento sobre ellas. Entre copa y copa, se estiró el tiempo con controversias y risas; al anochecer, el ánimo, languideció. Al despedirse, Francisco cuestionó nuevamente a Carlos: —¡Así que eres un demócrata! 

        —¡Sí!...

—Y ¿Vas a aceptar la decisión de la mayoría? 

        —¡Sí!

Se levantó Francisco de la mesa y dirigiéndose en voz alta a los parroquianos, les dijo: ¡Esta es una Consulta Popular! ¿Quién creen que deba pagar la cuenta él o yo!

Se escuchó un rugido abrumador: ¡éééllll! Se volvió diciéndole: Ni modo, amigo, el pueblo ha hablado. Nos vemos la próxima semana.

26 de junio de 2021


jueves, 17 de junio de 2021

HETERÓNIMA

 HETERÓNIMA

Herlinda Caballero


El recuerdo es el perfume del alma.
George Sands
Aurore Lucile Dupin de Dudevant 
1/07/1804 - 8/06/1876

Estoy frente al escritorio y el ordenador tiembla de impaciencia por llenar la albura de una etérea página de ideas que mutarán en escritura: ¿historia o ficción? Esa es la incognita… Un aroma de añoranza roza con sutileza mi mente y define el sentido del relato; en un halo de añejos recuerdos me remite a la pubertad, después de aquel suceso que pudo ser bochornoso sin la ayuda de las compañeras del salón de clase: El paso de la cándida niñéz a la arriscada adolescencia que transformó mi cuerpo y pensamiento trastornando el divertido mundo infantil en una violenta fuga hacia una identidad propia; el tratar de entender la caterva provocativa y atemorizante de sensaciones y emociones recién descubiertas. Pronto encontré el método para retener momentos y volver a disfrutarlos en la intimidad de la habitación: mi diario. Qué a los cuarenta y cinco años de vida, aún conservo. Siguiendo a la esencia hedonista de esas reminiscencias, hojeo las primeras páginas y me detengo en la celebración de los quince años de Aurelia:

“Hoy fue el primer ensayo del vals. Las cinco amigas platicábamos en la parte alta de la casa y veíamos abajo a Francisco y a sus compañeros que había invitado, para ser chambelanes. Me acerqué a Aurelia y al oído le dije, ponme de pareja de Antonio…”

Sonreí por mí atrevimiento de aquél día y me deleité rememorando sus consecuencias. Volvieron a la mente imágenes lacradas por los años y decidí escribir un relato sobre las circunstancias, sensaciones y emociones en la fiesta de quince años de Aurelia: 

…después del vals estaba agitada por el trajín de pasos y figuras del baile; también por sentir los fuertes brazos de Antonio al levantarme, suspenderme y bajarme, rozando su cuerpo. Cuando estábamos en la mesa, la orquesta comenzó a tocar una balada romántica  y la bailamos muy juntos, mejilla con mejilla…  Sentí su pecho sobre el mío y mis pezones reaccionaron al contacto; sus muslos acariciaron los míos con ritmo lento y una sensación de intenso calor, me invadió. Torpemente me separé, pedí disculpas y corrí al baño a refrescar la cara y recuperar el aliento…

—Hola, amor ¿Qué haces? —Hola, Toñito, los muchachos ya se durmieron y estoy degustando una historia. —Deja eso, te invito a hacer otra bonita historia, en nuestra recámara…

17 de junio de 2021


viernes, 11 de junio de 2021

PERSISTENTE NOSTALGIA

PERSISTENTE NOSTALGIA


Gárgamel


Pablo se había había alejado de amigos y familiares, refugiándose en su pequeño departamento, desde la muerte de Ana. A partir de esa fecha, fincó una  fortaleza inexpugnable de irrealidad. Se envolvió en un manto de fantasía que le permitió transitar por el dolor que lo desgarraba y generó un gran mundo de evocaciones, añoranzas y nostalgias en las que comenzó a navegar a partir del doloroso acontecimiento. 

Recorría a contracorriente el espeso fluido de la existencia, en una profusa barca de melancolía que lo llevaba a navegar la diaria jornada transvestido en la antítesis de Caronte: en lugar de muerte, anhelaba transportar vida. Su ser respiraba el tráfago diario de añoranzas en continua ocurrencia: un anecdotario de eventos e imágenes,  emociones y desgracias vividas con ella, la mujer amada, con la que convivió más de cuarenta años. Por eso: 

¡no estaba dispuesto a dejarla partir! 

