viernes, 11 de junio de 2021

PERSISTENTE NOSTALGIA

PERSISTENTE NOSTALGIA


Gárgamel


Pablo se había había alejado de amigos y familiares, refugiándose en su pequeño departamento, desde la muerte de Ana. A partir de esa fecha, fincó una  fortaleza inexpugnable de irrealidad. Se envolvió en un manto de fantasía que le permitió transitar por el dolor que lo desgarraba y generó un gran mundo de evocaciones, añoranzas y nostalgias en las que comenzó a navegar a partir del doloroso acontecimiento. 

Recorría a contracorriente el espeso fluido de la existencia, en una profusa barca de melancolía que lo llevaba a navegar la diaria jornada transvestido en la antítesis de Caronte: en lugar de muerte, anhelaba transportar vida. Su ser respiraba el tráfago diario de añoranzas en continua ocurrencia: un anecdotario de eventos e imágenes,  emociones y desgracias vividas con ella, la mujer amada, con la que convivió más de cuarenta años. Por eso: 

¡no estaba dispuesto a dejarla partir! 

Las condolencias de los vecinos las recibió con agradecimiento, pero negó la muerte, sólo les manifestó su delicado estado de salud. 

La comunidad aceptó la disgregación del comportamiento de Pablo como una muestra desesperada de amor y dependencia de Ana. La gente, al cruzarse en su camino, preguntaban atentamente por el estado de salud de Anita y él siempre contestaba: “delicada, pero mejorando”.

El cotilleo se extendió en el vecindario y se tejieron historias… Se hablaba de haberla visto en la noche, a contraluz, pasar rauda por las ventanas emitiendo quejidos; los más tremendistas señalaban que su espíritu, proyectado en una gran sombra reptante, se deslizaba en las noches por las paredes de los edificios… 

Dejó de verse a don Pablo ir al mercado por las mañanas. Después de una semana, los vecinos llamaron a la policía…


La pestilencia que emanaba el departamento advertía muerte y descomposición. Al violentar la puerta, el hedor forzó a los agentes a cubrirse el rostro. Llegaron a la recámara y encontraron el cuerpo de Pablo carcomido por las ratas y  conservando aún puesta, la vestimenta de Ana.

11 de junio de 2021


domingo, 6 de junio de 2021

UN AMIGO DE LA INFANCIA

 UN AMIGO DE LA INFANCIA

Gárgamel

Cada vez su memoria fallaba más. En un mar de confusiones y espacios vacíos, los eventos se filtraban en la turba oscura de una inconsciencia desmayada, laxa, endeble, que eludía constantemente los desesperados esfuerzos de la escrutación razonada de sucesos recientes.Trataba de minimizar ante la familia las lagunas mentales, con la finalidad de que no se preocuparan o se le ocurriera mandarlo a una institución especializada que se encargara de su atención. 

Se asombró: “¡Estoy en el parque Hidalgo en Coyoacán!, sentado frente a la fuente de los coyotes, rociado por el relente matinal e iluminado por los rayos amarillentos que asoman desde el costado lateral del templo de San Juan Bautista, más, no sé cómo salí de casa y llegué aquí”. Con la mirada recorrió floresta y senderos que parten de la fuente y distinguió el lugar dónde se colocaba Don Pepe, el fotógrafo del parque, lo vió con su cámara de tripié cuadrada capturando miles de imágenes de los visitantes del jardín y recordó cuando acudía a revisar su catálogo, para encontrar amigas y solicitar copias de sus fotografías. Frente a él vislumbró, dónde ahora está un restaurante, la fachada Art déco del cine Centenario y comenzó a rememorar las aventuras que pasó en la niñez y adolescencia en ese lugar por las tardes-noches, con funciones de tres películas por un peso y cincuenta centavos.

En el caminar ondulante y desmadejado de una persona que se acercaba, identificó a Francisco —el “Patotas”— que con su sempiterna sonrisa lo saludó: 

—Hola “Orejón”, tanto tiempo sin verte, He cruzado océanos de tiempo para encontrarte*, pero aquí estás…

—Sí, vine a reposar un rato y recordar viejos tiempos. Me extraña encontrarte ahora, te perdí de vista hace tiempo.

