viernes, 23 de octubre de 2020
La última Bernarda Alba
domingo, 18 de octubre de 2020
El último deseo de Dorian
El último deseo de Dorian
Gárgamel
La mejor manera de librarse
de una tentación, es caer en ella.
Oscar Wilde
A los veinte años, Dorian se sabía hermoso, viril y atractivo. Hijo único de comerciantes prósperos, vivía un mundo de diversión, despilfarro, y vagabundeo. Al regreso de un viaje a África sintió fuertes dolores corporales y fiebre incontrolable. A pesar de la atención médica y hospitalaria, los facultativos no lograban su curación. Una noche, postrado en cama, con temperatura alta, sudoración excesiva y dolor de cabeza, escuchó una susurrante voz pronunciar palabras que llegaron a su oído en un vaho tibio y carente de emoción:
—“¿Ya vez qué frágil es la vida?... vives alimentando un enorme ego y la superficialidad existencial, no respetas normas y conductas de la sociedad; solo el hedonismo en el que subsistes, te alimenta… En el filo ondulante por el que caminas tendrás que definir tu destino, buscarás cual equilibrista que pendula bajo el cobijo de su pértiga, la estabilidad física y emocional con la que enfrentarás el futuro.
Sé que vivirás la transformación hacia la verdadera imagen que tu ser interior desea; las pasiones y disociaciones se irán reflejando conforme emerja la esencia oculta que te habita…”
Se restableció pronto ante la incredulidad de médicos y familiares. Consideró solo una pesadilla, el sueño pasado y siguió viviendo su inexorable forma de vida, aunque el espejo de su habitación le manifestaba día a día los cambios que sufría su aspecto físico.
Frente al revelador cristal admiraba su perfil rectilíneo, levantando la barbilla mientras cepillaba el terso cabello oscuro, refocilándose con las caricias suaves del cerdamen. La luz de la habitación proyectó la imagen del cuerpo moreno, de torso largo y glúteos firmes. Fijó satisfecho su mirada zarca en la figura mostrada, giró lentamente, admirándose y pensando: “…sigo viéndome bien”, sonrió. Terminó de vestirse, alineó las medias, ajustó la falda, se calzó las zapatillas de tacón alto y salió al mundo a disfrutar una noche más de lujuria, concupiscencia y libertinaje…
17 de octubre de 2020
sábado, 10 de octubre de 2020
AGUA DE VIDA Y MUERTE
jueves, 1 de octubre de 2020
Sombra de rencor
miércoles, 23 de septiembre de 2020
Daruma
Conseguir una diputación, era mi meta. Estaba dispuesto a utilizar cualquier recurso, viniera de
dónde viniera… Y confiaba en la magia de mi Daruma, un poderoso talismán nipón. De
estructura ovoide, una figura humana sin brazos, ni piernas, y ojos carentes de pupila, me
miraba fijamente en su sarcástica nebulosidad. Con la fé puesta en el fetiche, pinté un iris en su
ojo izquierdo, e hice mi petición. Al cumplirse el propósito, debería colorearse la pupila derecha.
Con la esperanza prendida al deseo lo empujaba diariamente y después de un bamboleo,
regresaba a su posición original.
El día de la elección, a la que llevamos acarreados, repartimos despensas, rellenamos
urnas, e hicimos todo para ganar, revisé la repisa y… ¡alarmado!, observé que se había
despintado el ojo del Daruma. Lo empujé con el dedo y… no se reincorporó…
domingo, 13 de septiembre de 2020
Sputnik V
Sputnik V
Gárgamel
Fastidiado de estar encerrado por temor a la epidemia del atroz virus, encendí el ordenador para escribir mis sentimientos y temores de los seis meses de enclaustramiento obligado. Comencé a navegar por las redes, buscando artículos que me sirvieran para fundamentar el relato. Con sorpresa vi que apareció un mensaje dónde solicitaban voluntarios para probar la vacuna rusa Sputnik V. Yo llenaba los requisitos: mayor de sesenta años, con hipertensión, diabetes, exceso de peso, y fumador consuetudinario… Me armé de valor, y pensando acabar de una vez por todas con la lapidaria carga que la naturaleza vengativa había mandado, llamé a la Embajada y solicité cita. La otorgaron a la 5:00 p.m.
Con tiempo suficiente, acoracé el rostro con careta y cubre bocas; cubrí las manos con guantes, y los pies, con botas de hule; el cuerpo, con una bata y gorra de enfermero; me rocié con desinfectante y partí caminando a la embajada rusa, procurando mantener en mi andar la distancia con los transeúntes. Las circunstancias —obstáculos diseñados por un ente malévolo— trataron de impedir mi avance: no había caminado ni tres cuadras, cuándo un ruido estrepitoso de tambores y gritos cubrió el entorno. Un grupo de feministas, embozadas, al grito de ¡Ni una más!, acompañadas de feroces activistas cuya cubierta impedía la entrada del virus, pero no la salida de invectivas procaces que sonrojaban hasta a los perros callejeros que las contemplaban con miradas de ausencia, me envolvió. Grité a todo pulmón, desde el interior de la cobertura:
—¡La sana distancia!... ¡la sana distancia, por favor!... Prediqué en el desierto, porque grafitearon mi bata: ¡violador!... ¡inútil!
La angustia engullía a tarascadas el tiempo restante para la cita, por lo que decidí tomar un taxi.
Con una sonrisa enarbolando un abundante bigote, me preguntó el conductor:
—¿A dónde?,
—A la Embajada Rusa, contesté. Con horror escuché un estruendoso estornudo, como contestación a mi indicación. Me hundí en el asiento y embadurné de gel desinfectante las manos y ropa.
Bajé corriendo del automóvil y enseñé la cita al empleado de recepción. La revisó con displicencia y devolvió el papel con un estentóreo: я опоздал (llegáste tarde).
Decepcionado regresé en el Metro, entre apretujones y hedores de usuarios con cubrebocas sosteniendo la papada. Nuevamente volví a cubrirme de gel desinfectante; al llegar a casa tomé un baño, y encendí el televisor para ver el informe del doctor Gatell. Me angustió el pensar que podría contribuir a incrementar la estadística.
Cinco días despúes de mi aventura… tengo fiebre…
11 de septiembre de 2020
Mi escritura en el tiempo del Corona virus
MI escritura en el tiempo del COVID
Gárgamel
En recuerdos teñidos por la bruma del tiempo, se fueron los días, semanas y meses, con el sentimiento de impotencia cargado sobre mis espaldas; el miedo, la desesperación y el hartazgo por un sorpresivo ataque a la humanidad de parte del enemigo invisible que no necesitó de armas para diezmarla, solo su presencia aniquiladora, invasiva y mortal. Enclaustrado en un entorno insustancial y apático, describí mi desesperanza…
lunes, 25 de mayo de 2020
Futbol y Hotel minificciones
lunes, 11 de mayo de 2020
Duda, incertidumbre, repudio o, negación
lunes, 4 de mayo de 2020
Expiación
lunes, 27 de abril de 2020
Amor eterno
lunes, 6 de abril de 2020
Esperanza
domingo, 29 de marzo de 2020
Culpa
miércoles, 25 de marzo de 2020
Solución final
domingo, 1 de marzo de 2020
El tío Rafa
cada aurora que apunta entre sonrojos,
dejan mi alma en el éxtasis sumida…
¡Nunca se cansan de mirar mis ojos
el perpetuo milagro de la vida!...**