Las condolencias de los vecinos las recibió con agradecimiento, pero negó la muerte, sólo les manifestó su delicado estado de salud. 

La comunidad aceptó la disgregación del comportamiento de Pablo como una muestra desesperada de amor y dependencia de Ana. La gente, al cruzarse en su camino, preguntaban atentamente por el estado de salud de Anita y él siempre contestaba: “delicada, pero mejorando”.

El cotilleo se extendió en el vecindario y se tejieron historias… Se hablaba de haberla visto en la noche, a contraluz, pasar rauda por las ventanas emitiendo quejidos; los más tremendistas señalaban que su espíritu, proyectado en una gran sombra reptante, se deslizaba en las noches por las paredes de los edificios… 

Dejó de verse a don Pablo ir al mercado por las mañanas. Después de una semana, los vecinos llamaron a la policía…


La pestilencia que emanaba el departamento advertía muerte y descomposición. Al violentar la puerta, el hedor forzó a los agentes a cubrirse el rostro. Llegaron a la recámara y encontraron el cuerpo de Pablo carcomido por las ratas y  conservando aún puesta, la vestimenta de Ana.

11 de junio de 2021


domingo, 6 de junio de 2021

UN AMIGO DE LA INFANCIA

 UN AMIGO DE LA INFANCIA

Gárgamel

Cada vez su memoria fallaba más. En un mar de confusiones y espacios vacíos, los eventos se filtraban en la turba oscura de una inconsciencia desmayada, laxa, endeble, que eludía constantemente los desesperados esfuerzos de la escrutación razonada de sucesos recientes.Trataba de minimizar ante la familia las lagunas mentales, con la finalidad de que no se preocuparan o se le ocurriera mandarlo a una institución especializada que se encargara de su atención. 

Se asombró: “¡Estoy en el parque Hidalgo en Coyoacán!, sentado frente a la fuente de los coyotes, rociado por el relente matinal e iluminado por los rayos amarillentos que asoman desde el costado lateral del templo de San Juan Bautista, más, no sé cómo salí de casa y llegué aquí”. Con la mirada recorrió floresta y senderos que parten de la fuente y distinguió el lugar dónde se colocaba Don Pepe, el fotógrafo del parque, lo vió con su cámara de tripié cuadrada capturando miles de imágenes de los visitantes del jardín y recordó cuando acudía a revisar su catálogo, para encontrar amigas y solicitar copias de sus fotografías. Frente a él vislumbró, dónde ahora está un restaurante, la fachada Art déco del cine Centenario y comenzó a rememorar las aventuras que pasó en la niñez y adolescencia en ese lugar por las tardes-noches, con funciones de tres películas por un peso y cincuenta centavos.

En el caminar ondulante y desmadejado de una persona que se acercaba, identificó a Francisco —el “Patotas”— que con su sempiterna sonrisa lo saludó: 

—Hola “Orejón”, tanto tiempo sin verte, He cruzado océanos de tiempo para encontrarte*, pero aquí estás…

—Sí, vine a reposar un rato y recordar viejos tiempos. Me extraña encontrarte ahora, te perdí de vista hace tiempo.

—Sí, fui a otro lugar… pero ahora, despleguemos añoranzas. ¡Me da gusto volver a estar contigo, ¡qué venga la nostalgia!...

La conversación se prolongó por horas, recorriendo lugares, sucesos, amoríos, hazañas, correrías e infortunios hasta que un manto de lobreguez y viento frío arrinconó la desvaída luz que aún luchaba por algunos minutos de claridad.

—Bueno “Orejón”, creo que nos vamos. Acompáñame. 