—Sí, fui a otro lugar… pero ahora, despleguemos añoranzas. ¡Me da gusto volver a estar contigo, ¡qué venga la nostalgia!...

La conversación se prolongó por horas, recorriendo lugares, sucesos, amoríos, hazañas, correrías e infortunios hasta que un manto de lobreguez y viento frío arrinconó la desvaída luz que aún luchaba por algunos minutos de claridad.

—Bueno “Orejón”, creo que nos vamos. Acompáñame. 

Lo tomó del brazo y al hacerlo, Rodrigo se vio en el velatorio, dentro del féretro… 

6 de junio de 2021


domingo, 23 de mayo de 2021

Secuestro

 SECUESTRO

Gárgamel

Desfallecía después de haber recorrido a tientas el estrecho corredor; la ansiedad mantenía su cuerpo en una tensión permanentemente opresiva y el sudor de su rostro se confundía en el llanto, escurriendo angustia. Salió corriendo de la construcción, a su espalda, los pasos arrastrantes la perseguían cada vez más cercanos. En su desesperada carrera, llegó al filo del acantilado…

Había sido secuestrada por el chofer de un taxi cuando se dirigía a su hogar. Inmovilizada, con un esparadapro en la boca y el rostro cubierto,  la introdujo a una inmunda habitación en la que la palidez amarillenta de una lámpara mostraba la ruindad y bajeza en la que vivía el morador. Liberó sus ataduras, la tiró de los cabellos y dándole dos fuertes cachetadas, le ordenó  se desnudara y le advirtió que iba a ser su amante por un tiempo. Adriana, llorando a gritos y con el rostro demudado por el terror, le suplicó que la liberará, que pidiera recompensa a su familia. La sonrisa sardónica del hombre, desfiguró el rostro descuidado, mostrando su dentadura amarillenta, manchada e incompleta. Escupió en el suelo y se desvistió, exhibiendo la podredumbre de su obeso cuerpo y la delgadez esquelética de sus extremidades. Se acercó a Adriana para terminarle de quitarle las prendas íntimas y al hacerlo, el hedor de su aliento provocó espasmos en la mujer. El repugnante individuo empujó el cuerpo desnudo de Adriana sobre el estrecho catre y tomando un fuete del buró la golpeó en la cadera al tiempo que le espetaba: ¡abre las piernas!...

Encerrada en un cuarto oscuro, húmedo y hediondo; encadenada a la pared, pasaba el día espantando ratas con el mango de una escoba que le proporcionó el raptor. Le llevaba alimento por la noche y tenía que consumirlo rápidamente ante el asedio de las rojas miradas y chillidos estridentes exigiendo comida. 

Una noche, después de que el viejo gozara con la obligada visita, le llevó sus alimentos. Al agacharse y estirar el brazo para dejar la bandeja, Adriana, impulsada por el odio y la desesperación, enterró con todas sus fuerzas el mango de escoba afilado por días, en el vientre del nauseabundo individuo. Con un aullido de dolor, se dobló hacia adelante, cayendo sobre ella, lo que aprovechó Adriana para hurgar en sus pantalones y buscar la llave del candado. Huyó cuando el individuo se recuperaba y comenzaba a perseguirla.


—Comandante, ya tenemos la localización del celular de Adriana y hemos mandado patrullas a la zona…

23 de mayo de 2021.


sábado, 8 de mayo de 2021

El Té helado de García Márquez


El TÉ HELADO DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Gárgamel

En la redacción del periódico, Gabriel recibió un cable del corresponsal en Quibdó*, Primo Guerrero, en el que se daba cuenta de una manifestación cívica sin precedentes. Al otro día, y al siguiente, se volvieron a recibir mensajes similares y entonces, la empresa lo envió para ver cómo era una ciudad anodina en pie de lucha por la defensa de los derechos civiles. 