Lo tomó del brazo y al hacerlo, Rodrigo se vio en el velatorio, dentro del féretro… 

6 de junio de 2021


domingo, 23 de mayo de 2021

Secuestro

 SECUESTRO

Gárgamel

Desfallecía después de haber recorrido a tientas el estrecho corredor; la ansiedad mantenía su cuerpo en una tensión permanentemente opresiva y el sudor de su rostro se confundía en el llanto, escurriendo angustia. Salió corriendo de la construcción, a su espalda, los pasos arrastrantes la perseguían cada vez más cercanos. En su desesperada carrera, llegó al filo del acantilado…

Había sido secuestrada por el chofer de un taxi cuando se dirigía a su hogar. Inmovilizada, con un esparadapro en la boca y el rostro cubierto,  la introdujo a una inmunda habitación en la que la palidez amarillenta de una lámpara mostraba la ruindad y bajeza en la que vivía el morador. Liberó sus ataduras, la tiró de los cabellos y dándole dos fuertes cachetadas, le ordenó  se desnudara y le advirtió que iba a ser su amante por un tiempo. Adriana, llorando a gritos y con el rostro demudado por el terror, le suplicó que la liberará, que pidiera recompensa a su familia. La sonrisa sardónica del hombre, desfiguró el rostro descuidado, mostrando su dentadura amarillenta, manchada e incompleta. Escupió en el suelo y se desvistió, exhibiendo la podredumbre de su obeso cuerpo y la delgadez esquelética de sus extremidades. Se acercó a Adriana para terminarle de quitarle las prendas íntimas y al hacerlo, el hedor de su aliento provocó espasmos en la mujer. El repugnante individuo empujó el cuerpo desnudo de Adriana sobre el estrecho catre y tomando un fuete del buró la golpeó en la cadera al tiempo que le espetaba: ¡abre las piernas!...

Encerrada en un cuarto oscuro, húmedo y hediondo; encadenada a la pared, pasaba el día espantando ratas con el mango de una escoba que le proporcionó el raptor. Le llevaba alimento por la noche y tenía que consumirlo rápidamente ante el asedio de las rojas miradas y chillidos estridentes exigiendo comida. 

Una noche, después de que el viejo gozara con la obligada visita, le llevó sus alimentos. Al agacharse y estirar el brazo para dejar la bandeja, Adriana, impulsada por el odio y la desesperación, enterró con todas sus fuerzas el mango de escoba afilado por días, en el vientre del nauseabundo individuo. Con un aullido de dolor, se dobló hacia adelante, cayendo sobre ella, lo que aprovechó Adriana para hurgar en sus pantalones y buscar la llave del candado. Huyó cuando el individuo se recuperaba y comenzaba a perseguirla.


—Comandante, ya tenemos la localización del celular de Adriana y hemos mandado patrullas a la zona…

23 de mayo de 2021.


sábado, 8 de mayo de 2021

El Té helado de García Márquez


El TÉ HELADO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Gárgamel

En la redacción del periódico, Gabriel recibió un cable del corresponsal en Quibdó*, Primo Guerrero, en el que se daba cuenta de una manifestación cívica sin precedentes. Al otro día, y al siguiente, se volvieron a recibir mensajes similares y entonces, la empresa lo envió para ver cómo era una ciudad anodina en pie de lucha por la defensa de los derechos civiles. 

Al llegar al  sitio donde nadie viajaba, el sol masacraba el ambiente, alimentando con su incandescencia la promesa del infierno a los probables pecadores. Quibdó era un pueblo desierto y amodorrado en cuyas calles polvorientas el calor se retorcía en imágenes contrahechas alterando las figuras de los adormilados habitantes. Logró determinar el paradero de Primo Guerrero y, al llegar, lo encontró echado en la hamaca en plena siesta bajo el bochorno de las tres de la tarde. Un hombre negro, enorme y semidesnudo que  explicó que no, que en Quibdó nada estaba pasando, que envió los cables de protesta, para no perder la subvención del periodico. Pero como Gabriel se había gastado dos días en llegar hasta allí, y el fotógrafo no estaba decidido a regresar con el rollo virgen, resolvieron organizar, de mutuo acuerdo con Primo Guerrero, algunos concurrentes de la cantina y su dueño, Venancio —que disfrutaba el tener clientela— una manifestación portátil que se convocó con tambores y sirenas. El pueblo, aburrido de una vida rutinaria, acudió a la representación. A los dos días salió la información, y a los cuatro llegó un ejército de reporteros y fotógrafos de la capital en busca de los ríos de gente sublevada. En la cantina, atiborrada de periodistas y con la gran satisfacción de Venancio, Gabriel, con un té helado en la mano, les explicó lo sucedido y la estrategia… 


Con imágenes gráficas del nuevo levantamiento y abundantes artículos periodísticos, Colombia se enteró de la gran revuelta en un pueblo que clamaba justicia, pedía la indemnización para los familiares de los muertos y la remoción de  las autoridades.


La caballería motorizada y tres batallones del ejército arribaron tres días después a un pueblo marchito, apagado y triste, dónde los lugareños los saludaban con un amplia sonrisa.

*Quibdó es un municipio colombiano, capital del departamento del Chocó

Derivación de una anécdota de GGM





domingo, 25 de abril de 2021

La rueca continuó girando...

 




La rueca continuó girando…

Gárgamel

El tiempo continuó girando la estrujante rueca* con la satisfacción infinita de trascendencia, incrementando minuto a minuto el fragor interno del sufrimiento y desesperación que él sentía. 

En el oscuro bar, la humedad enquistada y el olor ácido del ambiente contribuían a aumentar la depresión por la muerte de Aurora. Con la última copa de tequila en la mano, deshebraba culpas del revoltijo angustiante de recuerdos. En la barra, el barman y un hombre con gabardina y sombrero junto a él, reflejaban en el espejo frontal, la decadente simpleza de una existencia rutinaria.

—¿Te puedo invitar una copa?, el perfil rectilíneo del vecino lo observaba con bondad, como si conociera su trascendencia y circunstancia. Asintió, con triste sonrisa.

Si me permites la intromisión, conozco tú problemática: segundo a segundo te he acompañado en el recorrido, quisiera que entendieras la vida: no se puede luchar contra lo inevitable… ¡el pasado!  Registro cada momento. Te quedan algunos años por delante, no los desperdicies.

Cerró lo ojos al escuchar las palabras del vecino y La humedad resbaló por sus mejillas. Cuando volvió a abrirlos, ¡estaba sólo!... El dependiente se acercó y preguntó: ¿la cuenta?

—¿Y, el señor que estaba al lado?...

—¿cuál?…

Deambuló por calles intemporales, oscuras y vacías, con la sombra del tiempo al resguardo. Llegó a casa, abrió la puerta y escuchó la voz infantil:

—¡Papi, papi, ¡qué bueno que llegaste! ¡Mamá, papá, está aquí!... 

*Daniel González Dueñas.                                        

25 de abril 2021







sábado, 17 de abril de 2021

La venganza del dragón

 La venganza del dragón

Gárgamel

—Puedes despedirla, Juan, nada más dame una semana. No se lo digas a nadie.

Era el viernes prometido Flavio, hijo del dueño de la empresa, la esperaba a una cuadra de distancia. La invitó a comer y después de algunos tragos… al hotel. La había asediado durante varios meses, sin resultado. Le sorprendió que ahora hubiera aceptado.

Judith, con la seguridad del animal de presa, se desvistió lentamente, mientras Flavio observaba su excelente figura; al desvelar la espalda y quedar desnuda, él observó el magnifico tatuaje que decoraba la región lumbar: un dragón, cuya cola lindaba con los glúteos. Intrigado, preguntó por el significado. Es la imagen del guardián de la familia a través de generaciones, se le atribuye ser sabio, poderoso y vengativo, dijo ella. Sin prestarle mayor atención al asunto, Flavio comenzó con las caricias…

El sabor salado del sudor al recorrer lentamente con la lengua el dibujo del dragón que extendía sus alas en la espalda de Judith, excitó sus papilas gustativas; el tatuaje cobró vida con las contorsiones de placer que con lentitud descendieron hacia las caderas. Cuando la vehemente sensación de éxtasis alcanzó la cola del reptil, las manos de Flavio prensaron los turgentes glúteos con brusca suavidad y la sensualidad exacerbada, abrió las piernas…

Judith pasó a la oficina del gerente administrativo de la empresa. El funcionario le explicó que debido a que la compañía estaba sufriendo pérdidas por la falta de ventas, se veía en la necesidad de reducir personal, le agradeció sus servicios a lo largo de diez años; con un guiño y una sonrisa, le entregó un sobre con su liquidación.

Flavio abrió la correspondencia. Las fotografías del sobre mostraban la cola del dragón acariciada por la ágil lengua del junior. En el mensaje anexo: “Recontratación o confirmación en familia, tengo la grabación”.