Al llegar al  sitio donde nadie viajaba, el sol masacraba el ambiente, alimentando con su incandescencia la promesa del infierno a los probables pecadores. Quibdó era un pueblo desierto y amodorrado en cuyas calles polvorientas el calor se retorcía en imágenes contrahechas alterando las figuras de los adormilados habitantes. Logró determinar el paradero de Primo Guerrero y, al llegar, lo encontró echado en la hamaca en plena siesta bajo el bochorno de las tres de la tarde. Un hombre negro, enorme y semidesnudo que  explicó que no, que en Quibdó nada estaba pasando, que envió los cables de protesta, para no perder la subvención del periodico. Pero como Gabriel se había gastado dos días en llegar hasta allí, y el fotógrafo no estaba decidido a regresar con el rollo virgen, resolvieron organizar, de mutuo acuerdo con Primo Guerrero, algunos concurrentes de la cantina y su dueño, Venancio —que disfrutaba el tener clientela— una manifestación portátil que se convocó con tambores y sirenas. El pueblo, aburrido de una vida rutinaria, acudió a la representación. A los dos días salió la información, y a los cuatro llegó un ejército de reporteros y fotógrafos de la capital en busca de los ríos de gente sublevada. En la cantina, atiborrada de periodistas y con la gran satisfacción de Venancio, Gabriel, con un té helado en la mano, les explicó lo sucedido y la estrategia… 


Con imágenes gráficas del nuevo levantamiento y abundantes artículos periodísticos, Colombia se enteró de la gran revuelta en un pueblo que clamaba justicia, pedía la indemnización para los familiares de los muertos y la remoción de  las autoridades.


La caballería motorizada y tres batallones del ejército arribaron tres días después a un pueblo marchito, apagado y triste, dónde los lugareños los saludaban con un amplia sonrisa.

*Quibdó es un municipio colombiano, capital del departamento del Chocó

Derivación de una anécdota de GGM





domingo, 25 de abril de 2021

La rueca continuó girando...

 




La rueca continuó girando…

Gárgamel

El tiempo continuó girando la estrujante rueca* con la satisfacción infinita de trascendencia, incrementando minuto a minuto el fragor interno del sufrimiento y desesperación que él sentía. 

En el oscuro bar, la humedad enquistada y el olor ácido del ambiente contribuían a aumentar la depresión por la muerte de Aurora. Con la última copa de tequila en la mano, deshebraba culpas del revoltijo angustiante de recuerdos. En la barra, el barman y un hombre con gabardina y sombrero junto a él, reflejaban en el espejo frontal, la decadente simpleza de una existencia rutinaria.

—¿Te puedo invitar una copa?, el perfil rectilíneo del vecino lo observaba con bondad, como si conociera su trascendencia y circunstancia. Asintió, con triste sonrisa.

Si me permites la intromisión, conozco tú problemática: segundo a segundo te he acompañado en el recorrido, quisiera que entendieras la vida: no se puede luchar contra lo inevitable… ¡el pasado!  Registro cada momento. Te quedan algunos años por delante, no los desperdicies.

Cerró lo ojos al escuchar las palabras del vecino y La humedad resbaló por sus mejillas. Cuando volvió a abrirlos, ¡estaba sólo!... El dependiente se acercó y preguntó: ¿la cuenta?

—¿Y, el señor que estaba al lado?...

—¿cuál?…

Deambuló por calles intemporales, oscuras y vacías, con la sombra del tiempo al resguardo. Llegó a casa, abrió la puerta y escuchó la voz infantil:

—¡Papi, papi, ¡qué bueno que llegaste! ¡Mamá, papá, está aquí!... 

*Daniel González Dueñas.                                        

25 de abril 2021







sábado, 17 de abril de 2021

La venganza del dragón

 La venganza del dragón

Gárgamel

—Puedes despedirla, Juan, nada más dame una semana. No se lo digas a nadie.

Era el viernes prometido Flavio, hijo del dueño de la empresa, la esperaba a una cuadra de distancia. La invitó a comer y después de algunos tragos… al hotel. La había asediado durante varios meses, sin resultado. Le sorprendió que ahora hubiera aceptado.

Judith, con la seguridad del animal de presa, se desvistió lentamente, mientras Flavio observaba su excelente figura; al desvelar la espalda y quedar desnuda, él observó el magnifico tatuaje que decoraba la región lumbar: un dragón, cuya cola lindaba con los glúteos. Intrigado, preguntó por el significado. Es la imagen del guardián de la familia a través de generaciones, se le atribuye ser sabio, poderoso y vengativo, dijo ella. Sin prestarle mayor atención al asunto, Flavio comenzó con las caricias…

El sabor salado del sudor al recorrer lentamente con la lengua el dibujo del dragón que extendía sus alas en la espalda de Judith, excitó sus papilas gustativas; el tatuaje cobró vida con las contorsiones de placer que con lentitud descendieron hacia las caderas. Cuando la vehemente sensación de éxtasis alcanzó la cola del reptil, las manos de Flavio prensaron los turgentes glúteos con brusca suavidad y la sensualidad exacerbada, abrió las piernas…

Judith pasó a la oficina del gerente administrativo de la empresa. El funcionario le explicó que debido a que la compañía estaba sufriendo pérdidas por la falta de ventas, se veía en la necesidad de reducir personal, le agradeció sus servicios a lo largo de diez años; con un guiño y una sonrisa, le entregó un sobre con su liquidación.

Flavio abrió la correspondencia. Las fotografías del sobre mostraban la cola del dragón acariciada por la ágil lengua del junior. En el mensaje anexo: “Recontratación o confirmación en familia, tengo la grabación”.

17 de marzo de 2021


viernes, 9 de abril de 2021

Mi amigo Pancho

Mi amigo Pancho 

Gárgamel 

Con el semáforo sanitario en color naranja, que en esta pandemia del Virus SARS-COV2 significa que estamos mal, pero que pronto estaremos peor, a gran parte de los habitantes, les gusta echar a la suerte su vida y les aflora el machismo intrínseco, al no llevar cubre boca. 
    Mi amigo Pancho, era de esos, circulaba por las calles con una amplia sonrisa a guisa de máscara, exhibiendo su estulticia como título nobiliario, despreciando la candidez de los que creían en “la gran mentira de las empresas farmacéuticas”. Su estatura y corpulencia intimidaban. A mí me gustaba como era, fuera de sus ideas sobre un complot para reducir la población del mundo, su carácter era alegre y bondadoso. 
    Trabajábamos en la misma firma de abogados desde hacía diez años. Nuestra amistad se hizo más estrecha desde que compartíamos un departamento. Me habló por teléfono, angustiado y lloroso señalando que había dado positivo a la prueba. Rogó que no lo abandonara; y decidió seguir el tratamiento en el departamento. Un negro presentimiento me abordó con la noticia. Le aseguré que tendría mi apoyo incondicional. Se refugió en su recámara con los medicamentos requeridos, yo lo asistía con diligencia. 
    Lo que considerábamos como un semáforo naranja en casa, se recrudeció día con día hasta enrojecer vívidamente. El arrebol de su rostro evidenciaba la fiebre alta. La frecuente expectoración de secas llamaradas, contaminaba el ambiente. Con la más amplia protección cumplía yo con su cuidado. Sin embargo, a los cuatro días, la dificultad para respirar obligó a llevarlo al hospital. 
    Fue intubado y solo sobrevivió una semana. El negro presagio tuvo certeza en un rojo atardecer en el que, en la entrada del nosocomio, el doctor me informó de la muerte de mi querido amigo. 
    Con la aflicción estrujándome el cuerpo y la angustia deslizándose por las mejillas, me atreví a preguntarle: ¿Doctor, el Covid puede transmitirse por la vía sexual?... 

  


domingo, 4 de abril de 2021

Transferencias

 Transferencias

Gárgamel

La tía Magdalena vivía en el Oro, poblado rural y minero del Estado de México en una vieja hacienda rodeada de reliquias y personal de servicio. Hacía una cena anual la noche del día primero de noviembre a la que invitaba a la familia y a la comunidad. Era una ferviente adoradora  de  los muertos. La conmemoración se había hecho costumbre por la abundancia de comida y la original ofrenda, que  incorporaba esplendidos arcos de flores de cempasúchil en honor a Cihuacóatl, la recolectora de almas,  el papel picado, cuyo afán por volar ayudaba al tránsito entre la vida y la muerte; y la luz de las velas, que en su bamboleo, atraían a las almas al altar sahumado de copal y alejaba a los malos espíritus; la comida y bebida abundaba, y esparcidas entre ellas, la múltiples fotografías de personajes muertos que incitaban a los espíritus a rememorar olores y sabores de su paso por la humanidad.