17 de marzo de 2021


viernes, 9 de abril de 2021

Mi amigo Pancho

Mi amigo Pancho 

Gárgamel 

Con el semáforo sanitario en color naranja, que en esta pandemia del Virus SARS-COV2 significa que estamos mal, pero que pronto estaremos peor, a gran parte de los habitantes, les gusta echar a la suerte su vida y les aflora el machismo intrínseco, al no llevar cubre boca. 
    Mi amigo Pancho, era de esos, circulaba por las calles con una amplia sonrisa a guisa de máscara, exhibiendo su estulticia como título nobiliario, despreciando la candidez de los que creían en “la gran mentira de las empresas farmacéuticas”. Su estatura y corpulencia intimidaban. A mí me gustaba como era, fuera de sus ideas sobre un complot para reducir la población del mundo, su carácter era alegre y bondadoso. 
    Trabajábamos en la misma firma de abogados desde hacía diez años. Nuestra amistad se hizo más estrecha desde que compartíamos un departamento. Me habló por teléfono, angustiado y lloroso señalando que había dado positivo a la prueba. Rogó que no lo abandonara; y decidió seguir el tratamiento en el departamento. Un negro presentimiento me abordó con la noticia. Le aseguré que tendría mi apoyo incondicional. Se refugió en su recámara con los medicamentos requeridos, yo lo asistía con diligencia. 
    Lo que considerábamos como un semáforo naranja en casa, se recrudeció día con día hasta enrojecer vívidamente. El arrebol de su rostro evidenciaba la fiebre alta. La frecuente expectoración de secas llamaradas, contaminaba el ambiente. Con la más amplia protección cumplía yo con su cuidado. Sin embargo, a los cuatro días, la dificultad para respirar obligó a llevarlo al hospital. 
    Fue intubado y solo sobrevivió una semana. El negro presagio tuvo certeza en un rojo atardecer en el que, en la entrada del nosocomio, el doctor me informó de la muerte de mi querido amigo. 
    Con la aflicción estrujándome el cuerpo y la angustia deslizándose por las mejillas, me atreví a preguntarle: ¿Doctor, el Covid puede transmitirse por la vía sexual?... 

  


domingo, 4 de abril de 2021

Transferencias

 Transferencias

Gárgamel

La tía Magdalena vivía en el Oro, poblado rural y minero del Estado de México en una vieja hacienda rodeada de reliquias y personal de servicio. Hacía una cena anual la noche del día primero de noviembre a la que invitaba a la familia y a la comunidad. Era una ferviente adoradora  de  los muertos. La conmemoración se había hecho costumbre por la abundancia de comida y la original ofrenda, que  incorporaba esplendidos arcos de flores de cempasúchil en honor a Cihuacóatl, la recolectora de almas,  el papel picado, cuyo afán por volar ayudaba al tránsito entre la vida y la muerte; y la luz de las velas, que en su bamboleo, atraían a las almas al altar sahumado de copal y alejaba a los malos espíritus; la comida y bebida abundaba, y esparcidas entre ellas, la múltiples fotografías de personajes muertos que incitaban a los espíritus a rememorar olores y sabores de su paso por la humanidad.

Ese día, a sus diez años de edad, Felipe observaba  desde un balcón el patio de la hacienda desbordante de vida, personas ávidas de contemplar el exhorto a los espíritus de sus seres queridos. Los mariachis animaban la reunión, los fuegos artificiales, tintaban el espacio de múltipes colores. Los adultos comían, bebían y comentaban vidas ausentes, anécdotas, alegrías y fatalidades…

En el balcón vislumbró la distinguida figura de la tía Magdalena hablando sola, moviendo sus brazos y señalando hacia los invitados. Le entró la curiosidad y atravesó el pasillo para llegar a su habitación. En la oscuridad, ella resplandecía por la contraluz; la rodeaban cuerpos translúcidos, evanescentes, que la apretujaban, mostrándo desesperación. Trató de identificarlos y ¡con sorpresa y pavor, reconoció las fotografías de la ofrenda!... Quiso huír, pero su cuerpo no respondió. Paralizado escuchó:

—Esta será mi última transferencia, mi mandato fue cancelado, por lo que lo seguiré hasta que la energía lo permita…

—Tío Juan, ocupa el cuerpo de Anita, la del vestido verde, abuela el de aquél adolescente de pantalones negros… Su voz fue perdiendo fuerza y el cuerpo se encorvó conforme  terminaba las designaciones. Una turba de seres translúcidos, la apretujó hasta su desfallecimiento.                                             4 de abril de 2021


sábado, 20 de marzo de 2021

Embestida

                                                                        Embestida

Gárgamel

Por veredas lodosas cercadas de maleza y hojarasca en putrefacción llegaron a los corrales repletos de ganado cerril. Se repartieron el trabajo y comenzaron:

Moisés, trepado a un costado de la manga de manejo* recibía al animal y una vez atrancado por la parte de atrás, ponía el arete con un número en su larga oreja y lo vacunaba contra la fiebre carbonosa. Terminando, se abría una puerta lateral y el bovino pasaba a un corral. 