Ese día, a sus diez años de edad, Felipe observaba  desde un balcón el patio de la hacienda desbordante de vida, personas ávidas de contemplar el exhorto a los espíritus de sus seres queridos. Los mariachis animaban la reunión, los fuegos artificiales, tintaban el espacio de múltipes colores. Los adultos comían, bebían y comentaban vidas ausentes, anécdotas, alegrías y fatalidades…

En el balcón vislumbró la distinguida figura de la tía Magdalena hablando sola, moviendo sus brazos y señalando hacia los invitados. Le entró la curiosidad y atravesó el pasillo para llegar a su habitación. En la oscuridad, ella resplandecía por la contraluz; la rodeaban cuerpos translúcidos, evanescentes, que la apretujaban, mostrándo desesperación. Trató de identificarlos y ¡con sorpresa y pavor, reconoció las fotografías de la ofrenda!... Quiso huír, pero su cuerpo no respondió. Paralizado escuchó:

—Esta será mi última transferencia, mi mandato fue cancelado, por lo que lo seguiré hasta que la energía lo permita…

—Tío Juan, ocupa el cuerpo de Anita, la del vestido verde, abuela el de aquél adolescente de pantalones negros… Su voz fue perdiendo fuerza y el cuerpo se encorvó conforme  terminaba las designaciones. Una turba de seres translúcidos, la apretujó hasta su desfallecimiento.                                             4 de abril de 2021


sábado, 20 de marzo de 2021

Embestida

                                                                        Embestida

Gárgamel

Por veredas lodosas cercadas de maleza y hojarasca en putrefacción llegaron a los corrales repletos de ganado cerril. Se repartieron el trabajo y comenzaron:

Moisés, trepado a un costado de la manga de manejo* recibía al animal y una vez atrancado por la parte de atrás, ponía el arete con un número en su larga oreja y lo vacunaba contra la fiebre carbonosa. Terminando, se abría una puerta lateral y el bovino pasaba a un corral. 

El retumbar de los pasos apresurados del gigantesco semental y los gritos de los vaqueros azuzándolo, estremeció el ambiente. Con bramidos estruendosos y movimiento constante de su testuz arremetiendo con furia, llegó al lugar; se le puso la tranca atrás y… comenzó a patearla. Moisés aprovechó un momento de descuido para tomarle la oreja y plantarle el arete. El animal reaccionó acometiendo las cercas laterales. La giba del macho al saltar, rozaba el rostro del veterinario. Cargó la jeringa e intentó aplicarla en el cuello, el coloso volteó a verlo con sus globosos ojos amarillentos inyectados de sangre y lanzando un explosivo bufido, se impulsó hacia arriba. El médico trastabilló y con el movimiento, su mano derecha con la jeringa enhiesta, chocó con el brazo izquierdo y el émbolo se hundió hasta el fondo. Moisés perdió el equilibrio y cayó mareado sobre el lomo del animal, que con un corcoveo más, lo lanzó al piso de la manga. Adolorido, abatido y angustiado por no saber las consecuencias de haberse auto vacunado, caminó tambaleante hacia la entrada del embudo…

Oyó a lo lejos el traquetear de las pesuñas sobre la tranca y el ruido de la madera al salir despedida por una fuerte coz. Al voltear apresuradamente, vio al animal revolverse y emprender una embestida contra él. Resonaba el suelo, temblaba al sentir las pesuñas. El bufido estruendoso y la corpulencia del imponente animal,  inmovilizaron a Moises. El instinto le hizo dar un paso lateral y luego adosarse como calcomanía a la cerca… En el tráfago de la embestida, la voz del maestro parecía llegar de muy lejos: “Nunca enfrenten a un animal enfurecido…”

Sólo, a la vera del río, el veterinario lavó su ropa…

*Embudo que termina en un estrecho canal.

20 de marzo 2021








domingo, 7 de marzo de 2021

Doble vida

 


Doble vida

Gárgamel

Era dura como un árbol de mezquite, su piel surcada por veredas en el rostro quemado por el sol dejaba huellas como el agua sobre la arcilla de los caminos. La vieja Matilde caminaba lento, auxiliada por un bastón. Llevaba sobre las espaldas el lastre de una vida de lucha y el orgullo por defender el rancho que le heredó Jacinto, su esposo. 

            Antonio, pequeño y delicado de salud, creció bajo la protección materna. Con la finalidad de fortalecer su carácter, Lo enroló en el ejército.

            La noticia de que el destacamento en que militaba su hijo había sido secuestrado, llegó al rancho. Matilde acudió a todas las autoridades que podían intervenir para la liberación, sin éxito. 

            Varios meses después, se presentó a la puerta del rancho un desconocido solicitando hablar con doña Matilde. 

            —¿Qué se le ofrece?

            —Vengo a negociar la liberación de Antonio.

             Le entregó varias fotografías para demostrar que era un representante de un grups armado. Antonio se veía delgado y en la tristeza del rostro lampiño, una súplica imploraba libertad.

En el  atardecer del séptimo día, Antonio abrió la puerta y corrió a abrazar a su madre. Platicaron toda la noche, vertiendo lágrimas estancadas en la penumbra de los años perdidos. Les amaneció con la vaciedad de las palabras dichas, y los sentimientos esclarecidos. Las dos figuras, cansadas del hablar claro, crudo y directo, se mostraban desfallecientes. Al separarse, ya no eran los mismos. 

El notario lo localizó mediante edictos en los periódicos de la ciudad. Después de aceptar la herencia de su madre, ondulando el cuerpo a cada paso, y esparciendo emanaciones seductoras en el ambiente, caminó hasta el bar donde se leía en una marquesina: “Antonia, la bella del Pacífico y su show erótico”. 

7 de marzo de 2021


domingo, 21 de febrero de 2021

Presagio

Presagio

Gárgamel


…Sentía, cuando decía: “te amo, pero no puedo vivir con la carga de tú inseguridad”, que realmente me estaba expresando su desamor, su hartazgo, el fastidio de nuestra relación; y, entre más lo aseguraba, se acrecentaban mis dudas, formando un vacío caustico, desgarrante, que laceraba mi interior produciéndome sufrimiento, desazón, desesperación, angustia. No encontraba sosiego en ningún lado, deambulaba por las calles sin destino fijo con la ofuscación constante de un sentenciado a muerte o el extravío vesánico de un alma enajenada.

La amaba, hacía todo por halagarla: la mimaba, trataba de cumplir cada uno de sus caprichos… Sus deseos, eran órdenes. Pero entre más lo intentaba, menos la complacía. Entonces, comencé a sospechar que tenía un amante. Eso me perturbó más, la idea se fue incrustando en mi mente de tal forma que, pronto, se convirtió en verdad; una angustia que comprimía permanentemente el pecho se incorporó a mi pesadumbre. 

Contraté un investigador, para desenmascarar su traición. Su dictamen fue negativo. Entonces pensé, qué si aún no lo hacía, si era susceptible de traicionarme en el futuro.

Le hablé a mi amigo Juan, sabiendo que siempre le había gustado Ana, y le propuse la cortejara. No quería, pero después de mucho insistir, aceptó como una muestra de amistad hacia mí.


Hace una hora, en el callejón cercano a la casa de Ana y al amparo de la mortecina luz del farol, los vislumbré recargados en la fachada de la casa de piedra, besándose apasionadamente.

¡Me enardecí, oficial!, saqué la pistola y no importándome sus súplicas, les disparé a quemarropa. Se desplomaron y en un último movimiento, fallecieron tomados de la mano… 

¡Tenía razón, oficial!... ¡Me engañaban!

21 de febrero de 2021


martes, 2 de febrero de 2021

Creatividad independiente

 Creatividad independiente 

Gárgamel


La luna, embozada tras hipócritas nubes, penetraba fría por la pequeña ventana, sus rayos se esparcían en un abanico entrecano sobre el piso oscuro. Horacio, con una taza de café en la mano, recorría el escaso espacio cavilando en esas primeras horas del día sobre la temática de su próximo relato. La pantalla de la computadora parpadeó llamando su atención. Se dirigió  hacia ella y observó la imagen de su blog en el que tenía registrados sus cuentos: 313. “En  siete años de escritura ese número de relatos, no está mal”, pensó.Y, cambió al programa de edición.