El retumbar de los pasos apresurados del gigantesco semental y los gritos de los vaqueros azuzándolo, estremeció el ambiente. Con bramidos estruendosos y movimiento constante de su testuz arremetiendo con furia, llegó al lugar; se le puso la tranca atrás y… comenzó a patearla. Moisés aprovechó un momento de descuido para tomarle la oreja y plantarle el arete. El animal reaccionó acometiendo las cercas laterales. La giba del macho al saltar, rozaba el rostro del veterinario. Cargó la jeringa e intentó aplicarla en el cuello, el coloso volteó a verlo con sus globosos ojos amarillentos inyectados de sangre y lanzando un explosivo bufido, se impulsó hacia arriba. El médico trastabilló y con el movimiento, su mano derecha con la jeringa enhiesta, chocó con el brazo izquierdo y el émbolo se hundió hasta el fondo. Moisés perdió el equilibrio y cayó mareado sobre el lomo del animal, que con un corcoveo más, lo lanzó al piso de la manga. Adolorido, abatido y angustiado por no saber las consecuencias de haberse auto vacunado, caminó tambaleante hacia la entrada del embudo…

Oyó a lo lejos el traquetear de las pesuñas sobre la tranca y el ruido de la madera al salir despedida por una fuerte coz. Al voltear apresuradamente, vio al animal revolverse y emprender una embestida contra él. Resonaba el suelo, temblaba al sentir las pesuñas. El bufido estruendoso y la corpulencia del imponente animal,  inmovilizaron a Moises. El instinto le hizo dar un paso lateral y luego adosarse como calcomanía a la cerca… En el tráfago de la embestida, la voz del maestro parecía llegar de muy lejos: “Nunca enfrenten a un animal enfurecido…”

Sólo, a la vera del río, el veterinario lavó su ropa…

*Embudo que termina en un estrecho canal.

20 de marzo 2021








domingo, 7 de marzo de 2021

Doble vida

 


Doble vida

Gárgamel

Era dura como un árbol de mezquite, su piel surcada por veredas en el rostro quemado por el sol dejaba huellas como el agua sobre la arcilla de los caminos. La vieja Matilde caminaba lento, auxiliada por un bastón. Llevaba sobre las espaldas el lastre de una vida de lucha y el orgullo por defender el rancho que le heredó Jacinto, su esposo. 

            Antonio, pequeño y delicado de salud, creció bajo la protección materna. Con la finalidad de fortalecer su carácter, Lo enroló en el ejército.

            La noticia de que el destacamento en que militaba su hijo había sido secuestrado, llegó al rancho. Matilde acudió a todas las autoridades que podían intervenir para la liberación, sin éxito. 

            Varios meses después, se presentó a la puerta del rancho un desconocido solicitando hablar con doña Matilde. 

            —¿Qué se le ofrece?

            —Vengo a negociar la liberación de Antonio.

             Le entregó varias fotografías para demostrar que era un representante de un grups armado. Antonio se veía delgado y en la tristeza del rostro lampiño, una súplica imploraba libertad.

En el  atardecer del séptimo día, Antonio abrió la puerta y corrió a abrazar a su madre. Platicaron toda la noche, vertiendo lágrimas estancadas en la penumbra de los años perdidos. Les amaneció con la vaciedad de las palabras dichas, y los sentimientos esclarecidos. Las dos figuras, cansadas del hablar claro, crudo y directo, se mostraban desfallecientes. Al separarse, ya no eran los mismos. 

El notario lo localizó mediante edictos en los periódicos de la ciudad. Después de aceptar la herencia de su madre, ondulando el cuerpo a cada paso, y esparciendo emanaciones seductoras en el ambiente, caminó hasta el bar donde se leía en una marquesina: “Antonia, la bella del Pacífico y su show erótico”. 

7 de marzo de 2021