Tomó un trago de su café y  se cuestionó  sobre cuáles eran los factores que le habían permitido escribir tal cantidad de historias en ese tiempo. Determinó que, en principio, los retos impuestos por las condiciones establecidas para el desarrollo del ejercicio semanal, habían estimulado la imaginación para producir sus relatos. En ese momento, la pantalla lanzó un destello. “Estamos de acuerdo”, comentó, sonriendo. Bueno, dijo en voz alta: “Y… mi creatividad”. La pantalla parpadeó dos veces. ¡Cómo que no!, respondió con desdén; y dirigiéndose directamente al computador, le reclamó: ¿¡Acaso tú, maldita máquina y los programas de edición, diccionario y el internet, hacen el trabajo por mi?! La pantalla titiló una vez. ¡Ha-ha!, exclamó. Y a mi imaginación, ¿dónde la dejas? ¡Tú sólo eres una máquina bajo mi mandato!...

Escucho, con estupefacción el sonido de interrupción y apagado del ordenador. Trató de reiniciarlo, sin éxito. Malhumorado, tomó papel y lápiz. Antes de comenzar a escribir, volteó hacia la computadora y le espetó: ¡Para que veas que soy independiente!


31 de enero de 2021





viernes, 22 de enero de 2021

El cuaderno marrón


El cuaderno soterradamente sugerente al escritor solitario


Cada libro, cada volumen que ves aquí, tiene un alma.
El alma de la persona que lo escribió y de aquellos
 que lo leyeron, vivieron y soñaron con él…
(La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Zafón)


El invierno lo acompañó por el viejo parque. Cubierto con un abrigo largo, bufanda, sombrero y el periódico bajo el brazo, Eleuterio Campos caminó lento sobre la terrosa superficie del sendero cubierto de hojas muertas, pensaba en la serie de cuentos y relatos que quería editar. La brisa suave le acarició el rostro con la sensualidad sedosa, volátil y efímera de una tenue frialdad; su aterida nariz… sollozaba. 

Atisbó los dos añejos arboles resguardando la banca verde en la que día a día, fingía informarse con el diario, escapándose horas enteras en la añoranza. Al desplegar el informativo, miró bajo la banca un ajado cuaderno marrón meciendo sus hojas al manso capricho del viento. Dejó el periódico y lo levantó. Comenzó a hojearlo y se dio cuenta de que estaba lleno de citas e ideas para posibles relatos. Leyó algunas que le interesaron por estar cercanas a su vida:

Estar solo no tiene nada que ver con cuantas personas hay alrededor.* 

Sí, vivía sólo, pensó. Su esposa, muerta; y sus dos hijos en el extranjero; y pocos amigos, que no frecuentaba. Sin embargo, sonrió, disfrutaba su soledad. Su vida estaba repleta de libros y escritura. 

Siguió hojeando:

El buen escritor no sabe nunca si sabe escribir.**

Meditó la frase y pensó: ¿Quién lo determina? Si es arte, la calificación es subjetiva ¿no?, porque está sujeta a la apreciación personal...  Por otra parte, ¿para qué, o quién, escribes?... Yo lo hago por placer, porque me siento a gusto al plasmar pensamientos en una hoja de papel y leer lo escrito tiempo después. Eso me lleva a revivir el momento y la circunstancia, volver al pasado. Pero también, es una forma de que mis cavilaciones trasciendan al encontrar algún despistado lector que explore mis fantasías… Sonrió y pasó la página.

Por el sendero veo a un perro amarillo, viejo y derrengado, que en su andar zizagueante se detiene de vez en vez en los arboles, los orina para marcar su territorio,  fijar su ruta,  comunicar a sus congéneres que por ahí pasó él. Marca su individualidad y presencia en la vida (tema para cuento). 

Eleuterio, cerró el cuaderno, lo depositó sobre la banca y se retiró meditando sobre las diferentes formas en que el humano, similarmente a los perros, va marcando en la vida su territorio, forjando su destino y estableciendo su individualidad dentro de una sociedad competitiva.


*Revolutionary Road, Richard Yates

**Ramón Gómez de la Serna

22 de enero de 2021



viernes, 11 de diciembre de 2020

Mar de nostalgia

Mar de nostalgia


 Gárgamel


La enfermedad lo fue deteriorando paulatinamente hasta apoderarse de su cuerpo, una barca a la deriva en el mar indolente de la circunstancia, al cuidado solícito y tierno de la amada Maria. Había perdido el control del cuerpo, mas no el de la jovialidad e interés por vivir. En permanente espíritu de lucha, intentaba  comunicarse con el entorno; la susurrante voz era brisa que acariciaba con la afabilidad de sus palabras. El proceso duró meses… El término llegó una tórrida noche de verano, con la luz pálida de la luna filtrándose por la ventana y el sopor somnoliento enmarcando el ambiente. Al sentir el estertor, se  despidió de María con una mueca que deseaba ser sonrisa, en un vaho de amor y agradecimiento.

Meses duró ella en ese departamento abrumada de soledad y tristeza, cada objeto un recuerdo, anécdota u olor de aquél ser inigualable que había sido su pareja, la razón de vida, el complemento perfecto de una relación de amor y comprensión. Se negaba a dejarlo partir, a olvidarlo; el rechazo no era un duelo, era un reclamo permanente y egoísta al Dios supremo al que había entregado su devoción. Se sentía traicionada…

Decidió cambiar su residencia: Vendió su departamento de Barcelona y adquirió uno en Madrid. El trajín de la mudanza la mantenía ocupada durante el día, pero al llegar la noche la añoranza la abrigaba con un manto de dolor y soledad. Para distraerse, visitó museos. Así fue cómo llegó al de la Reina Sofía. Recorrió varias salas y ya cansada, creyó sentir una suave caricia sobre su hombro, se detuvo frente a un pequeño cuadro de la época realista de Salvador Dalí: Muchacha en la ventana —estudio que le hizo a su hermana en 1920—. “Una joven se asoma al puerto desde su ventana abierta, se vierte una luz azul y apacible, como una promesa surrealista. Pareciera que el mar se infiltra a través de las cortinas, que vuelan con la caricia suave de la brisa salada…”* Un aura meditativa circundaba la figura de la chica recargada en la ventana, llamando su atención; le  sedujo la serenidad, placidez y frescura de la obra.

¿Qué estaría pensando?, se preguntó…

—Tal vez está vertiendo en las olas del mar su nostalgia y recibiendo respuesta con las caricias de la brisa, oyó en su interior.

—¿¡Pepe!?, pronunció en voz alta… Algunas gentes a su alrededor, voltearon a verla, extrañadas y siseando el respeto al protocolo de silencio del museo.

—No tienes que hablar, exprésalo en tu mente, escuchó...

Mi querido Pepe, en los recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se han ido los días, semanas y  meses…✪  y así bogo hacia mi destino, sin renunciar a tú inefable memoria, en este oleaje taciturno y permanente de añoranza…


—Hola Roberto, ¿cómo va la ronda?

—Igual de aburrida, Juan. Las mismas esculturas y cuadros de los que me voy a jubilar pronto, y la vieja que diariamente se sienta a contemplar la pintura de Dalí: Muchacha en la ventana, desde hace varios años, sonriendo, asintiendo o negando y envolviendo suavemente a la figura frente a la ventana, en suspiros de sal* que resbalan sobre su rostro.


*Andrea Fisher

 ✪Mi escritura en tiempos del COVID

11 de diciembre de 202


 

 

 



    


lunes, 7 de diciembre de 2020

La habitación

 La habitación

 

 

Gárgamel

 

…el  terror me invade, paraliza y exprime hasta mojar la ropa. Grito e imploro la muerte cada noche, padre, cuando  aparece la imagen de mi amada Carla bañada en sangre, con el rostro desfigurado por la agresión, señalándome amenazante. Me repliego a la húmeda pared y escondo mi cara entre las piernas, hasta que desfalleciente suplico que dejen de golpearme en esta jaula compartida…